05 septiembre 2014 | By: Denebola

De la velocidad a la confianza

Bueno, podríamos decir que me he tomado unas vacaciones de medio año con el blog.
Me avergüenza decir que ni siquiera había visto el post de felicitación del Playmobil (cabrón de plástico... jejeje, cómo le quiero) hasta hace poco más de un mes.
¿Vacaciones anticipadas? Tal vez. Sencillamente mi vida online sufrió un declive espectacular. ¿Por qué? No lo sé muy bien. Tal vez aburrimiento, tal vez entré en uno de mis muy conocidos periodos de 'no existo para el resto del universo'. Pero déjenme decirles que ha sido una etapa para mí muy... Productiva. No por haber estado desconectada del mundo 1.0 (¿O es 2.0? Me da igual), más bien no ha tenido nada que ver. Simplemente ha sucedido así.
Ya pueden decir que soy un peligro con L por las calles de Zaragoza. Aunque, si me permiten decirles algo, mi profesor de la autoescuela se sentiría altamente indignado, porque, a decir verdad, yo era su apuesta segura... Vamos, que soy aplicada.
Yo diría que sencillamente me gusta conducir.
Sí, tuve un accidente a los 12 años que, por qué no decirlo, me marcó, pero no como todo Dios a mi alrededor se obsesiona por pensar, es decir, el pánico al coche, sino de un modo mucho más sano: precaución. O como dice mi tío andaluz, "prudencia", la primera de las virtudes cardinales (no saben ustedes la de cosas sin sustancia con las que puede salirles un andaluz en un momento insulso... Cosas sin sustancia que suelen animar el cotarro).
Bueno, cuando termine de destrozar mi coche de segunda mano,
éste es el coche que quiero.
Les doy tiempo para que vayan ahorrando.
Gracias :))))
No voy a ser modesta, pero para ser una mujer de 34 años que se saca el carnet de conducir, conduzco de puta madre. Y eso no lo digo yo, lo dice mi profesor y lo dijo mi examinadora... Aunque más elegantemente (algo así como "has dejado el pabellón femenino muy alto").
¿Orgullosa? Por supuesto.
¿Por qué no me saqué el carnet de conducir antes si no fue por miedo? Sencillo: no iba a tener un jodido coche ni tampoco lo necesitaba, ¿para qué sacarme el puñetero carnet? Es decir, deducción lógica y práctica.
En fin, que estos días fuera de Zaragoza, esperando mi examen práctico y pensando en las clases de conducir (y sí, me lo saqué a la segunda, la primera vez que me presenté, por evitar un puto accidente me fui a meter por donde no debía), me di cuenta de una cosa: voy a echar de menos esas clases. Esa compañía.
Ahora es un hecho.
Igual que ya tengo un permiso que asegura que no soy un peligro al volante (de lo cual, yo no estaría tan segura) y ya no es una mera posibilidad.
El caso es que me he dado cuenta de que soy  una conductora... Parlanchina. Me centro mejor en la carretera cuando tengo un copiloto que me da conversación. ¿Extraño? No lo sé. Sólo sé que me ayuda a templar los nervios hablar.
Y me di cuenta de que... Mi profesor me escuchaba a pesar de estar 100% atento a mi forma de conducir.
Y estas vacaciones, me di cuenta de algo también cuando quedé con mis amigas. A pesar de no interesarme el tema de conversación (lo siento, pero en estos momentos, puedo tener un interés general en los tratamientos de fertilidad, pero no demasiado específico), atiendo.
¿Me hace eso una persona extraña? Eso parece. Porque la mayoría de la gente, no escucha cuando no le interesa.
Ni siquiera las que dicen ser tus amigas.
O amigos.
Cuando a alguien no le interesa de lo que hablas, sencillamente desconecta y no atiende, aunque sea amigo tuyo.
¿Tus amigos lo hacen? De puta madre, atesóralos. Yo, hoy por hoy, sólo puedo decir que tenga... Dos y medio.
Uno de ellos es la persona con la que comparto este blog.
Y no, él no es ese medio. Aunque no sea muy alto.
Pensando en ello, me he dado cuanta de cuánta gente no se interesa por lo que tengas que decir, incluso si son amigos tuyos, incluso si es en su beneficio. Unos te dicen "sí, sí" y te dejan contento, y otros sencillamente te ignoran.Otros sencillamente te hacen saber que tu opinión es una mierda porque no sabes de lo que están hablando. Aunque tal vez deberían prestarte unos segundos de atención y darse cuenta de que SÍ sabes de lo que hablas.
De cualquier forma, esas personas, todas ellas, parecen no entender que el interés y la atención son una calle de doble sentido (sí, me estoy decantando por los símiles automovilísticos, no sé por qué) y que prestarles atención y escucharles A ELLOS, es una obligación. Se sienten insultados cuando cambias de marcha, dejas de interesarte por lo que puedan decir y les adelantas sin inmutarte aunque te toquen el claxon.
¿Que me pitan? ¿Quieren llamar mi atención? Pues muy bien. Ya no lo hacen, tal vez si fura la poli...
El interés es como la amistad y la confianza: hay que nutrirlos. De hecho, yo personalmente creo que van unidos.
Una pena, oigan, que me importe más bien nada contar mis amistades con los dedos de las manos o tenerlos a millones. Sé que mis amigos de verdad, aunque pocos, me escuchan y comparten mis penas y mis alegrías. Como por ejemplo, que ahora seré capaz de ir a buscar yo solita a Raquel al culo del mundo en Tarragona con un coche sin dirección asistida.
O más bien con un puto GPS.
Esperemos que los HERmossos d'esquadra no den muchas vueltas por allí.
Odiaría que me vieran conducir con un móvil al oído.


PD.- Gracias por la felicitación, Play. Yo también le odio ;)
PDD.- En cuanto a amistades... Bueno, a todos nos han clavado un puñal en la espalda, ¿no? Solo que es un tanto perturbador que siga habiendo hijos de puta capaces de clavarme un puñal por la espalda a mis 34 años... Supongo que eso no dejará de pasar nunca. Y sí, el genero da igual: hijos o hijas de puta. Los hay a patadas.
Pero en fin, ¿qué puedo decir?
No soy Colombo.
Ni Sherlock Holmes.

2 comentarios:

ivan dijo...

Te felicito por tu regreso. Yo taambién cojo vacaciones blogueras de vez en cuando.

Lo normal es que la gente no se interese por lo que dices como no nos interesamos demasiado por los demás. Al final todos nos creemos más interesantes de lo que somos. Te dejo una entrada de mi blog que habla de ello: http://blogdelmaestroim.blogspot.com.es/2013/11/la-insoportable-insignificancia-del-ser.html

Espero que te guste :)

Denebola dijo...

Bueno, ¿qué decir?
Voy a llorar de alegría, ¡Un comentario!
Gracias, iván. Alguien que me 'escucha/lee', jajaja.
Exacto, el egoísmo. Creernos más importantes de lo que somos.
Personalmente, creo que no está mal que nos den una patada en el culo cuando pasamos de querer que nos escuchen a EXIGIR que nos escuchen. Y como quiero eso para mí, creo que los demás también se lo merecen cuando eso ocurre.
Me pasaré por tu blog.
Un saludito, amiguito (tengo que dejar de ver los Simpson...)