Agradezco el momento Kit Kat.
Seriously.
Los daños colaterales que pueda estar sufriendo son cosa mía, lo sé. No te reprocho nada. De verdad.
Verano... Yuju.
Francamente... No me esperaba mi verano del 2018 así, pero es que todo este año ha sido... Demasiado.
Incluso, así, a posteriori, he de agradecerte tu bipolaridad y que hayas puesto mi mundo patas arriba. Centrar mi atención en las ganas de estrangularte ha evitado catástrofes mayores.
El tema es que...
Verano.
Yuju.
Ya.
Para ti.
Te lo has ganado.
Y a pulso...
Aunque, para ser sincera, te has ganado más.
Pero el mundo es así de jodido y de injusto. No hace falta que te lo diga yo. Y aún así, eres capaz de hacer de ti un maldito fénix y de hacer de tu derrota un mísero grano de arena...
Aunque con dolor y lágrimas, los dos lo sabemos.
Aunque no lo digas.
Aunque sólo me lo dejes entrever.
Conociéndote, eso es ya la hostia en patinete.
Y llega agosto...
Y llega la individualidad...
Y yo te echo de menos...
Y mierda.
No.
No debería ser así.
Y de eso la culpa la tienes tú, sólo tú. Porque yo he intentado poner distancia. Distancia emocional. Pero vas tú, maldito Lucifer, y pones distancia física para demostrarme que no, no se ha acabado.
Ni por asomo.
No me dejas marchar.
...
Y, joder, cada vez me pones más difícil mantener mi lejanía.
Mientras tú aumentas la distancia física entre nosotros.
Vete a la mierda.
Tal vez allí no te eche de menos.
Divagaciones de 3 perturbados
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Vacaciones en el infierno
Hable usted, oiga
Hablar está sobrevalorado.
¿Para qué hacerlo? Con lo divertido que es especular, crear mundos alternativos, posibles opciones, meterte en el pellejo de una persona que no tienes ni pajolera idea de cómo piensa y dejar volar la imaginación...
Épico.
El delirio que se desarrolla al tratar de comprender por qué una persona actúa de un modo determinado es... Sublime.
El ser humano no puede aspirar a una delicia mayor.
Nótese el sarcasmo.
Con lo bonito que es intercambiar impresiones, exponer tus puntos de vista y tratar de comprender los de tu acompañante, enzarzarse en la pelea dialéctica de convencer a tu oponente (porque ya no es contertulio, no, esto es la guerra), imaginarte cómo le sacarías los ojos y terminar llamándole cerril y obtuso/a en sus más variopintas variantes...
¿Soy yo o nadie disfruta de eso?
Será, será. Será que yo soy la rara.
Será que lo normal es hacerse el misterioso y esquivar balas, a ver qué puñetas se inventan sobre mí esta vez. Y aquí paz y después gloria.
¿Que alguien me lo explique?
Que viva el aislamiento, las cuevas y la vida contemplativa.
O la frustración en mayúsculas.
Claro, que todos terminamos delatando más de lo que queremos, y por A o por B, tras haber emprendido el camino del perfeccionamiento del curso más avanzado de "interpretación de signos ocultos", uno termina atando cabos y viendo la luz...
Vida contemplativa, era, ¿no?
Casi he visto a Dios y todo.
Casi creo que te comprendo y todo.
Va a ser verdad la filigrana mental que se me ha pasado por la cabeza, así, como quien no quiere la cosa, por asombroso que parezca que las cosas sean como creo, porque ahora que te miro bajo el microscopio como a un bicho, empiezan a cuadrar las piezas... Y me está jodiendo. Me está jodiendo lo que creo que pasa por esa cabeza y no se dice en voz alta.
Porque tienes razón.
¿Para qué hacerlo? Con lo divertido que es especular, crear mundos alternativos, posibles opciones, meterte en el pellejo de una persona que no tienes ni pajolera idea de cómo piensa y dejar volar la imaginación...
Épico.
El delirio que se desarrolla al tratar de comprender por qué una persona actúa de un modo determinado es... Sublime.
El ser humano no puede aspirar a una delicia mayor.
Nótese el sarcasmo.
Con lo bonito que es intercambiar impresiones, exponer tus puntos de vista y tratar de comprender los de tu acompañante, enzarzarse en la pelea dialéctica de convencer a tu oponente (porque ya no es contertulio, no, esto es la guerra), imaginarte cómo le sacarías los ojos y terminar llamándole cerril y obtuso/a en sus más variopintas variantes...
¿Soy yo o nadie disfruta de eso?
Será, será. Será que yo soy la rara.
Será que lo normal es hacerse el misterioso y esquivar balas, a ver qué puñetas se inventan sobre mí esta vez. Y aquí paz y después gloria.
¿Que alguien me lo explique?
Que viva el aislamiento, las cuevas y la vida contemplativa.
O la frustración en mayúsculas.
Claro, que todos terminamos delatando más de lo que queremos, y por A o por B, tras haber emprendido el camino del perfeccionamiento del curso más avanzado de "interpretación de signos ocultos", uno termina atando cabos y viendo la luz...
Vida contemplativa, era, ¿no?
Casi he visto a Dios y todo.
Casi creo que te comprendo y todo.
Va a ser verdad la filigrana mental que se me ha pasado por la cabeza, así, como quien no quiere la cosa, por asombroso que parezca que las cosas sean como creo, porque ahora que te miro bajo el microscopio como a un bicho, empiezan a cuadrar las piezas... Y me está jodiendo. Me está jodiendo lo que creo que pasa por esa cabeza y no se dice en voz alta.
