25 octubre 2008 | By: Denebola

El Ángel de la Oscuridad - Capítulo N: "ÉL"

Había llegado y había buscado su presencia sin éxito. Tenía tantas ganas de volver a ver su figura aparecer por aquel antro que le había decepcionado no encontrarle allí, pero, como siempre, hizo gala de su frialdad y no dejó que los demás vieran reflejada en su pálida cara la decepción.

Se acercó a la barra sigilosa y lentamente, como siempre, y esperó a que aquel engendro al cual, sorprendentemente, admiraba, le pusiera su bloody mary en un vaso que desmerecía todo el sabor que podía degustar, como siempre, para acercarse al gentío y perderse entre ellos. Le gustaba pasar desapercibida. Le gustaba perderse de ciertas miradas entre la gente, las sentía, aunque sabía que seguían pendientes de todos y cada uno de sus movimientos. No le gustaban en absoluto los sentimientos que escondían algunas de esas miradas; en concreto, dos. Pero estaba contenta, el hecho de saber que en cualquier momento podía aparecer allí, hacía de la espera un tormento delicioso.
Cerró los ojos y se dejó llevar por la música mientras se preguntaba qué pasaría cuando llegase, porque, a pesar de no saber lo que le rondaría por la cabeza, sabía que algo tenía intención de hacer. Él tenía ese don, esa capacidad para sorprenderle. Siempre. Y le encantaba...
Y fue en ese preciso momento cuando sintió su presencia. Estaba allí. Su corazón empezó a latirle desesperadamente, sentía frío, los nervios la estaban traicionando y al final terminarían por paralizarla. Continuó como si nada pasara, sin dejar ver que sólo con su simple presencia, la alteraba; seguía bailando de espaldas a él, entre la gente, sin abrir los ojos. No le hacía falta.
Empezó a sentir cómo le miraba, era como sentir una caricia suave y provocadora recorriendo todo su cuerpo. Se estremeció y un escalofrío recorrió todo su cuerpo; los recuerdos de la última noche volvían a su mente con una intensidad pasmosa.
Giró la cabeza levemente, lo justo para mirarle de reojo. Quería ver cómo le miraba. Entonces él se dio cuenta de que ella sabía que la estaba mirando, y se sonrió.
Estaba allí, de pie, cerca de los demás, la otra revoloteando a su alrededor, tratando de llamar su atención sin ningún éxito; y esque sólo tenía ojos para ella, no podía dejar de mirarla, nada a su alrededor existía, sólo ella...


La Ñeka ha escrito (por fin).



Dedicado al Playmobil, dueño y señor de este nuestro blog, a SiSu, mi niña, al Sr. Pirómano, odiado por muchos, amado por todas (añorado sobretodo), a Morgue, la gran hadita y adoptada por todos, el Sr. Miedo, que sé que jamás lo leerá, y a Nina, que ya tarda en estrenarse. Como nadie más me lee... el que lo haga y se dé por ofendido... las quejas a soymatahari@gmail.com . Algún día, igual conteste, paciencia.

1 comentarios:

Peledhir dijo...

Publicado a las 4... :/

NO comentaré, solo me alegraré de que por fin usted haya escrito algo, faltan dos personas aun este mes por escribir cualquier cosa...

Ah sí... NO pienso llamarla nunca más al telefono. Me niego rotundamente.