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20 enero 2012 | By: Denebola

¿Tarada?

Cuando escuchó esas palabras se quedó mirándole como si no pudiera creer lo que le acababa de decir y se echó a reir. Sabía que era por despecho o quizás por impotencia, pero no podía creer que pensase aquello ni por un segundo.
-"No tienes ni puta idea". Y no, no la tenía. Él se reiteró en su opinión y no quiso continuar con el tema, estaba zanjado. Si pensaba así, poco le importaba, pero desde luego no iba a perder ni un momento más con él ahora que sabía cuáles eran sus intenciones y su opinión.
Se terminó tranquilamente su cerveza y se acercó a los demás. Se iba, no tenía ganas de seguir allí después de aquello. Cogió su chaqueta y salió de allí. Dado las horas que eran, coger un taxi sería como pedir a un asesino en serie que tuviera piedad. Imposible. Así que se fue dando un paseo a casa.
No podía creérselo, ¡le había dicho que estaba tarada! No en el sentido de loca, sino que tenía una tara, y ¡todo porque le había rechazado! Era increíble. Desde luego, si quería conseguir algo de ella, ésa no era la mejor forma. Sabía perfectamente que había alguien que era muy importante para ella, ¿cómo podía plantearse siquiera la posibilidad de que pasara algo? Debía quererse muy poco para querer algo con ella sabiendo que no sentía ni una millonésima parte ni por él ni por nadie. ¿O quizás tenía la absurda idea de que podría reemplazarlo? ¿Tendría complejo de príncipe azul?
No le entendía. En cualquier caso, pensar que estaba tarada no decía mucho de él.
¿Tarada? Pues muy bien. Después de aquello no se iba a molestar en explicarle que no había tara alguna, sino que a esa persona la quería de verdad. Que a alguien que se quiere al 100% no se le olvida ni se reemplaza como si fuera el rollo de papel higiénico. Que a aquella persona que has estado buscando toda tu vida no dejas que se desvanezca nunca más porque, en realidad, ha estado a tu lado toda tu vida y es imposible borrarla. Que nadie iba a poder hacerle sentir como él lo hacía por mucho que lo intentaran. Que le había marcado de por vida y, lo más importante, le gustaba llevar aquella marca. Si quería llamarlo tara, era su problema, porque eso significaba que nunca podría querer de verdad; ella prefería pensar que era el único. The one, como decían algunas canciones...



Sí, me llamaron tarada una vez. Y no se daba cuenta de que el único tarado era él...
20 octubre 2011 | By: Denebola

Pánico en la estación

En cuanto el reloj marcó las 5, recogió las cosas, apagó el ordenador y cogió su tres cuartos de cuero y su bolso a toda prisa. Llevaba esperando que llegase la hora desde que había empezado la jornada de tarde, ilusionada y nerviosa. Salió a la puerta y esperó a su compañera impaciente. Muy impaciente. Tenía el tiempo justo. Pero, como siempre que tenía prisa, aquella rubia un tanto bipolar se lo tomaba con una calma apabullante. Odiaba que le hiciera eso, pero no podía hacer más, era ella quien la acercaba a casa.
Y, efectivamente, la estuvo esperando 10 eternos minutos en la puerta.
De camino al coche, la rubia parloteaba sin cesar cosas a las que apenas prestaba atención para evitar los instintos asesinos que la incitaban a cortarle la lengua y algún que otro órgano vital más, producidos por su prisa y su impaciencia, y cuando notó su poco interés, su compañera de viaje empezó la ronda de preguntas al más puro estilo de programa de la prensa rosa. Evidentemente, no iba a contarle el motivo de su impaciencia, era una compañera de trabajo que le hacía el favor de acercarla a casa, pero no era su amiga. Las esquivó como pudo, armándose de paciencia y respirando muy hondo, sabiendo que cuanto menos le contara, más despertaría su interés. Pero no era asunto suyo. "Conduce y calla, cotilla del demonio, que hoy tengo más prisa que nunca", decía su subconsciente casi a gritos, alterado.
Y no era para menos, tenía que hacer muchas cosas en muy poco tiempo.
En cuanto su compañera la dejó en el cruce de siempre, casi salió dejándola con la palabra en la boca. Seguramente el lunes la acribillaría a preguntas, pero en esos momentos, poco le importaba. Su paso era tan rápido que prácticamente corría por la acera, resguardándose del aire frío apretando las solapas de la chaqueta contra su pecho.
Nada más cerrar la puerta de casa, dejó la chaqueta encima de la cama y abrió el agua de la ducha. Mientras el agua iba cogiendo temperatura, sacó la ropa limpia y se desnudó. Iba totalmente acelerada, si no se daba prisa, no iba a llegar a tiempo.
Mientras el agua tibia de la ducha templaba su cuerpo, apenas tuvo un segundo en el que se dió cuenta de lo que estaba pasando y le dió vértigo. El corazón le latía a una velocidad pasmosa y se quedó fría y parada por unos segundos... No, no, no podía perder ni un segundo. Salió de allí, callando a su subconsciente, y se puso el albornoz. Mientras su cuerpo se secaba sacó los mil trastos del bolso enorme que llevaba al trabajo y los fue recolocando en su sitio.
Un mensaje en su móvil la alteró. Más nervios... No tenía tiempo.
Cogió su bolso pequeño y metió las cosas imprescindibles; así era como le gustaba. Se sonrió.
Se vistió a toda prisa, se retocó el poco maquillaje que llevaba, apenas un poco de rimmel y la raya negra del ojo, y se bajó a toda prisa a coger el autobús. Con un poco de suerte, cogería el de y cuarto y llegaría bien de tiempo.
Y sí, tuvo suerte. Al subir al vehículo, respiró aliviada y se sentó con una sonrisa en la boca. Lo había conseguido, ya sólo tenía que dejar que el conductor la llevase a su destino.
Entonces fue cuando, libre de la tensión y la impaciencia, empezó a ser consciente. Notaba cómo su corazón se iba acelerando por momentos, presa de la incertidumbre y del mar de preguntas que pasaban tan fugazmente por su cabeza que era incapaz de retenerlas y pararse a pensar sobre ellas, tan sólo le dejaban una sensación de vértigo y de pánico. Pero lo curioso era que no tenía dudas, al contrario, lo tenía muy claro, las únicas dudas que le venían a la cabeza eran totalmente intrascendentes.
Bajó en la parada, su mente no le permitía siquiera plantearse ninguno de sus pasos, sólo los daba, si pensaba en ello, quizás no los diera, y quería darlos, se moría por darlos. Atravesó la puerta automática del gran edificio blanco y se acercó a la salida de pasajeros. Una de las pantallas avisaba de que aún quedaban unos 10 minutos y ni siquiera se le pasó por la mente salir a fumar un cigarro, sólo se quedó allí, en medio de aquel frío espacio, contemplando la salida, y esperó, impaciente, ilusionada, nerviosa, helada por la temperatura y los nervios, mientras anunciaban la llegada del tren.
Y en el preciso instante que pudo verlo, sólo podía sonreír y todo lo demás, desapareció.
27 septiembre 2011 | By: Denebola