Porque tienes razón.
Y dicen que cuando uno se hace mayor pierde la paciencia... JA.
Aquí ando yo, divagando con otro par de perturbadas por whatsapp en una conversación tan histérica, como bipolar sobre los orígenes de Lucifer (vale, lo admito, tengo debilidad por él, como si no fuera obvio a estas alturas), la lucha del Trono de Rajoy (sólo nos faltan dragones y el Invierno; sí, Play, he tenido más disertaciones al respecto), los orígenes de la obsesión humana (que Freud me asista), los motivos de cierto "preto" (palabro maño para designar a un macizo; añádalo a su diccionario Castellano- Oregonés, querido MAIK-) para ignorar a cierta trastornada o si el Real Zaragoza será el único equipo de fútbol en Aragón que no subirá de categoría (Nayim, te añoramos).
En estas circunstancias tan espeluznantes, porque admitámoslo, esto da miedito, mi situación personal de caos me acompaña, como es habitual.
Y me pregunto cómo coño soy capaz de seguir adelante sin perder la cordura.
O si no la habré perdido ya,
Apuesto por lo segundo, por supuesto.
En cualquier caso, la causa de estar viviendo en un mundo imaginario cual Matrix mientras me retienen alguna institución psiquiátrica no es nada de eso.
No, señores.
La verdad es que lo tengo muy claro.
La causa eres tú, claro.
No sólo eres jodidamente surrealista y me has puesto patas arriba la puta existencia, sino que encima vas y, soberbio de ti, me das la hostia de realidad más grande de mi vida.
Y luego la bipolar soy yo...
Hay que joderse...
No sólo eres la persona que más cosas en común podrías tener conmigo, sino que además eres totalmente opuesto a mí.
Venga, vale... ¿Eso cómo se come?
Eres siempre, siempre y sin una maldita excepción, ese jodido quiero y no puedo. O no debo, pero quiero.
Ya me contarás cómo te lo haces, campeón, porque lo tuyo es de traca. Reúnes tentación y aversión de un modo tan perfecto como si fueras el mismísimo símbolo del ying y el yang personificado.
No sé si quiero estrangularte o tirarme a tus pies.
Conociéndote, preferirías lo primero... Yo estoy valorando seriamente el cruzarte la cara a lo Escarlata O´Hara, en plan dramático y contundente. Como si a mí me fueran estas cosas...
Pero vete tú a saber, porque parte de tu encanto es que sabes dar un golpe de efecto, cabrito. Las sorpresas estilo Houdini son tu puñetera especialidad, ya me has dado unas cuantas.
Y luego que paso de frivolidades a temas trascendentales con la facilidad de un puto interruptor...
Claro, ¿a quién le sorprende?
Ya venía tarada de serie.
Sólo me faltabas tú.
¿Bipolaridad? Me río yo...
Francamente, no sé si mandarte a la mierda o seguir inmersa en mi Matrix particular... Sospecho que vas a sacar a mi lado deneboliano muy pronto y no le va a gustar a nadie.
Salvo a tí.
Cabrón, te va la marcha más que a mí...
O eso, o me estoy ablandando (no contestes MAIK-... Conozco tu respuesta).
Esta noche te libras por la canción que me has mandado.
P.D.- Tengo que poner un aviso en el blog de no apto para menores. Cada día hablo peor... Las reclamaciones, al esquizoide.
Gracias.
En estas circunstancias tan espeluznantes, porque admitámoslo, esto da miedito, mi situación personal de caos me acompaña, como es habitual.
Y me pregunto cómo coño soy capaz de seguir adelante sin perder la cordura.
O si no la habré perdido ya,
Apuesto por lo segundo, por supuesto.
En cualquier caso, la causa de estar viviendo en un mundo imaginario cual Matrix mientras me retienen alguna institución psiquiátrica no es nada de eso.
No, señores.
La verdad es que lo tengo muy claro.
La causa eres tú, claro.
No sólo eres jodidamente surrealista y me has puesto patas arriba la puta existencia, sino que encima vas y, soberbio de ti, me das la hostia de realidad más grande de mi vida.
Y luego la bipolar soy yo...
Hay que joderse...
No sólo eres la persona que más cosas en común podrías tener conmigo, sino que además eres totalmente opuesto a mí.
Venga, vale... ¿Eso cómo se come?
Eres siempre, siempre y sin una maldita excepción, ese jodido quiero y no puedo. O no debo, pero quiero.
Ya me contarás cómo te lo haces, campeón, porque lo tuyo es de traca. Reúnes tentación y aversión de un modo tan perfecto como si fueras el mismísimo símbolo del ying y el yang personificado.
No sé si quiero estrangularte o tirarme a tus pies.
Conociéndote, preferirías lo primero... Yo estoy valorando seriamente el cruzarte la cara a lo Escarlata O´Hara, en plan dramático y contundente. Como si a mí me fueran estas cosas...
Pero vete tú a saber, porque parte de tu encanto es que sabes dar un golpe de efecto, cabrito. Las sorpresas estilo Houdini son tu puñetera especialidad, ya me has dado unas cuantas.
Y luego que paso de frivolidades a temas trascendentales con la facilidad de un puto interruptor...
Claro, ¿a quién le sorprende?
