10 febrero 2009 | By: Denebola

Querer y deber

Después de haber estado sintiendo el calor de sus besos durante largo rato, miraba sus ojos verdes, pequeños, pero expresivos. La miraban... Dibujaba sus labios con sus dedos. Tenían una forma peculiar que le encantaba...
Nadie le había besado así.
Estaba contra la pared, con sus manos rodeandole la cintura, atrayéndole contra él, pero a la vez distanciándole contra el frío yeso. Sentía cómo sus manos la acariciaban por la espalda, quizás como nadie lo había hecho.
Era la mezcla perfecta entre dominación y dulzura. Entre morbo y cariño.


- "Por favor, vete"- Sus ojos dejaban ver el asombro que causaban sus palabras, pero su gesto era el mismo- "Si te quedas, no podré irme". Tragó saliva. No quería, pero él se lo pedía. Tampoco la soltaba, ni dejaba de mirarla como lo hacía, con ese gesto de no querer despegarse de su cuerpo, leve, pero revelador. Y se lo pedía.


Si algo le gustaba de él era su mezcla entre frialdad y dulzura.
No quiso hacérselo más difícil.
Se zafó de entre sus brazos, giró el pomo de la puerta, y cruzó el umbral... Se lo había pedido, no quería, pero se lo había pedido... Tan pronto como lo hizo, sintió el ruido de la puerta cerrándose a sus espaldas, y el inequívoco clack del cerrojo... Cerró los ojos. Se paró unos segundos en el rellano. Bueno, se acabó. No es cuestión de que lo haya decidido él así, esque las cosas son así. Le habría gustado que fueran de otra forma, pero cada uno persigue su destino, sus metas. Quizás ella no fuera para él. Ni su meta, ni su destino...
Una lástima... Esos pensamientos ensombrecían su ánimo, pero no quería que el resto del mundo lo viera. Ya si eso, cuando llegase a casa, y su cuerpo y su mente le echasen demasiado de menos como para poder sentirle sin tenerle al lado, y que fuera demasiado tarde, podría echarse a llorar sin testigos.
Suspiró hondo y se encaminó hacia la ruta de siempre.


Cerró la puerta y cerró los ojos. Se apoyó contra ella y apoyó la cabeza contra la madera. Dió una vuelta al cerrojo casi inconscientemente. No quería arrepentirse de su decisión.
Joder, pero ya lo hacía. ¿Por qué coño la echaba tanto de menos? ¿Por qué cojones quería sentirla otra vez tan cerca? Abrió la puerta, pero ya no estaba.
Se arrepentía. No. No quería no tenerla cerca. No. Por alguna razón, lo tenía más que claro.
No tenía ni idea de por qué, pero la necesitaba cerca. No estaba en su rellano. Cerró la puerta. Fue hacia la mesa del comedor, cogió el móvil, marcó su número y esperó la señal...
Le rechazaba la llamada.
¿Por qué coño había sido tan gilipollas? ¿Por qué coño le había dicho que se fuera si en realidad no quería? Cogió las llaves y el abrigo, y bajó corriendo. Sabía dónde iba a estar. Donde siempre cogía el bus.
Sólo quería que el maldito bus no se la hubiera jugado y aún estuviera esperándolo... Y sino, iba a fundir el timbre de su puerta hasta que le abriera.
No iba a escaparse otra vez...
No podía permitirse ese lujo.


La Ñeka y la Luna llena.

5 comentarios:

Elros dijo...

Espero que no se escapase...

Denebola dijo...

El final está en sus manos, queridos...
Mis relaros nunca han sido cerrados.
Si alguien se atreve a continuarlos, adelante.

Denebola dijo...

relatos*

Elros dijo...

Sus relatos son de lo mejor del blog... Y Ya hay quien sigue tus relatos. No le vamos a quitar su puesto :)

Denebola dijo...

Nadie va a continuarlos, lo tengo más que claro.
Sin embargo, me gusta hacer volar la imaginación. Ya lo sabe.