Seguro

Una mañana más, se acercó a la ventana con la taza de café en la mano.
Un día más por delante, otras 24 horas más iguales a las demás, sin variaciones, monótonas. Un recorrido lleno de inercia, como el de todos los días, aburrido y sin una pizca de ilusión, sin incentivos. Al menos aparentes. Una especie de cárcel de barrotes invisibles de la que era incapaz de salir.
Quizás por eso se acercaba todas las mañanas a la ventana, para encontrar ahí fuera algo diferente o simplemente que le hiciera sonreír y empezar el día de otra manera, con algún tipo de ánimo. Quizás, no. Seguro.
Sí, se estaba apagando lentamente, pero era de esperar. Tanto tiempo metida en ese circulo vicioso, sin variaciones, un bucle sin fin que no permitía margen para un respiro, en un lugar en el que, aunque estaba bien, de alguna forma sentía que no era su sitio, como una pieza de puzzle mal puesta, incómoda, sin nadie que pudiera entender qué estaba haciendo y por qué lo hacía, una vía de escape. Cada día se retrotraía más, un viaje forzado a su interior para evitar que la apatía de ahí fuera la devorase, aunque no estaba segura de que fuera la mejor opción, porque a veces sentía que también la acechaba desde dentro.
Se terminó el café y con él, el tiempo para buscar algo ahí fuera que la reconfortase de algún modo.
Cogió su bolso y se encaminó a su rutina, a su eterno e inamovible "tengo que".
Quizás encontrase algo de camino que le hiciera ver el día de otra forma. Seguro. No perdía la poca esperanza que aún le quedaba. No podía permitirse ese lujo. Además, estaba convencida de que algún día esa rutina se rompería o, sencillamente, se acabaría. Y entonces, ya no sé acercaría a la ventana en busca de alguna motivación, porque al despertarse la sonrisa aparecería sola y lo único que querría ver, lo tendría a su lado. Seguro.
17 agosto 2011 | By: Denebola

¿De acuerdo?...

Prometo no despertarte por las mañanas. Aunque sospecho que no tendré demasiadas ocasiones.
Prometo hacer todos los días el café del desayuno. Aunque no me molestará que a veces se quede frío y sin tocarlo.
Prometo no olvidarme ningún día de tu beso al despertarme. Es imposible.
No puedo prometerte no quejarme si me despiertas, pero lo intentaré. Aunque algo me dice que se me olvidará quejarme.
Prometo no moverme si duermo a tu lado. Y aunque no pueda dormir.
Prometo no separarme de ti en toda la noche. Ni aunque haga un calor que provenga del mismísimo infierno.
Prometo no agobiarte hablando nada más despertarte. Me dicen mucho más tus silencios.
Prometo no enfadarme si decides dejarme sola en la cama y salir a correr. Seguramente alguna vez te acompañaré. Otras tendrás que sacarme tú de la cama para que lo haga.
Prometo... Ven a dormir conmigo y terminamos de ponernos de acuerdo.
06 agosto 2011 | By: Denebola

Dulce locura

En este inmenso gallinero que me está tocando soportar, sólo quiero escuchar tu voz.

Inconscientemente la busco. No presto demasiada atención a las palabras en sí de las voces que me rodean, sólo busco ese registro que me dice que eres tú quien habla, tu voz, y al no reconocerla, las desecho automáticamente, oyendo sin escuchar, haciendo caso omiso.

Sólo quiero escuchar tu voz.

Probablemente esas voces me contarían cosas interesantes y dignas de ser escuchadas. Pero nada me interesa si no me lo dices tú, sólo quiero escucharte atentamente, mientras te miro embobada, me interesa absolutamente todo lo que tengas que decir, aunque no sean ni siquiera palabras.

Tu risa. Quiero escuchar tu risa, me encanta. Me gusta demasiado, es contagiosa y sincera, me engancha y me hace sonreír hasta terminar riéndome sin tregua y sin saber por qué. Me hace sentir bien, me contagia tu felicidad y me gusta.

Y sé por qué busco tu voz y tu risa, son como un bálsamo calmante para mi inminente explosión de histeria y furia que sólo llega cuando estoy al final del calmado camino que es mi paciencia. Y lo siento llegar, lo veo.

Siempre has sido mi calma, y no sólo tu voz, pero tu voz es lo primero en lo que mi subconsciente ha pensado. Quizás porque la añoro. Igual que a ti. Y porque me gusta, me encanta, me seduce... Igual que todo tú.

Me sorprende que pueda recordar tu voz, pero lo hago. Ahora mismo suena en mi mente y no he podido evitar sonreír como una idiota.

Todos me miran como si algo en mi azotea no funcionara bien. Seguramente no se equivocan, pero precisamente ahora no tengo esa sensación. Todo lo contrario, funciona muy bien, puedo escucharte, aunque sea en forma de recuerdo. Me hace sentir tan bien... Ni siquiera va a haber explosión.

Pero ellos no pueden ni imaginarse nada de lo que pasa por mi mente, por eso me miran así, como si estuviera loca. Y tampoco se lo diré. Prefiero tenerte para mí sola, ya lo sabes, soy demasiado egoísta y no te comparto.
07 julio 2011 | By: Denebola

En las nubes

Se sentó en la primera mesa que encontró sin importarle demasiado dónde estaba. Se había pasado la tarde deambuleando por ahí sin rumbo y no sabía muy bien dónde había terminado, pero, al fin y al cabo, eso era lo que buscaba, evadirse de todo un poco, oxigenar su alma y quedarse a solas con sus pensamientos en compañía del aire del atardecer y de sus gafas de sol para ocultarse un poco del sol que la señalaba desde que había salido de casa.
Estaba cansada. No físicamente, era algo más insustancial, algo dentro de ella pesaba demasiado, quizás por eso, más que sentarse, se había amoldado a la silla. Le pidió al camarero que se le acercó algo que, en realidad, tampoco le apetecía demasiado, pero era el precio que debía pagar por quedarse allí sentada, rodeada de gente pero a solas con ella misma, camuflada entre los demás.
Se planteó por un segundo sacar el libro que llevaba en el bolso, pero... Ni siquiera eso le apetecía, sentía una profunda desgana y desinterés por hacer cualquier cosa.
Sacó la cajetilla de tabaco del bolso y se encendió un cigarro. Probablemente la mirasen con cara de indignación, pero le daba igual, para algo que sí le apetecía y podía hacer...
Se limitó a observar a su alrededor amparada por la oscuridad de sus gafas de sol. No había mucha gente allí, quizás por eso había elegido ese lugar. Una pareja de personas mayores con sus granizados de limón algo alejados de ella le llamaron la atención, no pudo evitar preguntarse con una leve sonrisa si algún día haría una pareja tan entrañable como aquélla... ¿Quién sabe? Quizás algún día daría esos paseos a ninguna parte en compañía. Se sonrió. Quizás algún día.
El cigarro se consumía y su vaso seguía intacto. Bebió algo del contenido dulzón y burbujeante, y respiró profundamente acomodada en la silla. Se sentía incomprensiblemente mejor y la desazón con la que había salido a la calle se iba desdibujando poco a poco y sin querer, sin motivo aparente, tal y como había llegado.
Unas risas no muy lejos de ella atrajeron su atención. Parecían un grupo de amigos enfrascados en una conversación realmente interesante y animada, todos querían llamar la atención de los demás y aportar algo a ella... Todos menos uno, que parecía estar ausente.
Quizás debería haber aceptado esa invitación y estar ahora con las demás, probablemente se le habrían olvidado todas las ideas absurdas que rondaban su mente... No, sabía que no. Si por alguna casualidad se le olvidaban, luego volverían a ella. Estaba segura de que estaría enfrascada a solas con ellas en su mente aunque estuviera rodeada de sus amigas. Como aquel chico...
Lo miró curiosamente, más aún después de pensar que estaba tan ausente como ella en ese preciso momento. Tenía una media sonrisa que invitaba a pensar que estaba muy a gusto en sus propios pensamientos, más que con la gente de su alrededor. Las gafas de sol que llevaba él también no le dejaban ver sus ojos, pero probablemente tuviera la mirada perdida en algún punto lejano de los tejados de los edificios de alrededor, o al menos así se lo imaginaba ella. Quizás no fuera la persona más atractiva a su alrededor, pero a ella se lo parecía, y no dejaba de preguntarse qué podría estar pasando por su cabeza para que pudiera sonreír de una forma tan vagamente sugerente...
Se apoyó sobre la mesa sin apartar la vista de él, en una pose que dejaba ver descaradamente el interés que le despertaba, muy a pesar de las gafas de sol, aunque ni siquiera se percató; de repente el mundo había desaparecido a su alrededor y sólo podía ver a aquél chico con aire despreocupado totalmente en las nubes... Aunque ella ni siquiera existiese para él. Le despertadaba una curiosidad enorme.
De golpe, bajó de las nubes y dirigió su mirada hacia ella, lo sabía a pesar de que sus gafas de sol le impedían ver sus ojos. Se sintió cazada, nerviosa y un calor horrible le recorrió todo el cuerpo. Sólo había una salida: huir. Buscó el monedero en su bolso, dejó un billete en la mesa y se levantó de allí bolso en mano con la misma sensación que la de un niño al que le han pillado haciendo una trastada, dejando la bebida prácticamente entera.