Ya venía tarada de serie.
Sólo me faltabas tú.
¿Bipolaridad? Me río yo...
Francamente, no sé si mandarte a la mierda o seguir inmersa en mi Matrix particular... Sospecho que vas a sacar a mi lado deneboliano muy pronto y no le va a gustar a nadie.
Salvo a tí.
Cabrón, te va la marcha más que a mí...
O eso, o me estoy ablandando (no contestes MAIK-... Conozco tu respuesta).
Esta noche te libras por la canción que me has mandado.
P.D.- Tengo que poner un aviso en el blog de no apto para menores. Cada día hablo peor... Las reclamaciones, al esquizoide.
Gracias.
Oh, Shit...
Oh, my gosh...
Esto se está alargando mucho, demasiado.
Tú no eres consciente, porque soy una imbécil y he dejado que pensaras cosas que no eran, y ahora tengo que arreglar esta mierda yo solita...
MIERDA.
Joder, mierda...
Nunca he sido tan consciente del daño que puede hacerse al callar, al no actuar, hasta ahora...
MIERDA.
No sé cómo coño arreglarlo.
Y, francamente, querido, NO ME ESTÁS AYUDANDO...
Claro, que, ¿por qué ibas a hacerlo?
Ya arriesgaste.
MIERDA.
Me toca a mí, lo sé.
Pero joder, lo estoy intentando, y los dos sabemos que yo NO TE LO HE PUESTO TAN DIFÍCIL, CABRÓN.
Vale.
No problemo.
No quieres pillar mis indirectas.
Ya lo he pillado.
Muy bien.
...
Estás forzando mi mano.
He intentando que vieras la mía.
Ni puto caso.
Vale, muy bien.
Resulta que eres miope.
GALOPANTE.
Perfecto.
Quieres sacarme de mi zona de confort...
Querido...
¿Es que no te das cuenta de que esa zona la abandoné en el momento en que te conocí, atontado? No, parece ser que no...
Muy bien.
Entonces tendré que ir a tu terreno, invadirte y decirte las cosas claras.
Terreno hostil y desnudar mi alma...
Joder, ¿es que el puto GEN Y es idiota (que sé que no, me enfrento probablemente a uno de los hombres más inteligentes que he conocido)?
¿Débil? (JAJAJAJAJJAJA, no, vale, esto tampoco sirve...)
Muy bien...
Si quieres ponerme a prueba...
Te queda poco tiempo.
ESTOY HASTA LOS COJONES.
Alea.
Iacta.
Est.
En tus momentos más oscuros...
...
Así empiezan los relatos de habla inglesa más dramáticos.
Francamente, esa traducción es una soberana mierda.
Sí, no hay un modo de traducirlo mejor, pero... Se queda corto, dada la riqueza lingüística del español para describir la soberana mierda que engloba esa frase.
Y de los sentimientos.
Porque, francamente, en estos momentos podría identificarme con esa frase si estuviera leyendo algo en inglés, pero lo que definiría mi momento "más oscuro", se queda bastante corto con esas palabras.
No se lo deseo a nadie.
Y, la verdad, no me apetece ponerme a definir el tema ahora.
Probablemente sea porque esos "darkest moments" de mi propia cosecha me han llevado a intimar demasiado con Miss Ambar, muy amiga de Estrella Galicia y Lady Mahou, cuando no debería, y tengo planes de seguir haciéndolo en un breve espacio de tiempo.
Francamente, no puedo más.
Estando tan cerca del "edge", lo único que me apetece es "to dance with the devil"... O simplemente beber para olvidar, que, por muy cool que sea el inglés, la sabiduría popular del viejo continente perdurará "forever and ever", "till the end", y tal y cual.
Lo peor de todo es que, a pesar de mi lamentable situación, no puedo dejar de pensar en algo que, quizás, sólo quizás, no debería.
Me debería sentir egoísta, entre otras muchísimas cosas, pero, en estos momentos, nada más lejos de la realidad.
Tal vez sea por el ambiente enrarecido y crispado que me rodea, porque esté muy cerca de estallar, por Miss Ambar, porque necesito mi vida de vuelta YA, porque todo el mundo, sin excepción, es igual o más egoísta... ¿Importa?
En estos momentos, y sé positivamente que la influencia de Miss Ambar está muy presente, el motivo me la sopla (ergo, mañana probablemente, no me la sople tanto...).
Sólo sé que...
Querido, no te entiendo.
Has llegado a mí en un momento que no esperaba, porque, admitámoslo, llegaste tarde. Pero, joder, no sé cómo coño te las has arreglado, pero ese detalle pasó a ser irrelevante en demasiado poco tiempo. Y sé que fue obra tuya.
El problema es que el momento es... El peor, se queda corto.
Yo no estoy centrada, y tú eres raro y hermético.
Tampoco es que yo sea muy normal.
Vaya, parece que hacemos buena pareja...
Mi problema es que no te entiendo.
Y probablemente la culpa sea mía.
Sin probablementes de por medio.
Tú te arriesgaste.
Y me freíste la única neurona que me quedaba viva.
Mierda...
¿Por qué?
¿Por qué en mitad de todo esto, que me supera, apareciste tú?
La jodí, sé que la culpa fue mía.
El problema es...
Que no sé cómo coño arreglarlo.
Ni si ya es tarde.
Porque... A pesar de todos estos "darkests moments" que llevo a la espalda... Tú me sientas bien.
Y eso que eres raro de cojones.
