03 mayo 2009 | By: Denebola

Un triste día de domingo

Abrió los ojos. Ya era de día, el sol entraba por las pequeñas rendijas que quedaban de la persiana de su habitación y le acariciaba la cara.
Llevaba ya mucho rato despierta, pero no quería abrir los ojos. No le gustaba ver la triste realidad nada más despertarse, pensaba que era mejor mentalizarse primero, asumir que le esperaba otro día de domingo largo, aburrido y en soledad. No le gustaba despertarse y no sentir ninguna presencia a su lado. No le gustaba abrir los ojos y no verle a su lado, dormido, o mirándola mientras se desperezaba.

Se levantó, calentó agua, y metió en la tostadora dos rebanadas de pan. Llenó aquella especie de nuez de metal con té, y la hundió en el agua hirviendo. Olía a menta. Té con menta.
El pan saltó en la tostadora y se preparó un sandwich.
Cogió su desayuno y se fue al comedor. Encendió la televisión, y se quedó sentada allí, mirando la televisión, sin verla.
¿Por qué se había preparado el desayuno, si no le apetecía? Lo dejó allí encima, y se tumbó en el sofá, tapada con la manta azul, mirando a través de la televisión.
Se acordaba de cómo la abrazaba cuando se tumbaba en el sofá con él. De sus caricias. De cómo le gustaba apoyarse sobre su pecho en lugar de sobre aquel estúpido almohadón. De cómo la miraba mientras se quedaba dormida.
Lo echaba de menos. Todo.
Odiaba no sentir su presencia a su alrededor, cerca suyo.
Ahora, sólo tenía un inmenso vacío y un sofá que la engulliría durante horas a lo largo de ese día. Un triste día de domingo. Como tantos otros...


Éste es mi regalo del Día de la Madre. Un relato. Felicidades a todas las mamás


La Ñeka.

2 comentarios:

Elros dijo...

:* desaparecida...

Espero que sólo sea un relato... nada que ver con la realidad

Denebola dijo...

Por alguna extraña razón, se imaginó cómo sería su vida si las cosas fueran diferentes, y le gustaba lo que veía...
Ni siquiera tenía fuerzas para sonreír. Sólo quedarse allí esperando a que pasara ese maldito día. Quizás al día siguiente la sensación de vacío se hiciera más tenue de lo que ahora era. Aunque sabía perfectamente que no iba a ser así...
Necesitaba un abrazo, ese abrazo tan fuerte que parecía que se iba a romper entre sus brazos.