Hacía mucho que no publicaba un relato, y los que he publicado, ni siquiera me han gustado al releerlos, así que espero haber vuelto a mi cauce con éste. Ya se lo contaré cuando vuelva a leerlo en unos días.
Por supuesto, el final queda abierto, como siempre, a su imaginación.

PD.- Por votación popular, he editado el color de la letra (no quiero que sufran más sus retinas).
Un saludito
31 mayo 2011 | By: Denebola

980.- Un Rincón A... Solas

Desde hace un tiempo no me veo inspirada para escribir un relato. Y por fin ha llegado la inspiración...

Miró hacia la puerta de la terraza con extrañeza. Se preguntaba por qué nunca salía allí y disfrutaba un rato, por pequeño que fuera, de aquel rincón increíble que había en su casa. Y más ahora, que empezaba a hacer buen tiempo y tenía una pequeña mesa y 2 sillas para poder hacerlo. ¿Por qué no sacaba uno de sus libros por la mañana y sencillamente se sentaba ahí fuera con el fresco de la mañana a hacer lo mismo que hacía en la silla de su escritorio, pero a la luz del sol? Sin duda parecía infinitamente mejor. ¿Por qué no cogía una de las cervezas del frigorífico y salía a hacer lo mismo que hacía en el sofá las noches de domingo, pero cambiando la televisión por la gente que pasaba por su calle? Seguro que así se sentía más relajada. ¿Por qué no cogía el portátil y enviaba todos esos mails tan engorrosos acompañada de su café a la luz del atardecer? Seguro que hasta se le hacía corto.
No lo dudó ni un minuto. Se preparó el correspondiente café de después de comer, cogió el portátil bajo el brazo al pasar por la mesa del comedor, y salió a la terraza a enviar esos molestos mails. Y sí, fue mucho menos horrible de lo que solía serlo, probablemente hasta le había costado menos tiempo hacerlo... Fue a buscar su tabaco y volvió fuera a fumarse un cigarro mientras terminaba su café tranquilamente.
Era curioso, en su mente ese momento había sido idílicamente mejor. ¿Por qué no podía disfrutar como ella pensaba de ese momento tranquilo? No es que estuviera mal, claro que no, pero... No encontraba tanta diferencia como ella pensaba a hacer lo mismo desde la mesa de su escritorio. ¿Por qué? Y terminó su cigarro dándole vueltas a esa pregunta. Y otro. Y otro. Y sin querer, se terminó también el café.
Entonces se dio cuenta de que no lo disfrutaba como quería porque estaba sola, por el simple hecho de que sí, el momento era infinitamente mejor, pero algo dentro de ella se sentía incompleto porque quería compartir ese momento con alguien. Con un alguien muy concreto. Se dio cuenta de que en su mente ese momento era muchísimo mejor por la compañía que tenía.
Se sonrió. Bueno, quizás algún día sería así. O quizás mejor. Volvió a sonreirse... Siempre se puede aspirar a un poquito más, si no tuviéramos sueños ni aspiraciones, la vida sería gris, y no le entristecía que no fuera como ella pensaba, al revés, se sentía feliz pensando que podría ser mejor, que quizás algún día si fuera capaz de disfrutar de ese rinconcito como ella quería. O de cualquier otro rincón.
Cogió el portátil y abrió el explorador. Sentía la necesidad de contar cómo se sentía y no tenía mucho tiempo antes de tener que coger ciertos libros.

Sí, éste relato sí habla de mí. Ya les dije que se darían cuenta cuando lo hiciera.
11 febrero 2011 | By: Denebola

Y al salir del trabajo, ¿qué?

Volvía a su mesa. La había estado escuchando durante hora y media, y la mitad de sus explicaciones se las podría haber ahorrado, pero aunque le había insistido hasta el límite de la elegancia, no le había hecho ni el más mínimo caso, le había tratado como a una ignorante.
La miraba desde lejos, sentada desde su mesa. Estaba haciendo lo mismo con una pobre cría, cosa que ella no era.
Le asqueaba.
No creía que lo hiciera con mala intención, pero era obvio que le encantaba dejar patente que nadie estaba por encima suyo. Sí, era cierto que su experiencia no se pagaba con dinero, pero su preparación era mínima. La suya no, por eso la mínima ocasión que tenía para dejarla a la altura del barro, la aprovechaba.
No estaba dispuesta a dejarse pisar ni relevar, y por eso hacía ver que las demás no le llegaban a la altura del barro. Y no tenía ni puta idea...
Lo que más le jodía era que se colgaba las medallas de las demás, y lo peor era que mientras estuviera ella allí, jamás se sabría de dónde vendrían las ideas...
Maldita oportunista hija de puta...
Se volcó en su tabla de excel de negro de oficina mientras su superior se dedicaba a tomar café y flirtear con los niños de comercial y su bilis hervía hasta niveles insospechados....