Los dos lo sabemos.
¿Qué es?
Es calma.
Una calma segura y sosegada francamente difícil de encontrar.
Una tranquilidad serena y plácida de ésas que te hacen suspirar con algo que sólo puedo calificar de paz.
Silencio y seguridad.
La estabilidad firme e inamovible de una roca a la que, ya pueden asediarla huracanes y terremotos, que puedes tener la certeza de que jamás se moverá de su lugar...
Si no le apetece, claro.
Es también risa, paradójicamente.
Diversión viva y ocurrente.
Risas francas.
Espontáneas.
Humor e ingenio chispeantes.
Pero sobre todo, es noble.
A pesar del ingenio afilado y cortante, es calidez reconfortante.
Una calma segura y sosegada francamente difícil de encontrar.
Una tranquilidad serena y plácida de ésas que te hacen suspirar con algo que sólo puedo calificar de paz.
Silencio y seguridad.
La estabilidad firme e inamovible de una roca a la que, ya pueden asediarla huracanes y terremotos, que puedes tener la certeza de que jamás se moverá de su lugar...
Si no le apetece, claro.
Es también risa, paradójicamente.
Diversión viva y ocurrente.
Risas francas.
Espontáneas.
Humor e ingenio chispeantes.
Pero sobre todo, es noble.
A pesar del ingenio afilado y cortante, es calidez reconfortante.
El mundo sigue poniéndote a prueba. ¿Podrás salir indemne de ella?
Tras una de las experiencias más subrealistas de mi vida, con mucha, mucha diferencia, puedo decir que, aunque tocada, he salido cuerda de ella.
Tampoco es que me considere una persona que encaje en la perfección en las etiquetas que, ya no sólo la sociedad, sino las propias palabras o mis propios conceptos, delimiten lo que se pueda parametrar como normal.
Pero lo que he pasado escapa incluso a mis peores pesadillas.
Anormal se queda corto.
Gracias al Cielo (ya que mi última y revolucionaria entrada iba sobre el Cielo y el Infierno), al Karma, o como puñetas quieran llamarlo, no estaba sola en mi anormalidad.
Varias personas, aunque no muchas, todo sea dicho, compartían mi tara mental.
O del tipo que fuese.
Cuando te enfrentas a un grupo que tiene poder sobre ti y que trata de meterte con calzador una serie de ideas, conceptos y corrientes que no cuadran con tu estructura ideológica, las cosas se complican. Pero hasta donde yo había experimentado, con seguirles la corriente y pasar por el aro fingiendo una total comprensión de su punto de vista, bastaba.
Ya no.
Debes adorarles como a dioses.
Perdón.
DIOSES.
El refrán de "coge fama y échate a dormir" se ha manifestado ante mí de un modo brutal. Dominación absoluta en una red escandalosa de fanatismo y captación que luego, nada te aporta en la vida real.
Pero no iban por ahí las aspiraciones de mi post.
Ante este panorama, las posibilidades de supervivencia eran... ¿Nulas?
Sobre todo la supervivencia moral, emocional y psicológica.
No sé ustedes, pero yo aprecio a mi persona con un fervor mucho mayor que a esos falsos dioses.
Para mí, ese pequeño reducto de rebeldes ha supuesto mi estabilidad personal durante un año. Si no hubiera sido por estas personas que, como yo, decían AMÉN públicamente y se echaban las manos a la cabeza internamente, preguntándose además cómo demonios iban a sobrevivir, mi yo no habría sobrevivido a este Deneberenjenal.
Como dice cierto GIF de whatsapp por ahí "encontrar amigos que compartan tu misma tara mental, no tiene precio".
Porque, para estas personas, nosotros no éramos la norma, éramos los tarados.
Bien, vale.
La norma o la tara es cuestión de puntos de vista, de dónde coloques el origen o punto cero a partir de dónde medir. La denominación es subjetiva, si yo soy una tarada, para mí lo son ellos.
En cierto modo tiene su aquél sentirse como Astérix contra los romanos (sí, teníamos a nuestro Obélix).
Mientras tengas una aldea, claro.
A ver qué haces sin Panorámix...
Yo sólo deseo que todo lo que he visto, y a todos los que he visto cómo comían el tarro... No pasen a formar parte de los que ahora son el grupo de presión y poder que he sufrido, o como en Economía solemos llamarlo, Stakeholders. Lo cual, me temo que será así...
De modo que, aun habiendo pasado las brasas del infierno... Voy a seguir formando parte de los que no son unos fariseos...
¡Válgame el cielo!
La que me espera.
Aunque si Astérix logró desquiciar al César...
No encuentro mejor vídeo para ilustrar la agonía que he sufrido que éste, mi querido James, Until it sleeps. siento repetirme. El siguiente simplemente me hace sentir como si estuviera subida a una colina y mirase a mi pasado... Y que el bajo está potente y me gusta verlo en el vídeo.
Disfruten, queridos.
Tampoco es que me considere una persona que encaje en la perfección en las etiquetas que, ya no sólo la sociedad, sino las propias palabras o mis propios conceptos, delimiten lo que se pueda parametrar como normal.
Pero lo que he pasado escapa incluso a mis peores pesadillas.
Anormal se queda corto.
Gracias al Cielo (ya que mi última y revolucionaria entrada iba sobre el Cielo y el Infierno), al Karma, o como puñetas quieran llamarlo, no estaba sola en mi anormalidad.
