18 septiembre 2007 | By: Denebola

Salir de compras

Este fin de semana he tenido tiempo para todo, apenas he dormido, y entre cañas y vinos, pinchos y tostas he salido de compras.

Seguro que los que me conocen mínimamente estarán con la boca abierta y los ojos como platos, es normal, si hay algo que no me gusta nada es ir de compras, sobre todo si es a comprar ropa.

El viernes por la noche llevaba una caraja descomunal, sin ir más lejos creo que estuve balbuceando en alemán, hice un graffiti e imité a una cucaracha en la plaza mayor de una importante capital española, pero eso es otra historia. En esa aciaga noche llena de estupideces –y las que no recuerdo- cometí el mayor error en el que un hombre puede caer, con la amistad exaltada hasta límites insospechados, haciéndome el dandy o yo no sé en qué rábanos estaba pensando prometí salir de compras con dos amigas. Estaba condenado, me había puesto la soga al cuello. Soy un hombre de palabra y aunque totalmente arrepentido por la, permítanme la licencia, descomunal cagada, tuve que apechugar con ello como hombre de honor que soy.

Así que allí estaba, con la cara del corderito que sabe que llevan al matadero, consciente de que iba a pasar una de las peores tardes que un hombre puede soportar, eso unido a que me iba a perder el partido de España contra Grecia. Imaginaba los cánticos, los aplausos y los ríos de cerveza que correrían mientras yo hacía de hombre-percha en bershkas, zaras y tiendas de popis gafapastas.

Llegamos a la primera tienda, genial, un bershka, no hay ropa para mi, así que ni siquiera puedo hacer una roullette a lo Zidane y zafarme de mis dos captoras. Opto por la clásica táctica de mamá pato, es decir, ir detrás de las dos hembras a escasos 20 centímetros de ellas para no perderme entre la maraña de jennys que pueblan este tipo de establecimientos.

Agobiado y agobiando a mis dos compañeras por tener a un tío constantemente detrás soplándoles en la nuca y refunfuñando deciden meterse en los probadores, lo peor estaba por venir, con una habilidad propia de Houdini, se deshacen de sus bolsos, chaquetas y demás objetos y los cuelgan sobre mi deprimido cuerpo. Parecía un árbol de navidad, un bolso en cada hombro, una chaqueta en cada antebrazo y plantado en el pasillo de los probadores esperando a que saliesen.

Momentos de aburrimiento, y de sufrimiento. Te encuentras en el pasillo, rodeado por mujeres desnudas de las que sólo te separa una leve cortina, ¿qué haces? Mirar al techo, sólo puedes mirar al techo, no quieres parecer un degenerado mirando hacia cualquier otro lugar, por lo que miras al techo, sólo puedes hacer eso, mirar al techo, completamente inmóvil, con los bolsos, los brazos en ángulo de 45º sujetando los abrigos y la cabeza inclinada hacia el techo. Todo un cuadro.

De pronto salen de los probadores y te preguntan:

- “¿Cómo lo ves? ¿Te gusta?”
- “Si, genial, perfecto”

Le puede quedar como a un santo dos pistolas, estar más hortera que un cerdo con un diente de oro o ser más estrambótica e hiriente a la vista que Paco Clavel, pero tú quieres salir de allí cuanto antes, te olvidas de la amistad, de tu honor, de la sinceridad y te conviertes en un ser egoísta, tu único objetivo es abandonar esa zona de tortura y si para ello hay que mentir vilmente se hace, todo sea por salvar la integridad psíquica y física, sí, digo bien, también física, porque más que mujeres, lo que hay en las tiendas de ropa son auténticos defenders de fútbol americano, te coloques donde te coloques siempre llega alguna que con un golpe de cadera o de hombro te desplaza varios metros más lejos de donde estabas, eres un muñeco de pimpampum rebotando de un lugar a otro.

Consigues salir a la calle, aire puro, caminas un metro por delante de ellas y cuando te quieres dar cuenta estás solo, miras a tu izquierda y a tu derecha y no las ves, las han abducido, piensas, pero no, están pegadas a un escaparate como los muñecos de ventosas que colocan los horteras en los cristales traseros de los coches.

La traca llega cuando te quieren “vestir”, no lo soporto y además me pongo de mala leche, puedo llegar a ser incluso peligroso. Llegamos a una tienda, y cuando yo ya he visto la tienda por completo, ellas están en la primera percha.

- “Pues esto te quedaría genial”
- “Me gustaría verte con estos pantalones…”

No señoras, hasta aquí hemos llegado. Y recogiendo la poca dignidad que me quedaba esa tarde, marché al bar con el resto de machos alfa a ver el baloncesto.

Pirómano

3 comentarios:

Denebola dijo...

Yo a usted le prometo que conmigo de compras no se aburriría... 8)
Básicamente porque después de pasar rápidamente por la primera tienda para ver si hay algo que me gusta o no, me iría al bar más próximo a tomarme la primera cerveza ;)
Odio ir de compras. Sí, lo odio. Y sí, soy muy mujer, ¿qué pasa? No tienen por qué ser términos paralelos ser mujer y gustarte ir de compras.

Peledhir dijo...

Creo que te probaste esos pantalones y algunos mas... mientes

El coco dijo...

Como bien dice aquí la codiosa... No hace honor al nombre de mujer el paralelismo que se le da con ir de compras. Por Fary bendito, lo que hay que oir..