18 diciembre 2007 | By: Denebola

¡Oh!, blanca Navidad. Sueño...

Dió unas cuantas vueltas a la base de la cafetera y la encajó. Encendió el fuego con un movimiento hábil para no quemarse con la llama del gas, y la dejó encima.
Se sentó en una de las sillas que ocupaban el poco espacio libre que había en su cocina, aún con el albornoz puesto, la piel húmeda de la ducha y ese olor a limpio. Acercó las manos al radiador para no destemplarse por el frío, y se quedó con la mirada perdida, aún medio dormida.
El sonido del café burbujeando en la cafetera la trajo de repente de las tinieblas y se acercó a apagar el fuego. Cogió una taza, su taza azul, vació la pequeña cafetera en el recipiente y añadió algo de leche, no mucha, necesitaba despejarse por la mañana.

Allí sentada, con una mano rodeando la taza para templar sus fríos dedos, su mente empezaba a funcionar.
Apartó un poco la cortina para ver la calle. Aún era de noche. Algún coche pasaba tímidamente por su calle, y de vez en cuando se veía pasar a alguien, tapado hasta el extremo, encogido por el frío, apresurándose por llegar donde quiera que fuera. Pero no había mucha vida a esas horas en la calle, era más bien un paisaje muerto, casi triste, helado por la nieve, con las típicas lucecitas de las fiestas de Navidad, aún encendidas.

Ya de por sí no le gustaban esas fechas, se estaba mentalizando para tomarse las Navidades como unas vacaciones más, pero era inevitable ver a la gente alrededor, comprando regalos, planeando las típicas comidas en familia, los villancicos, las felicitaciones...
No era el hecho de pasar las Navidades sola, no era la primera vez.
Era el hecho de encontrarse perdida, de levantarse todas las mañanas con la sensación de no saber a qué le conducía su vida y tener el oscuro presentimiento de estar caminando por el sendero equivocado, de intuir que había algo en todo lo que le rodeaba que no funcionaba, de que algo en todo su mundo no encajaba, de mirar hacia fuera y no encontrar una razón por la que sonreír sin más.
Y ver esa felicidad que rodea las Navidades, ese afán por mostrar al mundo la cara benévola, aún acentuaban más esa sensación frustrante, la impotencia era mayor, y los días un poco más grises, melancólicamente grises.

Mientras escuchaba algo en su mp3, en el autobús abarrotado de gente que le conducía al infierno de la rutina de todos los días, decició que ese 25 de Diciembre lo iba a celebrar con una buena botella de Moët & Chandon... Y se iría a la cama. Es lo bueno de estar sola, no tienes por qué compartir...

Dedicado a todos los que pasarán las Navidades solos.
Una Moët & Chandon por ellos.

3 comentarios:

Pirómano dijo...

Hace poco, tan solo unos pocos días, alguien me dijo:

- "La mayor de las soledades es encontrarse rodeado de gente feliz y lejos de la persona que quieres."

No es una gran frase, pero al menos para mi, encierra un enorme significado.

Disfruten de lo que tienen, aunque falte algo o alguien, seguro que tienen muchos motivos por los que sonreir.

Me estoy dando asco.

el coco dijo...

Para mí sí es una gran frase, será que estoy pastelosa.
Motivos para sonreir los hay siempre, puede ser que sea una sonrisa llamémosla plena, o una sonrisa no plena, pero sonreir, a veces, es inevitable. Y sino, qué triste. Está claro que si no se tiene todo lo que se podría querer/necesitar, no es lo mismo, pero precisamente por eso, cuando sonríes si lo tienes en ese momento, es con muchísima más intensidad, sentimiento y demás.

Yo ahora no estoy inspirada, que me tengo que poner a estudiar.

Un saludito.

P.D: Mi mami no sólo toma moët&chandon en navidad..y no sola, así que, no encaja, jajaj

Peledhir dijo...

como dijo mi hippy malagueña.. Se puede estar rodeado de gente y sentirte totalmente solo...

Na., es que la frase es bonita.

Y sí.. siempre hay algo por lo que sonreír. Con mis "despertares".... no puedo empezar mal el día :p