Varias personas, aunque no muchas, todo sea dicho, compartían mi tara mental.
O del tipo que fuese.
Cuando te enfrentas a un grupo que tiene poder sobre ti y que trata de meterte con calzador una serie de ideas, conceptos y corrientes que no cuadran con tu estructura ideológica, las cosas se complican. Pero hasta donde yo había experimentado, con seguirles la corriente y pasar por el aro fingiendo una total comprensión de su punto de vista, bastaba.
Ya no.
Debes adorarles como a dioses.
Perdón.
DIOSES.
El refrán de "coge fama y échate a dormir" se ha manifestado ante mí de un modo brutal. Dominación absoluta en una red escandalosa de fanatismo y captación que luego, nada te aporta en la vida real.
Pero no iban por ahí las aspiraciones de mi post.
Ante este panorama, las posibilidades de supervivencia eran... ¿Nulas?
Sobre todo la supervivencia moral, emocional y psicológica.
No sé ustedes, pero yo aprecio a mi persona con un fervor mucho mayor que a esos falsos dioses.
Para mí, ese pequeño reducto de rebeldes ha supuesto mi estabilidad personal durante un año. Si no hubiera sido por estas personas que, como yo, decían AMÉN públicamente y se echaban las manos a la cabeza internamente, preguntándose además cómo demonios iban a sobrevivir, mi yo no habría sobrevivido a este Deneberenjenal.
Como dice cierto GIF de whatsapp por ahí "encontrar amigos que compartan tu misma tara mental, no tiene precio".
Porque, para estas personas, nosotros no éramos la norma, éramos los tarados.
Bien, vale.
La norma o la tara es cuestión de puntos de vista, de dónde coloques el origen o punto cero a partir de dónde medir. La denominación es subjetiva, si yo soy una tarada, para mí lo son ellos.
En cierto modo tiene su aquél sentirse como Astérix contra los romanos (sí, teníamos a nuestro Obélix).
Mientras tengas una aldea, claro.
A ver qué haces sin Panorámix...
Yo sólo deseo que todo lo que he visto, y a todos los que he visto cómo comían el tarro... No pasen a formar parte de los que ahora son el grupo de presión y poder que he sufrido, o como en Economía solemos llamarlo, Stakeholders. Lo cual, me temo que será así...
De modo que, aun habiendo pasado las brasas del infierno... Voy a seguir formando parte de los que no son unos fariseos...
¡Válgame el cielo!
La que me espera.
Aunque si Astérix logró desquiciar al César...
No encuentro mejor vídeo para ilustrar la agonía que he sufrido que éste, mi querido James, Until it sleeps. siento repetirme. El siguiente simplemente me hace sentir como si estuviera subida a una colina y mirase a mi pasado... Y que el bajo está potente y me gusta verlo en el vídeo.
Disfruten, queridos.
Lucifer, Estrella de la Mañana
Hoy tengo un año más que la última vez que escribí.
Ni me siento más sabia, ni me siento más superior a nadie, ni me siento con más experiencia que nadie, por eso que dicen que la experiencia es un grado.
Recientemente, ando leyendo cosas muy diversas por el nuevo berenjenal en el que me hallo inmersa. Como muchos de los que me conocen sabrán, mi modo de evadirme es leer más... Sólo que cosas diametralmente opuestas.
Así que, me hallo leyendo sobre mitos.
Leyendas.
Y no hay una figura mitológica que me atraiga más que la de Lucifer.
Luzbel.
Luciel.
El primer ángel caído.
La Estrella de la Mañana.
El primer Rebelde.
Personalmente, no soy muy devota de la Iglesia, algo que tampoco es un secreto entre los que me conocen. En cuanto a la existencia de Dios, soy algo más flexible y, como una constante en mi existencia, nada convencional en mis creencias.
Pero no quiero entrar en eso, no deseo dispersarme en ese sentido.
Al Príncipe de las Tinieblas siempre se le ha considerado un elemento extraordinariamente atractivo en la sociedad actual. ¿Por qué?
Bueno, no puedo imaginármelo, nótese la ironía.
Para empezar, su historia bíblica es lo más parecido a un reality show o a un culebrón de los que estamos acostumbrados en estos días. Bueno, una gran parte de la humanidad encuentra fascinante poder saber de las miserias de los demás para poder evadirse de las suyas propias... Ahí tenemos una muy poco noble y superficial razón.
Pero es que no se trata de un galán cualquiera el que protagoniza este particular culebrón... Estamos hablando de la personificación del mal, su creador. Y el mal tienta... Atrae. He ahí otro motivo.
Luego están los más intelectuales que intentan extrapolar el comportamiento del ser humano a través de sus creencias, la religión, sus mitos... Bueno, ahí mejor no entro. Personalmente pienso que este mito en particular ha perdurado demasiado tiempo como para poder decir que explica el comportamiento social, emocional o psíquico de la sociedad actual... Y a pesar de ello, sigue vigente, sí, lo sé, reconozco la incongruencia y me sorprendo, todo sea dicho.
Y debe haber más motivos, porque yo, personalmente, me siento especialmente interesada en esta figura.
Y no me veo encajada en ninguna de las parcelas anteriormente descritas.