-Tienes que terminarme la tabla antes de las 8.
-Puedes encontrar lo que he hecho en mis archivos personales. Mi jornada acaba a las 6. Seguro que puedes terminarla tú antes de las 8. Tenías razón, era muy sencillo... Hasta mañana, Espe...
Y mientras cogía su bolso, se despidió de ella con la más falsa de las sonrisas.
Maldita hija de su madre, la odiaba, le hacía la vida imposible, la menospreciaba y sabía que aquella bruja no valía ni mucho menos lo que quería hacerse valer, ni la confianza que los que estaban más arriba habían depositado en ella. Maldita lameculos...
Se apoyó en el marco de la puerta y suspiró. ¿Hasta cuándo iba a durar esto? Rebuscó en su bolso y cogió un cigarro, lo puso entre sus labios y lo encendió.
No sabía a derrota, pero al menos era un respiro.
Comenzó a andar, y lo vió al final del camino. Su gesto amargo se difuminó rápidamente en una enorme y espléndida sonrisa. ¿Cómo lo hacía?... Siempre aparecía en el mejor momento, cuando más lo necesitaba. Era... Dios... Sólo él podía hacer que un día jodidamente asqueroso se transformase en algo tan... Ni si siquiera tenía calificativos, no había algo lo suficientemente increíble.
Se acercó a él corriendo y le abrazó. Nadie le abrazaba como él, con nadie sentía lo que le recorría por todo el cuerpo hasta hacerle tamblar.
Se le olvidaba todo, hasta su compañera. Sólo quería que le besara y que se le terminase de olvidar de todo aquello. Nunca. Nadie. Sólo él le había hecho sentir así... Y eso era lo que más le importaba. Él.

Hoy he tenido uno de esos días en los que alguien, sorprendentemente, te alegra el día.
Quizás me equivoqué con ella...
O quizás me dejé llevar con mis opiniones.
En cualquier caso, agradable. Me ha gustado compartir 2 pintas con ella, a solas.
03 noviembre 2010 | By: Denebola

Veneno

Aún no lo comprendía... No podía entender cómo una persona por la cual puedes sentir cierto cariño, aprecio o incluso llegar a quererla, se podía transformar en una víbora de semejante calibre. No sólo porque se sintiera ingénua, en realidad, creía que el cariño era mútuo, al menos hasta cierto punto y hasta cierto momento. En realidad creía que algo lo quebró... Aunque no había motivo alguno para que aquello se truncase. Lo que realmente no entendía era cómo alguien podía estar calificándola de "mejor amiga" cuando estaba recibiendo puñaladas en su espalda sin piedad. Aquello tenía un nombre: hipocresía. Y no lo soportaba.
Y ahí la tenía, en frente suyo, sentada en aquel sillón de mimbre en la terraza tranquila de ese bar pijo al que le había llevado y en el que rebeldemente se había pedido una cerveza, con su granizado, o lo que fuera aquello, lanzándole los dardos más venenosos que había recibido en su puñetera vida.
Sí, las palabras dolían, y mucho. Ya no sólo por lo que a ella le concernía, sino porque para conseguir lo que quería, no le importaba pisar cualquier cosa, incluso personas que aparentemente le importaban, incluso lo que quería conseguir, que supuestamente era lo que más quería. Y también porque, por su tono y por su mal disimulada compostura, debía de pensar que era retrasada mental. Si creía que no se daba cuenta de lo que pretendía, estaba muy equivocada, porque se le veía llegar a kilómetros.
Le asqueaba su virulencia camuflada bajo esa falsa piel de inocente cordero, no sólo por la hipocresía, sino porque estaba segura de que a más de una persona tendría engañada con su carácter meloso, seductor y tierno.
Tenía enfrente a una jodida víbora.
Y le habría gustado decirle lo que pensaba con su habitual sarcasmo y haberla dejado a la altura del barro, por supuesto. Incluso cruzarle la cara, porque lo que salía de sus labios no la atacaba directamente a ella, y eso era algo que odiaba a conciencia, pero no podía negar algo de lo que no estaba segura, y aquella mala pécora era sibilina y venenosa, incluso le había hecho dudar. De hecho, no quería saber si aquellas palabras eran ciertas o no. A fin de cuentas, ya sabía lo que tenía que saber, no le hacía falta más, pero de sus labios salían las palabras justas para minar su confianza.
¿Así que se trataba de jugar?
Muy bien. Jugaría. Y si ella estaba esperando que saltara su carácter visceral y ver algún signo de descomposición en su cara, no iba a darle ese gran placer.
Sí, estaba tragando bilis.
Sí, le quemaba por dentro todas y cada una de sus palabras.
Sí, su ánimo estaba por los suelos.
Pero no iba a dejárselo ver. Sólo eso era ya un triunfo para ella, y el orgullo le podía.
La experiencia es un grado, y no era la única mala pécora con la que se había cruzado, ya sabía que sus palabras podían ser sólo burdas mentiras, y mientras se tragaba su propio veneno escuchándola, también cogía las fuerzas suficientes para no reaccionar y poder sonreírle tan falsamente como ella lo estaba haciendo. Aunque aquella actitud no fuera con ella, ni pudiera contenerse, ni le gustase en absoluto.
No iba a darle esa satisfacción, no iba a verla sonreír sabedora del trinfo de haber sembrado cizaña. No.
Su yugular latía con fuerza conteniendo sus impulsos asesinos, era cierto, pero a veces luchar por algo significa no hacer nada. Hay veces que es mejor callar y quedar como una señora. El tiempo pone a cada uno en su sitio, y en frente tenía a esa clase de persona a la que el tiempo le hace tragar su propio veneno sin siquiera mover un dedo. Siempre se sabe la verdad. Siempre. Y ella tenía la conciencia muy tranquila, cosa que no podría decir la persona que le atacaba ambiguamente desde la silla de en frente.
Evidentemente, la sangre le hervía por dentro al ver cómo ella disfrutaba con la situación, pero cuando una está segura de que puede confiar en lo que tiene entre manos, es mejor no hacer nada y sonreír.
Le costaba. Y mucho. Pero pensaba en la situación dentro de un tiempo y aquel personaje no estaba en la misma situación manipuladora e hipócrita en la que estaba ahora.
Ya le llegaría su momento... Y ella estaría allí para mirarla desde arriba.



A todo aquel que ha tratado
de hacerme daño.
Hombre o mujer.
22 septiembre 2010 | By: Denebola

