04 enero 2009 | By: Denebola

Barrotes de aire

Era de noche. Me dolía la espalda, los hombros, habría matado por un masaje y no podía dormir. La puerta de la habitación estaba cerrada, así que, a oscuras, con esa intuición que te da haber estado con los ojos abiertos durante varias horas en la oscuridad, abrí a tientas el bolso y atrapé el paquete de tabaco. Con mucho cuidado de no hacer ruido, abrí la ventana y me encendí el cigarro...
El humo de ese cigarro sabía a la poca libertad que podría saborear durante varios días. Y qué bien sabía...
Por un momento, estuve tentada de coger las llaves y escaparme en silencio. Pero no podía, me había dejado mis llaves.
Una verdadera lástima, la azotea habría sido la mejor opción. Tendría que contentarme únicamente con la luna... Quizás en algún lugar del mundo también hubiera alguien mirándola...
Con cada bocanada de humo del tabaco, se iba consumiendo mi preciada libertad. Menos mal que cada paquete trae 20 cigarros. Cogí otro.
Era extraño, aquella habitación, mi único rincón, ya no era mío. Los libros de mi madre, las fotos de mi padre, la ropa de mi hermana dentro del armario... La misma historia con mi escritorio. Esta mañana se me había caído el alma al suelo al encontrarme en mis cajones con mil y una historias que no tenía ni idea de qué eran, lo único que tenía claro era que no eran mías... Mis únicas pertenencias estaban dentro de una pequeña maleta y mi bolso. Ni siquiera había querido sacarlas. Tampoco tenía sitio donde dejarlas. Y formo parte de este hogar... Pero ya no es mío.
Me falta ese pequeño espacio vital que necesito para mí, esa pequeña burbuja en la que tener las pocas cosas que tengo, ese espacio que todos respetan porque es tuyo. No importa si son unas pocas baldas de un armario y una cama compartidos con alguien, no importa si es pequeño o grande, no importa si es una casa o apenas unos metros compartidos... Pero ahora no tengo nada. Nada.
Quizás mi concepto de libertad es demasiado estricto, o quizás lo necesito demasiado. Pero para mí es vital. Ahora me siento como en una pequeña cárcel invisible, donde los únicos barrotes son las ansias por tenerme demasiado atada aquí de ciertas personas a las que quiero y que quizás sus opiniones las tengo demasiado presentes a la hora de tomar cualquier decisión. Quizás el mejor consejo que pudo darme mi padre en estos últimos años ha sido "Sé tú misma, escucha las opiniones de los demás, pero toma tus propias decisiones. Tú tienes que ser tú".
Es difícil ser una misma cuando tratan de retenerte en un sitio donde siento que me voy haciendo pequeña y apagándome...
Sólo serán unos días, me repetí a mi misma mientras cerraba la ventana y volvía a meterme en la cama. Pero esta dinámica se repite y ya no puedo continuar así, sintiendo cómo me ahogo en un sitio que cada día se me hace más extraño y menos mío. Y necesito un par de alas para mi libertad.
"El hombre es un lobo para el hombre"
La Ñeka no suele hablar de sí misma en los relatos. Siempre hay una excepción.

3 comentarios:

Peledhir dijo...

Cagontó... Más o menos te entiendo, pasé por algo parecido...

Ser uno mismo es imposible si no tienes un rincón donde empezar

Denebola dijo...

Un rincón... Un rincón aparte ;)

Peledhir dijo...

Quizás sepas porque se llama así.. XDDD