14 mayo 2010 | By: Denebola

¿Palabras?

Había llegado allí por casualidad. Sí, era cierto, siempre acababa en el mismo lugar, pero nunca un día como aquél. Su amiga estaba hablando con alguien muy entretenidamente y ella no quería... "Molestar". Un amigo suyo se había acoplado a su compañía y la estaba exprimiendo como si fuera su último recurso para la supervivencia nocturna. Probablemente lo fuera.
Ni siquiera lo escuchaba. Una chica lo asediaba vilmente tratando de sonsacar algo más jugoso que una simple compañía, y ella no estaba por la labor de hacer de cabeza de turco ni mucho menos de falsa novia para salvarse el pellejo. No se lo merecía. Se había afincado en su parcela de barra, codo acomodado, y cómodamente sentada en un taburete, totalmente en su mundo, ida, muy lejos de allí.
Estaba tan harta de todo aquello...
Escuchaba palabras por todos los flancos que la asediaban, la música le atronaba, el lugar empezaba a empequeñecerse a su alrededor... Sintió un escalofrío. Era curioso, estar rodeada de tantísima gente, todas las caras familiares, pero... Se sentía sola. Tampoco era tan raro. Nadie quería escuchar, ni muchísimo menos entender lo que quería decir, lo que llevaba dentro. ¿Qué más daba gastar algo de saliva? Un gasto innecesario... ¿Para qué hacer un esfuerzo?
Cogió aire y respiró profundamente.
Le era totalmente indiferente lo que pasaba a su alrededor.
Acuñó sus dos codos en la barra y acomodó su barbilla entre sus manos entrelazadas. "¿Me pones otro tubo, por favor?" Era más una súplica que cualquier otra cosa. Desvió su mirada y vió unos ojos observándola. Unos ojos que ni por asomo imaginaba que estuvieran allí. Se quedó helada, por un momento, se quedó sin vida, sin respiración, si no hubiera escuchado los latidos de su corazón golpeándole en la sien, habría pensado que estaba muerta, inerte. No era así, ni mucho menos, la sangre le hervía dentro de su cuerpo, el corazón parecía que iba a estallarle, ni siquiera podía articular palabra, apenas podía moverse. No podía ser...
Quería correr hacia él y abrazarle, pero estaba totalmente paralizada. ¿Miedo? ¿Inseguridad?
Ni siquiera podía moverse... Si no se acercaba él, ella se sentía incapaz.
Estaba temblando. Sólo cuando sintió sus brazos por su cintura y su voz cerca de su oído, pudo reaccionar y tocarle, quería saber si era real, o sólo un sueño. Sonrió.
El calor de su cuerpo era el único que dejaba que estuviera tan cerca suyo. Su voz era la única que escuchaba. Y ya no hacía falta contar nada. Si de verdad alguien quería escucharla, no tenía que hacerlo, sólo con mirar su gesto, sabía lo que tenía que decir...

1 comentarios:

Elros dijo...

Empieza a darme miedo....