Diálogos de autobús

Subió al autobús y pasó la tarjeta por el lector sumida en sus pensamientos. Echó una mirada rápida al interior del vehículo en busca de un asiento libre, a ser posible individual, y se acercó a él sin prestar la más mínima atención a lo que había alrededor. Llevaba el ceño fruncido, no había sido un buen día, de hecho, estaba de bastante mal humor. Hay días en los que te gustaría soltarlo todo y gritar hasta que desaparezca toda la rabia acumulada que llevas dentro para que no vaya en aumento y deje de envenenarte, y ése era uno de esos días. No es que las cosas fueran mal, esque simplemente a veces las cosas no salen como a uno le gustaría y siempre hay algún gilipollas que le pone la guinda al pastel...
Abrió su bolso, dejó la tarjeta y empezó a revolver en el interior, buscando algo. Sacó unos auriculares, se los puso, apretó varios botones del aparato y simplemente dirigió su mirada al exterior a través de la ventanilla. Debía llevar la música bastante alta, porque se escuchaba un murmullo a su alrededor. Normal, no tenía ganas de entrar en contacto con el mundo exterior...
Miraba a la gente por la calle, los coches, los edificios, pero en realidad no los veía, seguía dándole vueltas a su día y su enfado con el mundo iba en aumento.
Hasta que notó como la observaban. Es esa extraña sensación que atrae tu mirada irremediablemente hacia una dirección concreta, pero a diferencia de otras veces, no miraba despreocupadamente, su mirada era dura y no invitaba a la sonrisa, precisamente.
Era un chico, alto, moreno, apenas se fijó en él. Lo único que quería era que la dejasen tranquila, y cuando él retiró su vista casi intimidado, apartó su mirada y se olvidó de él ipso facto para volver a su rencor interno.
Se acercaba el momento de bajar, su parada, se levantó cogiendo su bolso y su carpeta y se acercó a la puerta a esperar a que el autobús parase y abriera sus puertas para poder bajar. Ni siquiera se quitó los auriculares, bajó y empezó a andar a un paso rápido, huyendo de su día, a refugiarse de todo. Tan ensimismada iba, que al notar un leve toque en su hombro, se giró sobresaltada. La música no le había dejado oír cómo se le acercaba alguien.
-"Vaya, llevas un paso rápido, ¿eh?", era el chico al que había dedicado una de sus miradas nada amistosas en el autobús. "Toma, se te ha caído." Le tendía unos papeles. En ese preciso momento se arrepintió de haberlo querido alejar de su mundo en el autobús... Sin darse cuenta, era ella quien le miraba del mismo modo que lo hizo él hacía un rato.
18 agosto 2010 | By: Denebola

El primero y el último

Pan de nueces con mermelada de cerezas. Es una buena cena... Aunque quizás sería mejor desayuno. Quizás no, seguro.
Desde aquí veo la calle, no hay ni un alma. Es demasiado tarde, todo el mundo duerme y yo debería estar haciendo lo mismo, pero esque no puedo, hoy todavía tengo esa sensación que lo va devorando todo por dentro y sé que puedo echarme a llorar en cualquier momento, no me apetece cerrar los ojos... Aún. Por eso me he acercado a la ventana y he buscado una postura cómoda aquí en el suelo; quizás la tranquilidad de la calle me contagie algo.
En realidad, no pienso en nada, o eso busco, porque es inevitable, mi mente va irremediablemente en una dirección, una dirección que me gusta, pero entonces empiezo a hacerme preguntas que no puedo contestar, y esa nada que va tirando de mí desde dentro, se acelera. Necesito llegar a esa conclusión que me hace sonreír y termina de un plumazo con los fantasmas que crecen en silencio en mi interior, no es la primera vez que me acerco a la ventana, ya sé cómo funciona esto, ya sé cómo funciono yo, pero esta vez parece que tarda más en llegar.

Las sábanas se me pegan al cuerpo y el pelo me pica en la espalda, sin embargo, no hace calor. Al contrario, el aire entra sin miramientos por las rendijas de mi persiana, pero no dejo de dar vueltas en la cama a pesar de que el sueño me vence, y el cuerpo se ha rendido ya a la fuerza de la gravedad, que ahora es mucho más fuerte que yo... Y no sé por qué. Y no sé por qué, me giro hacia la izquierda y mi mirada va directamente hacia esa foto, como si tirase de mí, y no puedo dejar de mirarla, porque aunque mi habitación está oscura, la veo y la recorro lentamente, la conozco como si fuera la palma de mi mano. ¿Cuántas veces la habré mirado? Me encanta...
Y vuelves a ser, como cada noche, el último pensamiento lúcido de mi mente.
Y también el primero de cada mañana. Pero creo que hasta en mi subconsciente estás presente, porque me he despertado tranquila y sonriendo. Esa conclusión que esperaba anoche ha debido llegar en alguno de mis sueños...
01 julio 2010 | By: Denebola

Todo o nada

Salió del bar y se alejó unos metros para sentarse en el bordillo de la acera. No tenía ganas de estar con nadie, ni de escuchar a nadie, ni de contárselo a nadie.
Al contrario de lo que la mayoría del sector masculino cree, rechazar no es agradable. Ni para el que es rechazado, ni para el que rechaza. Y cuando vio la sorpresa y la decepción en su cara, no tuvo ganas de darle más explicaciones y sencillamente huyó. No porque tuviera miedo, sino porque no quería poner el dedo en la llaga, y lo que iba a decirle no era precisamente lo que él quería escuchar. Mejor dejarlo así.
-"Pero, ¿por qué? Pensaba que te caía bien." Maldito masoca, le había salido a buscar...
-"Eso no es suficiente."
-"Podríamos intentarlo, ¿no? Puede que salga bien." Entendía que tuviera que intentarlo, pero sus argumentos caían por su propio peso.
-"Mira, es imposible que salga bien cuando uno quiere y el otro está pensando en si está saliendo bien o está perdiendo el tiempo. No se trata de intentarlo, se trata de que los dos sintamos lo mismo."
Sencillamente se levantó y empezó a caminar hacia algún lugar lejos de allí dando el tema por zanjado.
Había estado muy seca y muy distante, pero al fin y al cabo había sido bastante sutil, porque no quería decirle que no se contentaba con intentarlo, ni con quedarse con la primera opción menos mala que se le había presentado, que no era lo que ella buscaba, ni que lo que le ofrecía no era suficiente. No es que fuera mala persona, ni que él no estuviera a su altura, sencillamente no era lo que quería.
La vida te enseña a no contentarte con algo bueno si puedes pedirle todo. ¿Exigente? Podría ser, pero cuando se trata de elegir a quién está a tu lado, lo mínimo que puedes hacer es buscar a la persona que siempre has esperado, y él no era esa persona, le faltaban muchas cosas para serlo. ¿Ingénua? Podría ser, y probablemente se pasaría la vida buscando a esa persona, pero cuando se cansase de buscar ya tomaría la decisión de si quería conformarse con lo que había a su alrededor o quedarse sola.


Hay que joderse... Sí, hay que joderse, he dicho. Y esque es curioso quién se acuerda de una el día de su cumpleaños. 5 años sin hablarle y me felicita. La persona que menos me esperaba y menos ganas tenía de retomar el contacto, reaparece. Increíble... ¿Qué parte de "vete a la mierda" no entendió? ¿No le quedó claro que en 2 años no le cogiera el teléfono ni le contestara un mísero sms? ¿Ignorancia o desesperación? Creo que más bien lo 2º.
Que tu ex te felicite por tu cumpleaños como si nada y quiera tomar un café tiene un significado muy claro. Y lo malo es que no admite un NO por respuesta.
Hay que joderse...
Nunca le presenté a Dene, preferí que las cosas acabasen con el menor "ruido" posible. Pero creo que voy a aceptar ese café, ya es hora de que la conozca. Y pienso ser mala. Muy mala. Tanto, que sea él quien no quiera volverme a hablar. Se acabó, estoy cansada y no estoy dispuesta a volver al principio del final. No va a ser precisamente como en el relato...
31 mayo 2010 | By: Denebola