Para empezar, no soy una creyente devota. Conozco las Escrituras, y sin embargo, no creo en ellas. Muchas de mis lecturas y muchas de mis vivencias me han llevado a creer que esas Escrituras están oportunamente manipuladas por la Iglesia con el único fin de mantener su poder (por supuesto, es una opinión, respeto a quien no opine como yo y admiro enormemente cualquier postura, ¿quién soy yo para juzgar? Simplemente expongo mis pensamientos, que no tienen por qué ser dogma de fe... ¡Lo que faltaba! Sólo soy una mísera hormiga en el mundo... Ni hablar ya en el Universo), que existen otros textos apócrifos, como bien apunta la Iglesia, unos aceptados por ella y otros no, oportunamente retirados de la circulación con el fin de mantener al hombre desinformado...
Primer punto negativo a creer a pies juntillas a lo que diga la Biblia.
En el sentido de mi razonamiento, sigo apuntando que la información es poder.
Lo admito, es defecto profesional.
Como Economista, mi primera lección es que toda información es sesgada, desde la Historia que cuenta cualquier texto, hasta cualquier encuesta, por bien elaborada que esté, por lo tanto, siempre, y repito SIEMPRE, es conveniente consultar varias fuentes. Se me ha enseñado a dudar y a leer entre líneas.
Pensamiento crítico, lo llaman.
Bueno, yo no llamaría tanto.
Pero póngale la etiqueta que quieran, en realidad, se trata de informarse y formarse una opinión propia. A mí me gusta escuchar de un modo receptivo, otro rasgo que cualquiera que me conozca, puede señalar en mí (salvo cuando me sale mi vena maña, qué le voy a hacer, el ADN manda), y puede que no sea original, no estoy alardeando de ello, pero en todo relato hay una parte de ficción o, si lo prefieren, de sesgo, y otra de verdad, o si lo prefieren, de objetividad.
Incluso en las novelas más fantasiosas, hay un fundamento, una creencia, una base real.
Y en ello me hallo, documentándome... O si lo prefieren, leyendo cosas absurdas a las que nadie daría ni medio céntimo y que sin embargo, para mí tienen una doble utilidad: evadirme de mi ocupación y hacerme reflexionar sobre esa figura tan venerada como odiada como es Lucifer, el antes preferido del Señor que, de la noche a la mañana, cayó y se convirtió en el Mal absoluto, el horror de la humanidad.
Francamente, tanto drama y exhortación de lo divino me aburre.
Es insultante cómo se presenta evidentemente como la opción salvadora a Dios, engolada y triunfante, frente a un Mal obsceno y ridículamente fácil de señalar.
Entre otras cosas, porque el mal y el bien no son tan fáciles de separar en la sociedad que nos rodea.
Y eso me llevó a leer cosas mucho más elaboradas, novelas o no, donde Lucifer y Dios, no son tan ridículas y más simples, y si me lo permiten, les recomendaré el libro "616. Todo es infierno", de David Zurdo y Ángel Gutiérrez, mitad historia y mitad ficción, absolutamente apasionante que hará temblar sus creencias, si es que las tienen.
Sin embargo, el libro que me hizo reflexionar sobre muchos rasgos humanos fue otro: "Diálogos con el diablo", de Taylor Caldwell, donde se narra la correspondencia entre el arcángel Miguel y el soberbio arcángel Lucifer, que no es enemigo de Dios, sino de la humanidad, y que pone sobre la palestra todos los rasgos de la sociedad actual. Francamente, unos cuantos capítulos me parecieron retrógrados y vomitivos, sin embargo, el resto me hicieron llorar, literalmente, por cómo retrataba, desde un punto de vista tal vez demasiado puritano, aunque no falto de razón, la sociedad en la que vivo.
No me hizo llorar por pensar que la Tierra no tiene salvación a los ojos de Dios, como pretende el libro.
No.
Me hizo llorar porque me hizo darme cuenta de que ese ficticio Lucifer, encabronado hasta querer nuestra exterminación, tenía razón. En su mayor parte. La vida que me rodea es una soberana mierda, y la culpa no es de nadie más que del hombre, por permitir a los corruptos, los cabrones, los ladrones, que haya llegado a ser así. Y en esto, ¿qué más da si crees en Dios o no? Es doloroso. ¿Por qué nadie ha hecho nada?...
Léanse el libro.
Increíble el repaso al ser humano.
El tema al que voy es... Que es cierto.
En ese libro, se plantea a un Lucifer aún arcángel, aunque repudiado por Dios al infierno, donde se deleita dándonos lo que queremos (un punto absolutamente increíble que admiro de ese libro, genial en su maquinación) y en comunicación aún con su padre y hermanos, asqueado con nosotros, decidido a acabar con el hombre por ser la peor de las plagas a pesar de que eso signifique su propio fin, su "no retorno al Cielo". Es más, plantea a sus hermanos una serie de dudas, con la intención de hacerles caer, sobre Dios.
Las mismas dudas que a mí me han venido a la cabeza al pensar en esta figura, en el Mal, una y otra vez.
Son simples.
¿Por qué Dios creó a Lucifer? Es omniscente, según la tradición bíblica. Sabía que Lucifer "lo traicionaría" (si me preguntan a este respecto, puedo extenderme en este tema largo y tendido... Y entonces creo que quedaría claro que yo iría de la manita con Luci al Infierno y, es más, estaría encantada en ese Infierno que narra), que lo enfrentaría durante eones y que "le haría sufrir" destruyendo al hombre y a sí mismo.
Ergo...
¿Por qué aún sabiéndolo, lo creó?
