08 julio 2009 | By: Denebola

Todo cambia, nada permanece... Creo

Esta mañana me he levantado muy vaga. Tanto, que no tenía gana alguna de cocinar, pero al abrir mi frigorífico, me he dado cuenta de que, aunque hubiera tenido ganas, tampoco habría podido. Ni siquiera me quedaba tabaco...
La coyuntura me ha obligado a salir.
Y ya que estaba fuera de casa, se me ha antojado darme una vuelta por mi antiguo colegio. No está muy lejos de mi casa, apenas 15 minutos andando, pero suele estar a desmano de mi ruta habitual.
Es realmente un edificio bonito.
Ahora no hay clases, es verano, y los críos están en la piscina, en la playa, o váyanse ustedes a saber. Cualquier sitio es mejor que el cole cuando estás estudiando. Había algunos críos jugando a fútbol y unas chicas jugando a baloncesto.

Aún recuerdo cuando pisé ese patio por primera vez... Y cómo me liaron para inscribirme en el equipo de fútbol femenino en COU, de lo cual he de decir que éramos malísimas y que, si nos venían a ver los de clase, era por vernos en pantalón corto... Aunque, sinceramente, me sorprendió el hecho de ser diestra y jugar excepcionalmente bien por la banda izquierda (jamás volveré a jugar de portera... Fue un suplicio para mí, y para todas mis compañeras).

Me ha dejado un poco triste ver cómo habían cambiado las cosas, de cómo mis recuerdos se habían transformado.

Siempre me acordaré de mi primer examen de dibujo con el pigmeo, un desastre, me sobraba la escuadra, el cartabón, el compás, la calculadora, el rotring, y los folios se me arremolinaban en la mesa. No entendía cómo pretendían que nos organizásemos con semejante arsenal en un menos de un metro cuadrado (aunque luego, más adelante, en la facultad, descubriría que se pueden hacer virguerías en una mesa de 40 x 20...). Me puse histérica, se me caía todo y me entraron ganas de hacer la bestia parda, gritar y romper el jodido examen. Salí decepcionadísima a las 9 de la noche de aquel examen infernal con varios compañeros, y nos fuimos a la Viuda a tomar algo, a poner a parir al pigmeo y, en definitiva, a desahogarnos.

La Viuda, una cafetería peculiar. En la calle de detrás, sitio perfecto para los que hacían pirola para que no les pillasen los profes, decorado como una casa antigua, de madera, con las mismas sillas que tenía mi abuela en el pueblo perfectamente restauradas, las mesas de mármol, y cada semana, una exposición de cuadros diferente en sus paredes... Era un sitio peculiar, acogedor. Aún recuerdo cuando me quejé del examen y Pedro, un hippie más canijo que yo, con su par de rastas, su petardo en la mano, me soltó: "A ver, ¿te cuelga algo entre las piernas?", yo me lo quedé mirando con cara de ¿tú eres idiota o qué?, me miré la entrepierna, y le contesté, "¿De verdad te tengo que contestar a eso?". "Entonces no tienes por qué preocuparte. Sois 5 chicas en clase de dibujo, y tú eres incluso lista... No es que hayas aprobado, esque encima el muy cabrón te habrá puesto nota... Los que estamos jodidos somos nosotros". Y sí, tenía razón...
Y ahora ya, la Viuda ya ni existe.

Igual que los recreativos de enfrente del colegio, donde quedábamos todos los viernes a las 7 de la tarde para echar unos futbolines (yo prefería jugar al Street Fighter, pero si había que jugar, se jugaba) antes de ir a aquél bar de abuelos que no recuerdo ni su nombre a jugar a la Oca borracha con los litros de calimocho primero, y de lo que se terciara después... Ahora tiene colgado el letrero de "Se alquila local".

El único que sobrevive es el Europeo. La cafetería de los profes. Cuando alguno quería tener una conversación a solas con alguien, allí íbamos. Los profes no se metían en nuestras cosas, y los demás no iban a darte mal allí. Millones de cotilleos, de "¿Quieres salir conmigo?", y secretitos varios habrán escuchado esas paredes que antes eran las de una cafetería normal y corriente, con sus sillas de aluminio y plástico entretejido, y las mesas metálicas como las de cualquier cafetería. Y ahora es una cafetería-pub superchic, de paredes forradas de metacrilato de colores, sillas de plástico de colorines y mesas incomodísimas, antro de pijos y gafapastas...

Han pasado 12 años, y mis recuerdos ya sólo puedo verlos en mi mente.
Me ha entristecido.
Supongo... Que me hago mayor.
La Ñeka

1 comentarios:

Elros dijo...

Se hace mayor... Y eso es un lujo que tenemos...

Usted es la positiva de nosotros dos... Debería alegrarse de que las cosas no sigan igual... Significa que han cambiado.. y tu tb supongo...

A ver que me dice piro...