Mi todo

Hace un día genial. Pero no me apetece salir de casa, prefiero quedarme, hoy es uno de esos días en los que me apetece horrorosamente quedarme con mis recuerdos y mis pensamientos a solas.
Se está bien en la terraza y sólo necesito mi paquete de tabaco y, aunque no necesario, sí que me viene bien tener a mano el botellín de cerveza para despejar mi mente de esas pequeñas cosas que me vienen agobiando todo el día. Un momento de paz para recordar algo que me haga sonreír y sentir bien mientras la brisa de verano que aún revolotea se lleve mis pequeños quebraderos de cabeza lejos de mí un rato.
Y, como siempre, me viene él a la mente.
¿Quién me iba a decir cuando le conocí que se convertiría en una de las personas más importantes de mi vida? No deja de divertirme cuando pienso en ello. Pero así es él, sorprendente; nunca deja de sorprenderme, por más que pienso que le conozco, siempre descubro algo nuevo que no me esperaba. Y me encanta.
Como la primera vez que me besó. Es inevitable recordar aquel día cada vez que llega él para invadir mi mente. Me había avisado, me había dicho exactamente lo que iba a hacer, pero yo no le creí; es lo que tiene, nunca sé si habla en broma o en serio, lo cual tiene su encanto. Porque cuando me dí cuenta de que había hablado en serio, di gracias de no haberle creído y que ese momento me pillara por sorpresa. Desde ese momento fui incapaz de despegarme de él. Aunque tampoco quería...
Comprendo que es complicado entender lo que pasa por mi cabeza cuando pienso en él con la misma intensidad con la que lo siento yo, quizás por eso me resulta tan incomprensiblemente difícil expresarlo, pero a la vez es muy sencillo, lo que me gusta de él es todo. Él es mi todo. Sí, todo. TODO.
Cuando me di cuenta, comprendí que tenía delante a la persona a la que había estado buscando toda mi vida sin saberlo.
Es demasiado complicado y a la vez tremendamente sencillo.
Y a veces me gusta estar a solas para recordármelo, para sonreír. Aunque luego mis pequeños problemillas vuelvan a mí...
22 mayo 2010 | By: URAPlay

Black Blood Cap 1

Allí estaba, tumbado, esperando algo. No sabía lo que esperaba, le traía sin cuidado. ¿Suerte? Seguía vivo... ¿Por qué? ¿Sólo él? ¿Acaso no había quedado nadie más vivo sobre la faz de la tierra? Tenía demasiadas preguntas, estaba demasiado triste, no quería pensar, solo vivir como un autómata. 10 días. Hace 11 días lo tenía todo, su título, su trabajo, su casa, su familia, su novia. Lo tenía todo, 27 años de esfuerzo borrados de un soplo. Se levantó, se asomó a la ventana a ver el nuevo día... Y el cielo era de un verde oscuro acojonante. El aire olía mal, la temperatura era demasiado fría para esa época del año, sin un sonido en la calle... Escuchó, miro a un lado y a otro, siguió escuchando... Lloros, gritos de miedo, llamadas de socorro, más gritos, angustiantes todos ellos... Cerró la ventana, se miró al espejo. Sudaba como nunca, un sudor frío, el estomago cerrado. ¿Qué había pasado?


Recuerda los problemas que tuvo para vestirse, lo poco que dudo al coger su pistola, "eso" que de daba cierta seguridad en una ciudad como esa y lo rápido que llegó a casa de su novia. Llamó al timbre una y otra vez, asustado. Pensaba en tirar la puerta abajo... Y se abrió. La vio, con los ojos inyectados en sangre, con espuma, llena de arañazos que quizás ella misma se había hecho. Dio un paso atrás, incapaz de creer lo que veía. Su novia, o lo que era su novia, gritó y se abalanzó hacia él. Ni lo dudó, le disparó. Su novia lo miró, una mirada fría, ni siquiera lo había reconocido. Cayó poco a poco, mirando a los ojos a aquel que el había perforado el cráneo. Ahí murió, sin un grito. Él la había matado, y lloraba por eso. ¿Y si era una broma? Lloraba mientras corría a casa de sus padres, pensando mil y una cosas. Tenía tantas preguntas, tantos miedos, tanta ansiedad acumulada en su cuerpo, tanta adrenalina corriendo por sus venas que le costó parar al ver lo que tenía delante de él. Tenía delante de él mismo más personas, por llamarlas de alguna manera. Lo vieron y fueron a por él, aullando como lobos, insultándolo, provocándole. Corrió por donde había venido, y paró en seco. Algo muy rápido iba hacia él, pitándole. Se apartó un par de segundos antes de que el coche lo atropellara, se giró y vio como cargó contra ese grupo de cosas. El coche paró, salió un hombre bajito con un machete y les cortó el cuello a todos. Se miraron un instante, y respiraron con tranquilidad. Sin ninguna palabra por medio, corrió hacia ese hombre, subieron al coche y siguieron calle abajo.


Se contaron lo que habían visto y sentido cada uno, compartieron penas, dudas y preguntas. Se sintió más reconfortado de no verse solo, y empezaron a elaborar teorías. ¿Zombis? No están muertos, ni comen cerebros, ni se mueven despacio. Quedaron en llamarlos monstruitos, por lo menos se reían de ellos, que ya era algo en la nada más absoluta. Pensaron en un escape radiactivo de cualquier cosa secreta, quizás un virus, un arma biológica, o nuclear, o un experimento en una zona. Daba igual, su plan consistía en ir a por armas, munición, comida y no parar. Gasolina, comida, viaje y dormir. Dos días así, atropellando a cualquier ser que se pusiera por delante. Hasta que pasó, esos seres no eran estúpidos a pesar de ser monstruos que mataban a todo lo que tenían delante, incluso se mataban entre ellos mismos. Sabían usar armas, el mismo lo comprobó al ver como le volaban la cabeza a su compañero en medio de unas risas cansadas. Corrió al coche, se subió, lo arrancó y se fue. Había sido un cobarde, pensaba, quizás lo mejor era matar a todo lo que pudiera antes que lo mataran... O esperar.


Seguía esperando, tumbado, viendo el verde del cielo... Echaba de menos el sol, poder dormir tranquilo, en una cama, compañía, su novia, su familia. Todo se había ido a la mierda. Seguía mirando el cielo cuando lo escuchó. Un coche, se acercaba un coche, o una furgoneta, que más daba. Escondió el suyo, lleno de comida, armas y munición, subió a un árbol armado hasta los dientes y esperó. Era una furgoneta, que paró al lado de su coche. Pasaron unos pocos minutos y empezaba a estar incomodo en ese árbol, no era muy grande, pero lo escondía... Se abrió una puerta lateral y asomaron dos escopetas y una metralleta. Joder, le subían las pulsaciones, le iba a dar algo. Asomó un poco más la cabeza y vio una pierna, pero su mala suerte hizo que la rama se rompiera y cayera al suelo. El ruido asustó a los de la furgoneta, que empezaron a dispararle. Le dieron en una pierna, hasta que se oyó un "alto" bien claro de alguna chica. Bajó de la furgoneta, le apuntó y lo miró a los ojos. Respiró aliviada, sonrió y llamó a sus compañeros. Ellos reían alegres, contentos de haber encontrado a otro "perdido", y más sano que los 3 últimos.


-Si una puta bala en una pierna es estar sano, me compadezco de los otros 3 - les dijo en un tono casi tan alegre como sarcástico como el de ellos.