En el libro, Lucifer no obtiene respuesta de sus hermanos arcángeles salvo esquivos "los planes de Dios son inescrutables y es mejor obedecer y callar". Lucifer les apunta muy sabiamente que si no "hacen preguntas impertinentes a Dios", lo cual les hace aún peores que los desdeñables hombres a sus ojos (me encanta el punto provocador del primer arcángel, para qué engañarnos), no están ejerciendo el libre albedrío con el que Él les ha dotado, lo cual es un insulto al Creador. Les pregunta, muy razonablemente que, si él mismo no hubiera caído, ¿quién lo habría hecho? Puesto que al otorgar el libre albedrío a su Creación sin ofrecerles una tentación, no hay libre albedrío, Dios necesitaba el Mal, y por tanto, necesitaba que Lucifer cayera y que, por tanto, él era un Títere de Dios.Hiciera lo que hiciera. Tanto si se arrepentía y volvía al Cielo apara idolatrarlo, como si decidía exterminarnos y morar por siempre en el Infierno.
¿Aún tengo que explicarles por qué Lucifer me atrae?
Venga, vale, lo haré.
Lucifer no se presenta como un ser cándido y sumiso, sino como alguien independiente y extraordinariamente inteligente que, a mi juicio, destroza de un plumazo los mandatos de la Iglesia, ésos que proclaman que para salvarse hay que dejarse flagelar, que hay que tolerar todo lo que se nos cuenta, que no se puede tener opinión propia, sino ser borregos a los que arrear.
Se presenta como un ser que piensa por sí mismo y enfrenta las consecuencias de sus actos aún sabiendo que no va a ser bonito lo que va a venir.
Se presenta como un ser fuerte.
Y no hablo de fortaleza física, sino moral.
Uhm...
No sé, pero estos rasgos los desearía en mi propio hombre ideal.
Como he dicho líneas atrás, tal vez yo fuera increíblemente feliz en el Infierno.
Llámenme hereje.
¡Ojo! No estoy proclamando el mal como satanista histérica o el don de Dios cual mormón piadoso, sólo digo que... Duden, queridos. Los mitos, como todo lo escrito, fue puesto en letras por un motivo y, más aún, con un fin.
Yo les hago una pregunta: ¿Ese Lucifer que leen en las Sagrada Escrituras, y en ese libro mismo que les recomiendo para que reflexionen y que, en unos capítulos que yo misma desprecio, denigra a las mujeres que trabajan, es el Mal? ¿Que entienden por el Mal?
En otra entrada les hablaré sobre otros mitos tremendamente interesantes sobre la Estrella de la Mañana que nada tienen que ver con lo que las Escrituras dicen. Ésas que dicen que la Estrella de a Mañana es quien nos exhorta a ser la mejor versión de nosotros mismos, a diferenciarnos de nuestro vecino, a ser mejores, y no en una versión malévola.
Ni me siento más sabia, ni me siento más superior a nadie, ni me siento con más experiencia que nadie, por eso que dicen que la experiencia es un grado.
Recientemente, ando leyendo cosas muy diversas por el nuevo berenjenal en el que me hallo inmersa. Como muchos de los que me conocen sabrán, mi modo de evadirme es leer más... Sólo que cosas diametralmente opuestas.
Así que, me hallo leyendo sobre mitos.
Leyendas.
Y no hay una figura mitológica que me atraiga más que la de Lucifer.
Luzbel.
Luciel.
El primer ángel caído.
La Estrella de la Mañana.
El primer Rebelde.
Personalmente, no soy muy devota de la Iglesia, algo que tampoco es un secreto entre los que me conocen. En cuanto a la existencia de Dios, soy algo más flexible y, como una constante en mi existencia, nada convencional en mis creencias.
Pero no quiero entrar en eso, no deseo dispersarme en ese sentido.
Al Príncipe de las Tinieblas siempre se le ha considerado un elemento extraordinariamente atractivo en la sociedad actual. ¿Por qué?
Bueno, no puedo imaginármelo, nótese la ironía.
Para empezar, su historia bíblica es lo más parecido a un reality show o a un culebrón de los que estamos acostumbrados en estos días. Bueno, una gran parte de la humanidad encuentra fascinante poder saber de las miserias de los demás para poder evadirse de las suyas propias... Ahí tenemos una muy poco noble y superficial razón.
Pero es que no se trata de un galán cualquiera el que protagoniza este particular culebrón... Estamos hablando de la personificación del mal, su creador. Y el mal tienta... Atrae. He ahí otro motivo.
Luego están los más intelectuales que intentan extrapolar el comportamiento del ser humano a través de sus creencias, la religión, sus mitos... Bueno, ahí mejor no entro. Personalmente pienso que este mito en particular ha perdurado demasiado tiempo como para poder decir que explica el comportamiento social, emocional o psíquico de la sociedad actual... Y a pesar de ello, sigue vigente, sí, lo sé, reconozco la incongruencia y me sorprendo, todo sea dicho.
Y debe haber más motivos, porque yo, personalmente, me siento especialmente interesada en esta figura.
Y no me veo encajada en ninguna de las parcelas anteriormente descritas.
