10 marzo 2010 | By: Denebola

Amanece, que no es poco

Las 7 de la mañana y mi móvil empieza a sonar con esa melodía que me taladra todas las mañanas. El sol entra ya en la casa desde el comedor.
Pongo el café en la vitro y me quedo sentada en la mesa de la cocina. Aún no he aterrizado en el mundo de los vivos. Copón, qué frío hace aún... Creo que hasta me he quedado dormida en la cocina, sentada, pero no me gusta dejar nada en el fuego. Me ha debido despertar el olor a café, intenso, fuerte, y el ruido de la cafetera.
Ahora sí. Si no me despierta una ducha, no lo hará nada. Abro la mampara y dejo correr un poco el agua mientras busco el albornoz; sí, el albornoz morado. Dios, está hecho unos zorros, debería tirarlo de una maldita vez... Pero no quiero. Me gusta, está suavecito, y es más largo de lo habitual. El otro raspa y es más corto, siento frío en las piernas mojadas cuando me lo pongo después de la ducha. Ya lo tiraré...
Cojo el gel y me meto debajo de la ducha. Aún siento fría el agua. No lo está, pero estoy aún destemplada y tengo frío. Más caliente, necesito calor. Sale vapor caliente por encima de los cristales, pero sigo teniendo frío. Vampirizo el calor de todo lo que me rodea. Madrugar me sienta mal, muy mal, me cuesta arrancar motores una barbaridad, y estar sola no me ayuda, pero, como bien dicen, más vale estar sola que mal acompañada...
Me envuelvo en el albornoz, sigo teniendo frío, aunque la cabina de la ducha parezca una sauna. Salgo de allí y la diferencia de temperatura me mata y empiezo a temblar. Me hago un ovillo y me acurruco abrazando la tela rizada del albornoz hasta que empiezo a entrar en calor. Aún huele a café toda la casa. Me encanta...
Me pongo la ropa de hacer deporte. Ahora no voy a salir, aún hace mucho frío, pero más tarde sí. Bendita sudadera de los Cowboys, gran acierto el de mi padre al traérmela de NY, es probablemente la prenda que más me abriga.
Ayer compré una especie de mininapolitanas de chocolate. ¿Estarán aún comestibles? Oh, Dios, sí, están de vicio... Cafeína, necesito cafeína. Cojo un vaso largo y me echo la mitad del café. Aún humea. Disuelvo el azúcar y le echo un par de hielos. No me gusta el café caliente, y ya no necesito entrar en calor.
Voy hacia el comedor y enciendo la tele, me gusta tener ruido de fondo, y a estas horas no es demasiado probable que a mis vecinos les entusiasme escuchar la música que me gustaría poner. Me acerco a la ventana, el mundo se ha despertado ya y ha empezado a rodar. Mi vecino se ha puesto el casco y se va en su BMW. La panadera le está dando palique a su distribuidor, malditas ganas de estar a la intemperie matutina dando conversación, el pobre hombre debe quererla asesinar...
No me disgusta la vida que llevo, pero tampoco es lo que quiero, aún estoy a mitad de camino.
Por un momento, me pregunto cómo serían las cosas ahora si en el pasado hubiera actuado de forma diferente. ¿Serían mejor o peor? Creo que sencillamente serían distintas. Lo que sí sé a ciencia cierta es que, si volviera atrás, volvería a actuar del mismo modo, porque si no lo hiciera, dejaría de ser yo.
Se acaba el café y yo sigo teniendo sueño.
Miro las enormes carpetas y los libros en la mesa del comedor, y me voy a por otro café; no aguantaré a buen ritmo si no me espabilo.
Aún no comprendo cómo puedo estar haciendo esto, cómo puedo levantarme día a día y empapar tanta información en mi cerebro. Sinceramente, pensaba que era incapaz, y más después de la Econometría. No pensaba que me quedasen fuerzas ni neuronas, y muchísimo menos, ánimos ni fuerza de voluntad. Estoy llevando a cabo un esfuerzo que para mí es sobrehumano sin apenas despeinarme. Quizás sea porque no he mirado muy bien dónde acaba el horizonte temporal ni la extensión de todo el papel que se extiende sobre mi mesa; si lo hiciera, quizás me habría desesperanzado. Mi sistema de metas cortas parece que funciona. Por lo menos me funciona a mí, y con eso es suficiente.
Las 8... Es hora de ponerse. El mundo ya ha empezado a rodar y ahora me toca a mí.
Amanece un nuevo día, y aunque parece que es otro día igual que el anterior, ayer conseguí escalar un poco más, y cuando termine este día, habré escalado otro peldaño. Un poquito más cerca del objetivo... Aunque mañana vuelva a levantarme sin saber por dónde piso, y a tener frío hasta que salga de la ducha.
Ya llegará el día en que las cosas sean distintas. No tengo prisa.

1 comentarios:

Elros dijo...

Yo veo amanecer... Y ya es mucho... Entre verlo de una forma o de otra... Jum...