-Están muertos, puedes alegrarte cateto.


Lo subieron a la furgoneta, le quitaron las balas "sin anestesia, como un campeón" le dijo la chica, le vendaron y le dieron agua y dos magdalenas. Era la mejor comida en días, comer con compañía era un placer, jamás lo había pensado. La chica se llamaba Carol, el de la metralleta, un negro alto y fuerte de origen cubano, se llamaba Joe Blanquito (orgulloso estaba de ser como era y tener ese apellido, no sabía por qué). Albert el conductor,  Leo y Shandy, gemelas, las que llevaban las escopetas. Le contaron lo que habían vivido cada uno, como se habían encontrado. Le preguntaron su nombre y que pasó.


- Me llamo Will, Will Black y... - les contó su historia. La muerte de su novia, la de su compañero, como había sobrevivido una semana solo hasta que se encontraron y le dispararon.

Cuando terminó de contarlo, llegaron al refugio de ellos... Un bloque, una antigua fabrica de gruesas paredes y mala iluminación. Quizás un sitio donde poder sobrevivir hasta... No tenían ni idea, pero era mejor estar juntos que solos...
20 mayo 2010 | By: Denebola

Nuevo enlace en Webs Amigas

No hace mucho dejó un comentario y me pasé por su blog. Me gustó su forma de escribir. Si no me equivoco, sólo escribe relatos. Así que, dejando a un lado mi parte egoísta, compartiré mi hallazgo con ustedes.

Éste es el nuevo enlace al Blog de Jordi:

http://jordim.wordpress.com/

Espero que les guste.
14 mayo 2010 | By: Denebola

¿Palabras?

Había llegado allí por casualidad. Sí, era cierto, siempre acababa en el mismo lugar, pero nunca un día como aquél. Su amiga estaba hablando con alguien muy entretenidamente y ella no quería... "Molestar". Un amigo suyo se había acoplado a su compañía y la estaba exprimiendo como si fuera su último recurso para la supervivencia nocturna. Probablemente lo fuera.
Ni siquiera lo escuchaba. Una chica lo asediaba vilmente tratando de sonsacar algo más jugoso que una simple compañía, y ella no estaba por la labor de hacer de cabeza de turco ni mucho menos de falsa novia para salvarse el pellejo. No se lo merecía. Se había afincado en su parcela de barra, codo acomodado, y cómodamente sentada en un taburete, totalmente en su mundo, ida, muy lejos de allí.
Estaba tan harta de todo aquello...
Escuchaba palabras por todos los flancos que la asediaban, la música le atronaba, el lugar empezaba a empequeñecerse a su alrededor... Sintió un escalofrío. Era curioso, estar rodeada de tantísima gente, todas las caras familiares, pero... Se sentía sola. Tampoco era tan raro. Nadie quería escuchar, ni muchísimo menos entender lo que quería decir, lo que llevaba dentro. ¿Qué más daba gastar algo de saliva? Un gasto innecesario... ¿Para qué hacer un esfuerzo?
Cogió aire y respiró profundamente.
Le era totalmente indiferente lo que pasaba a su alrededor.
Acuñó sus dos codos en la barra y acomodó su barbilla entre sus manos entrelazadas. "¿Me pones otro tubo, por favor?" Era más una súplica que cualquier otra cosa. Desvió su mirada y vió unos ojos observándola. Unos ojos que ni por asomo imaginaba que estuvieran allí. Se quedó helada, por un momento, se quedó sin vida, sin respiración, si no hubiera escuchado los latidos de su corazón golpeándole en la sien, habría pensado que estaba muerta, inerte. No era así, ni mucho menos, la sangre le hervía dentro de su cuerpo, el corazón parecía que iba a estallarle, ni siquiera podía articular palabra, apenas podía moverse. No podía ser...
Quería correr hacia él y abrazarle, pero estaba totalmente paralizada. ¿Miedo? ¿Inseguridad?
Ni siquiera podía moverse... Si no se acercaba él, ella se sentía incapaz.
Estaba temblando. Sólo cuando sintió sus brazos por su cintura y su voz cerca de su oído, pudo reaccionar y tocarle, quería saber si era real, o sólo un sueño. Sonrió.
El calor de su cuerpo era el único que dejaba que estuviera tan cerca suyo. Su voz era la única que escuchaba. Y ya no hacía falta contar nada. Si de verdad alguien quería escucharla, no tenía que hacerlo, sólo con mirar su gesto, sabía lo que tenía que decir...
30 abril 2010 | By: Denebola

Subconsciente

Habían discutido y por no continuar diciéndose cosas que ni por asomo pensaba y que evidentemente dolían, se había ido al sofá a ver la tele, aunque en realidad no la veía. Tenía los ojos fijos en la caja tonta, pero su mente estaba en pleno estado de ebullición.
Escuchó cómo abría la puerta y se iba. Lo hacía a menudo cuando discutían.
No le gustaba discutir con él. Las discusiones con él eran siempre fuertes. Para ella era muy desagradable escuchar de su boca cosas realmente duras, le hacía un daño que quizás no era consciente que le provocara, por eso arremetía tan duramente contra él. Era como un resorte, saltaba automáticamente. Tampoco quería hacerle daño, pero instintivamente seguía esa máxima que decía "la mejor defensa es un buen ataque".
Inmediatamente después se sentía horriblemente mal, pero el daño ya estaba hecho, y entonces era cuando ya no podían seguir escuchándose. Lo mejor era dejar espacio y tiempo para calmarse los dos, y cuando todo estuviera más tranquilo, hablar como las personas civilizadas. Sí, civilizadas, porque cuando discutían, no lo eran. O por lo menos no lo parecían. Y no porque ninguno de los dos alzase la voz por encima del otro, sino por lo envenenado de sus palabras.
Cuando terminó el cigarro, apagó la televisión y las luces, y se fue al dormitorio. A oscuras se quitó la ropa y se puso el camisón, y se metió en la cama, dándole la espalda a su lado, acurrucada, cogiendo las sábanas como si fueran su vida. La discusión la había dejado un amargo sabor de boca... ¿Dónde estaría? Estaba inquieta, preocupada, tensa. Los nervios no le dejaban dormir. Escuchó un ruido de llaves en la puerta y vio algo de luz entrando por la rendija que dejaba la puerta de la habitación. Bueno, por lo menos estaba bien...

Entre sueños escuchó algunos ruidos, quizá la televisión, no estaba segura, también le escuchó trastear a oscuras en la habitación. Sintió cómo se acostaba a su lado, dándole la espalda; le dolía tanto que hiciera eso, le dolía tanto estar así... Pero el sueño la vencía. Y era mejor dejar las cosas como estaban de momento, mañana hablarían con calma...

Sentía su respiración cerca de su nuca, le acariciaba despacio, dibujando el contorno de su cuerpo mientras ella empezaba a despertarse... Quizás no hiciera falta hablar para arreglar la discusión del día anterior...

