03 noviembre 2010 | By: Denebola

Veneno

Aún no lo comprendía... No podía entender cómo una persona por la cual puedes sentir cierto cariño, aprecio o incluso llegar a quererla, se podía transformar en una víbora de semejante calibre. No sólo porque se sintiera ingénua, en realidad, creía que el cariño era mútuo, al menos hasta cierto punto y hasta cierto momento. En realidad creía que algo lo quebró... Aunque no había motivo alguno para que aquello se truncase. Lo que realmente no entendía era cómo alguien podía estar calificándola de "mejor amiga" cuando estaba recibiendo puñaladas en su espalda sin piedad. Aquello tenía un nombre: hipocresía. Y no lo soportaba.
Y ahí la tenía, en frente suyo, sentada en aquel sillón de mimbre en la terraza tranquila de ese bar pijo al que le había llevado y en el que rebeldemente se había pedido una cerveza, con su granizado, o lo que fuera aquello, lanzándole los dardos más venenosos que había recibido en su puñetera vida.
Sí, las palabras dolían, y mucho. Ya no sólo por lo que a ella le concernía, sino porque para conseguir lo que quería, no le importaba pisar cualquier cosa, incluso personas que aparentemente le importaban, incluso lo que quería conseguir, que supuestamente era lo que más quería. Y también porque, por su tono y por su mal disimulada compostura, debía de pensar que era retrasada mental. Si creía que no se daba cuenta de lo que pretendía, estaba muy equivocada, porque se le veía llegar a kilómetros.
Le asqueaba su virulencia camuflada bajo esa falsa piel de inocente cordero, no sólo por la hipocresía, sino porque estaba segura de que a más de una persona tendría engañada con su carácter meloso, seductor y tierno.
Tenía enfrente a una jodida víbora.
Y le habría gustado decirle lo que pensaba con su habitual sarcasmo y haberla dejado a la altura del barro, por supuesto. Incluso cruzarle la cara, porque lo que salía de sus labios no la atacaba directamente a ella, y eso era algo que odiaba a conciencia, pero no podía negar algo de lo que no estaba segura, y aquella mala pécora era sibilina y venenosa, incluso le había hecho dudar. De hecho, no quería saber si aquellas palabras eran ciertas o no. A fin de cuentas, ya sabía lo que tenía que saber, no le hacía falta más, pero de sus labios salían las palabras justas para minar su confianza.
¿Así que se trataba de jugar?
Muy bien. Jugaría. Y si ella estaba esperando que saltara su carácter visceral y ver algún signo de descomposición en su cara, no iba a darle ese gran placer.
Sí, estaba tragando bilis.
Sí, le quemaba por dentro todas y cada una de sus palabras.
Sí, su ánimo estaba por los suelos.
Pero no iba a dejárselo ver. Sólo eso era ya un triunfo para ella, y el orgullo le podía.
La experiencia es un grado, y no era la única mala pécora con la que se había cruzado, ya sabía que sus palabras podían ser sólo burdas mentiras, y mientras se tragaba su propio veneno escuchándola, también cogía las fuerzas suficientes para no reaccionar y poder sonreírle tan falsamente como ella lo estaba haciendo. Aunque aquella actitud no fuera con ella, ni pudiera contenerse, ni le gustase en absoluto.
No iba a darle esa satisfacción, no iba a verla sonreír sabedora del trinfo de haber sembrado cizaña. No.
Su yugular latía con fuerza conteniendo sus impulsos asesinos, era cierto, pero a veces luchar por algo significa no hacer nada. Hay veces que es mejor callar y quedar como una señora. El tiempo pone a cada uno en su sitio, y en frente tenía a esa clase de persona a la que el tiempo le hace tragar su propio veneno sin siquiera mover un dedo. Siempre se sabe la verdad. Siempre. Y ella tenía la conciencia muy tranquila, cosa que no podría decir la persona que le atacaba ambiguamente desde la silla de en frente.
Evidentemente, la sangre le hervía por dentro al ver cómo ella disfrutaba con la situación, pero cuando una está segura de que puede confiar en lo que tiene entre manos, es mejor no hacer nada y sonreír.
Le costaba. Y mucho. Pero pensaba en la situación dentro de un tiempo y aquel personaje no estaba en la misma situación manipuladora e hipócrita en la que estaba ahora.
Ya le llegaría su momento... Y ella estaría allí para mirarla desde arriba.



A todo aquel que ha tratado
de hacerme daño.
Hombre o mujer.

4 comentarios:

Elros dijo...

Color morado caca si fondo oscuro es!

A ver si con el estilo Yoda...

Denebola dijo...

A ver si lo entiende: escribo como me sale de los cojones.

A ver si con el estilo Fear...

Elros dijo...

Para usar ese estilo, póngase boina

Denebola dijo...

Se lo dejo a usted, a los Playmobil les sienta mejor.
Yo prefiero un buen escote.