15 agosto 2008 | By: Denebola

Amsterdam: tierra de porros, feos y horteras

Este veranito pude escaparme una semana de vacaciones. La mayoría de los que me rodean habrían elegido un sitio de playa. Yo no, mi intención era irme lejos, así que, lo que empezó como una tontería, se convirtió en un hecho.

El mismo viernes después de trabajar, hice la maleta, salí a cenar con Diana Ross, y nos fuimos a cenar maleta en mano.

El viaje a Barajas incluso se me hizo corto: teníamos un concierto del tuno solitario in the night (lo que viene siendo una vara metálica suelta que sonaba como si se hubieran dejado una pandereta sobre una lavadora en marcha), nos invitaron a café y croissant, y dormimos como pudimos en los incómodos y estrechos asientos.

Con lo cual, nos plantamos en la Terminal 4 de Barajas 4 horas antes de que saliera el avión. Me acordé de las palabras de alguien cuando me dijo, literalmente que la Terminal 4 estaba "a tomar por culo". Y qué razón tenía. Nos costó un cuarto de hora, y creo que me quedo corta, llegar a la terminal desde la que salía nuestro avión. Tras recorrer el laberíntico Barajas, nos plantamos por allí, muertas de sueño, arrastrando la dichosa maleta, faltas de nicotina y cafeína, y con varias horas por delante sin un sitio medio decente donde echar el cuerpo. Pero una luz nos iluminó: una pecera en la única cafetería que había abierta a las 5 de la mañana donde se podía fumar... ¡Y con sofás! Tiempo nos faltó para adueñarnos de uno.

Cuando por fin pudimos meternos en el avión, retraso incluído, parecíamos más muertas que vivas, teniendo en cuenta que apenas habíamos dormido un par de horas esa noche, la cara de fantasma de la ópera que lucía aquí servidora, era lo menos que podía pasarme.

Y por fin llegamos a Amsterdam.

Después de descubrir que los cercanías de Renfe son una maravilla al lado de las tartanas que tienen por allí, puse un pie en la Central Station y para mi sorpresa, descubrí que Amsterdam no olía a marihuana, tal y como me habían advertido. Huele a... A nada. Sin embargo, si que descubrí que los grajos en esa ciudad te acosan sin piedad, causa de su estado de salvajismo, y que son feos, pero feos con avaricia (¿alguien ha visto alguna vez un cuervo de pico negro y ojos azules? Yo sí, era holandés... Allí todo tiene los ojos azules, hasta los grajos).

Y no hace falta que les diga que ese día habría vendido mi reino por una cama con ruedas que me llevara de tour por la ciudad, porque lo de dormir 2 horas cuando eres una marmota andante, no se lleva nada bien, nada bien. Pero si quieren que les diga la verdad, admirando el nivel de hippismo que tiene la gente en esa ciudad, se me pasó el día sin darme cuenta. ¿Alguna vez han visto por la calle a alguien paseando con una maceta en la cabeza? ¿O una negra con el pelo como una fregona que ha metido los dedos en el enchufe? Y además debo añadir, que aprendí a apreciar... ¿Qué digo?, ¿apreciar? No, no, ¡¡Adorar!! al macho ibérico, porque los holandeses son los hombres más feos sobre la faz de la tierra. Y si sólo fuera eso, pues con quitarme las gafas se solucionaría rápido, porque hay feos y feos: hay feos con estilo, carácter y gracia, y feos desgraciados y sosos, y los holandeses son los del segundo tipo, sólo que además te los cruzas por la calle y se te quedan mirando como diciendo "Ey, nena, ¿a que estoy tremendo?". No sabía si llorar o reirme.

Eso sí, cuando te encontrabas a uno majo, sólo podía caerte bien: me encantaba que me llamaran Lady o Miss. Claro, que si llegan a saber que somos españolas, dudo mucho que nos hubieran calificado de ese modo, ya que, viendo la final Nadal - Federer, pudimos comprobar que mucho aprecio a los españoles, no es que nos tengan. Una suerte tener un buen inglés y que nos tomaran por italianas...

La cerveza, buena, siendo la ciudad de Heineken, no podía ser de otro modo, aunque me gustaba más las cervezas belgas que no las conocía ni su padre. Lo más curioso de todo era que te las sirvieran sobre una mesa cona alfombra a modo de mantel, porque allí, lo de los manteles, como que no estilaba. ¿Para qué usar mantel si las alfombras tienen mucho más glamour? Igual que las cortinas, que no deben tener muy claro para qué sirven y no usan de eso, lo cual te permitía ver que, además de no tener sentido del ridículo vistiendo, tampoco lo tenían a la hora de decorar sus casas.

Sin embargo, he de decir que a la hora de comer, se cuidan: si no tienen hambre, ni se les ocurra pedir un sandwich en Amsterdam. El mítico sandwich de pan bimbo raquítico debe ser invención de algún catalán, porque allí el pan (rico-rico) de bimbo nada, y lo que lleve el sandwich, cualquier cosa menos escaso. Así entiendes por qué están como cepos y no caben por las puertas.

Y el detallito de la galleta con el café, sin excepción, estoy pensando en importarlo a España...

También he de decir que vi poco el sol: más bien me regué bastante (pero no, no crecí), con lo cual, acabé vistiendo tan horrenda como ellos. Total, mi ropa iba a acabar empapada y llena de barro al final del día, no se verían los colores.

Les hablaría del mercado de las flores, lleno de tulipanes, de las creppes a modo de pizza que se metían entre pecho y espalda, de la sopa de tomate en pleno julio, del Barrio Rojo y sus escaparates (y cómo se nos insinuó un puto), de los Coffeeshops (Mmmmmm... Qué bien se duerme), del encanto de ir por la calle al lado de un canal y ver cómo se montan las fiestas en barcas los días que no llueve, de cómo una bici puede arrollarte (son asesinas), de cómo a las 6 de la tarde no hay nada abierto, de que los holandeses no saben divertirse y cierran todos los bares a la 1 de la mañana, del momentazo de meternos en un bar porque caían chuzos de punta y descubrimos que era un bar de gays y que cantabamos más allí dentro que una moneda de céntimo en la Rambla de Cataluña, de que se me olvidaba que tenía que fumar (tabaco)...

Pero I love Spain, voy a salir hasta las 10 de la mañana, a ponerme de tapas hasta las cejas.

Ya les comentará la segunda parte Diana Ross y las SusPrimas.


La Ñeka ha hablado.

2 comentarios:

Peledhir dijo...

:/ pensé que ibas a ponerlo todo en un post coño.

Yo me he quedado con las ganas de más

Anónimo dijo...

Puede ser que los holandeses sean feos, pero las holandesas suelen tener un cuerpo de escándalo, con el añadido que son rubias (más que nada al ser de sexo masculino y hetero cuándo fui a Holanda no me fijé mucho en los hombres)ahora bien, si tengo que comparar Holandeses en general con Daneses y Suecos, me quedo con los últimos. Hay que decir también que en Ámsterdam hay más gente "no holandesa" que holandesa, no pasa así en el resto del país... Ámsterdam es una ciudad bonita atrapada en un grave problema de identidad, el centro histórica se a prostituido totalmente y lo reinan tiendas de chinos, comida barata y cutrismo. Una pena, porque podría ser una perla de ciudad a la altura casi de Londres o París, pero tiene demasiados contras que no ayudan a definir una identidad propia y un atractivo suficiente.