Se despertó sobresaltada, incorporándose violentamente sobre la cama. ¿Qué había sido el sueño exactamente? Miró a su lado en la cama. Estaba vacía.
16 febrero 2010 | By: Denebola

Despertar

Había sonado el despertador, pero ni siquiera se había enterado. Eran esas horas en las que mejor se está en la cama, por el frío, por el abrazo de su cuerpo, por el sueño profundo... Y su sueño era demasiado pesado.
Él despegó uno de sus brazos de su cuerpo rápida y hábilmente, y apagó de un golpe el ruido ensordecedor y taladrante que se metía en sus oídos como si fueran cuchillas para desprenderle del sueño. Y se quedó unos segundos mirándola, dormida. Todavía. No entendía cómo ni siquiera se inmutaba después de aquél ruido incómodo que habría despertado hasta a las sombras más oscuras. Pero le gustaba mirarla mientras dormía tranquila. Sólo eran unos segundos, porque aunque odiaba hacerlo, tenía que despertarla. No le gustaba sobresaltarla, y lo hacía con mucho cuidado, porque si le gustaba verla dormir, aún más le gustaba sentir cómo volvía al mundo de los vivos entre leves quejas y movimientos felinos. Entre sus brazos.

-"Ya es de día", y le miraba suplicante, aún dormida. Lo odiaba, no podía verla así, y ella lo sabía, quizás le diera pena y le dejara dormir un poquito más... Le costaba horrores mantenerse en su posición cuando hacía eso, le desarmaba cuando le ponía morritos. Por supuesto que le gustaría quedarse allí con ella, pero no podía... Y ella tampoco.
A veces pensaba que si le dejase dormir unos minutos más mientras él se vestía, no pasaría nada. Pero la conocía, y sabía que volvería a coger el sueño y se quedaría en la cama hasta que no pudiera más o quizás hasta la encontraría durmiendo cuando llegase a casa. Y sabía que ella no quería. Aunque todas las mañanas no pensase lo mismo. Confiaba en él para que fuese su fuerza de voluntad cada vez que amanecía, y empezar a rodar...
-"Tienes que levantarte...", era más una súplica que una orden. No le gustaba hacer eso cada día al despertar. Se despegó de su cuerpo y se levantó, encaminándose a la ducha, abandonándola entre las sábanas.
Ése era el preciso momento en el que ella se despertaba completamente. Sentía el frío en su espalda, estaba sola en la cama. ¿Qué más le daba seguir durmiendo o quedarse en la cama si ya sabía que no estaba a su lado?
Se deslizaba perezosamente entre las sábanas hasta encontrar el suelo con sus pies, y se quedaba unos segundos aún medio dormida sentada al pie de la cama.
Era un sacrificio necesario. Y no pensaba sólo en madrugar tanto...
Se sonreía y, mientras escuchaba el ruido de la ducha, pensaba en ese café que le iba a dar el último empujón.
Olía bien...



No es real, pero... No me importaría despertarme así todas las mañanas.
09 febrero 2010 | By: Denebola

Por la mañana

Se despertó, la poca luz que entraba por las rendijas de la persiana le daba en la cara y el calor le había hecho volver al mundo real. Ya había amanecido... Pero era pronto, no tenía que ir a trabajar, no tenía que despertarse, mejor se quedaba en la cama, estaba muy cansada.
Debía ser muy temprano, porque él tampoco se había ido. Notaba el calor de su suerpo detrás de ella, su brazo tranquilo apoyado en su cintura. Aún dormía. Sería mejor no moverse, él sí que tenía que ir a trabajar y no sabía cuántas horas de sueño le quedarían aún, no quería despertarle, mejor dejarle descansar.
Y el sueño se la volvió a llevar.
Escuchó el sonido taladrante del despertador.
"Es todavía más molesto cuando no tienes que madrugar", pensó nublada aún por el sueño, y le escuchó algo inteligible, algún improperio contra el maldito despertador atenuado por el cansancio y la desgana. Escuchó cómo le daba un pequeño golpe y sintió cómo se le abrazaba despacio, atrayéndola hacia él antes de darle un beso en el hombro y levantarse en silencio, desenroscándose de su lado lentamente para no despertarle.
Escuchó agua correr, ruido de cajones, y algún golpe por los muebles de la habitación entre el sopor de los sueños. Algún ruido cristalino y metálico desda la cocina antes de volver a caer en los brazos de Morfeo. No se enteró de cómo se había sentado en su lado de su cama y le había retirado el pelo de la cara para quedársela mirando y darle un beso antes de irse.
Cuando el calor en la habitación empezó a subir la temperatura de su cuerpo, abrió los ojos. Ya no sentía sus brazos alrededor suyo, se incorporó en la cama, tapándose con la sábana, poniendo atención a los ruidos de casa, por si aún no se había ido. Pero no. El otro lado de la cama estaba vacío, igual que la casa. Pero aún olía a él, a su colonia, a su piel recién duchada, a su pelo limpio.
Se sonrió.
No importaba, llegaría en un rato.
11 enero 2010 | By: Denebola

Tenía razón

Llevaba 20 minutos allí.
Estaba impaciente. Nerviosa. Cardíaca.
Quizás no sabía dónde se había metido, ni lo había pensado, pero sabía que era el mayor acierto de su vida. No tenía razones palpables, podía explotarle todo en las manos, pero estaba segura de que no. Estaba convencida. Sabía a ciencia cierta que no.
Aparte de que los nervios no le dejaban pensar.
Era una locura, pero a la vez no lo era. Estaba segura, y no tenía ningún motivo razonable para explicarlo, pero sabía que era así.
Estaba en el edificio más frío de toda la ciudad, hacía un aire descomunal, pero estaba tan helada por dentro por el pánico, que ni lo sentía. No podía moverse, tan solo esperar y dejar que los sucesos ocurrieran.
Y vio algo. Apenas un atisbo de lo que era su pelo, y supo que era él.
Lo sabía.
Y le vio aparecer, descubrirse lentamente al ritmo de las escaleras mecánicas, y se dibujó sola: una sonrisa cada vez más grande. Tenía razón...
Y mientras le veía avanzar hacia ella, le empezó a entrar un pánico aún mayor. No se había parado a pensar... ¿Y si él sentía que le había explotado entre las manos y no lo que sentía ella?
Apenas podía pensar.
Tenía razón...
Tenía razón...
Tenía razón...
No podía moverse ni dejar de sonreír.
Tenía razón.
¿Y él qué pensaba?
No le dejó tiempo. Soltó su bolsa a su derecha, cogió su carita con las 2 manos, y... La hizo temblar. No existía nadie ni nada. Ni siquiera se dio cuenta de que estaba temblando.

Sí. Tenía razón. Y no hizo falta ni una mísera palabra para que se diera cuenta.


Hay una teoría económica, el "second best". Su significado lo dice todo. Ni siquiera lo fue. Fue el mal menor. Hasta ahora había funcionado. Pero ahora eso ya no funciona.
Cuando te quedas solo, cuando tienes que compartir tu vida con una persona hasta el fin de tus días, el mal menor no es suficiente. Si no amas a quien tienes día a día a tu lado, la pareja se rompe.
Lo duro es verlo desde fuera cuando eres parte implicada y una de las partes te pregunta por qué.
La respuesta es sencilla: le quieres, pero no le amas.
Pero no puedo decírselo. No me entiende. No me entenderá jamás. Tendría que darse cuenta ella. Y ahora ya es demasiado tarde.