Para empezar, no soy una creyente devota. Conozco las Escrituras, y sin embargo, no creo en ellas. Muchas de mis lecturas y muchas de mis vivencias me han llevado a creer que esas Escrituras están oportunamente manipuladas por la Iglesia con el único fin de mantener su poder (por supuesto, es una opinión, respeto a quien no opine como yo y admiro enormemente cualquier postura, ¿quién soy yo para juzgar? Simplemente expongo mis pensamientos, que no tienen por qué ser dogma de fe... ¡Lo que faltaba! Sólo soy una mísera hormiga en el mundo... Ni hablar ya en el Universo), que existen otros textos apócrifos, como bien apunta la Iglesia, unos aceptados por ella y otros no, oportunamente retirados de la circulación con el fin de mantener al hombre desinformado...
Primer punto negativo a creer a pies juntillas a lo que diga la Biblia.
En el sentido de mi razonamiento, sigo apuntando que la información es poder.
Lo admito, es defecto profesional.
Como Economista, mi primera lección es que toda información es sesgada, desde la Historia que cuenta cualquier texto, hasta cualquier encuesta, por bien elaborada que esté, por lo tanto, siempre, y repito SIEMPRE, es conveniente consultar varias fuentes. Se me ha enseñado a dudar y a leer entre líneas.
Pensamiento crítico, lo llaman.
Bueno, yo no llamaría tanto.
Pero póngale la etiqueta que quieran, en realidad, se trata de informarse y formarse una opinión propia. A mí me gusta escuchar de un modo receptivo, otro rasgo que cualquiera que me conozca, puede señalar en mí (salvo cuando me sale mi vena maña, qué le voy a hacer, el ADN manda), y puede que no sea original, no estoy alardeando de ello, pero en todo relato hay una parte de ficción o, si lo prefieren, de sesgo, y otra de verdad, o si lo prefieren, de objetividad.
Incluso en las novelas más fantasiosas, hay un fundamento, una creencia, una base real.
Y en ello me hallo, documentándome... O si lo prefieren, leyendo cosas absurdas a las que nadie daría ni medio céntimo y que sin embargo, para mí tienen una doble utilidad: evadirme de mi ocupación y hacerme reflexionar sobre esa figura tan venerada como odiada como es Lucifer, el antes preferido del Señor que, de la noche a la mañana, cayó y se convirtió en el Mal absoluto, el horror de la humanidad.
Francamente, tanto drama y exhortación de lo divino me aburre.
Es insultante cómo se presenta evidentemente como la opción salvadora a Dios, engolada y triunfante, frente a un Mal obsceno y ridículamente fácil de señalar.
Entre otras cosas, porque el mal y el bien no son tan fáciles de separar en la sociedad que nos rodea.
Y eso me llevó a leer cosas mucho más elaboradas, novelas o no, donde Lucifer y Dios, no son tan ridículas y más simples, y si me lo permiten, les recomendaré el libro "616. Todo es infierno", de David Zurdo y Ángel Gutiérrez, mitad historia y mitad ficción, absolutamente apasionante que hará temblar sus creencias, si es que las tienen.
Sin embargo, el libro que me hizo reflexionar sobre muchos rasgos humanos fue otro: "Diálogos con el diablo", de Taylor Caldwell, donde se narra la correspondencia entre el arcángel Miguel y el soberbio arcángel Lucifer, que no es enemigo de Dios, sino de la humanidad, y que pone sobre la palestra todos los rasgos de la sociedad actual. Francamente, unos cuantos capítulos me parecieron retrógrados y vomitivos, sin embargo, el resto me hicieron llorar, literalmente, por cómo retrataba, desde un punto de vista tal vez demasiado puritano, aunque no falto de razón, la sociedad en la que vivo.
No me hizo llorar por pensar que la Tierra no tiene salvación a los ojos de Dios, como pretende el libro.
No.
Me hizo llorar porque me hizo darme cuenta de que ese ficticio Lucifer, encabronado hasta querer nuestra exterminación, tenía razón. En su mayor parte. La vida que me rodea es una soberana mierda, y la culpa no es de nadie más que del hombre, por permitir a los corruptos, los cabrones, los ladrones, que haya llegado a ser así. Y en esto, ¿qué más da si crees en Dios o no? Es doloroso. ¿Por qué nadie ha hecho nada?...
Léanse el libro.
Increíble el repaso al ser humano.
El tema al que voy es... Que es cierto.
En ese libro, se plantea a un Lucifer aún arcángel, aunque repudiado por Dios al infierno, donde se deleita dándonos lo que queremos (un punto absolutamente increíble que admiro de ese libro, genial en su maquinación) y en comunicación aún con su padre y hermanos, asqueado con nosotros, decidido a acabar con el hombre por ser la peor de las plagas a pesar de que eso signifique su propio fin, su "no retorno al Cielo". Es más, plantea a sus hermanos una serie de dudas, con la intención de hacerles caer, sobre Dios.
Las mismas dudas que a mí me han venido a la cabeza al pensar en esta figura, en el Mal, una y otra vez.
Son simples.
¿Por qué Dios creó a Lucifer? Es omniscente, según la tradición bíblica. Sabía que Lucifer "lo traicionaría" (si me preguntan a este respecto, puedo extenderme en este tema largo y tendido... Y entonces creo que quedaría claro que yo iría de la manita con Luci al Infierno y, es más, estaría encantada en ese Infierno que narra), que lo enfrentaría durante eones y que "le haría sufrir" destruyendo al hombre y a sí mismo.
Ergo...
¿Por qué aún sabiéndolo, lo creó?
En el libro, Lucifer no obtiene respuesta de sus hermanos arcángeles salvo esquivos "los planes de Dios son inescrutables y es mejor obedecer y callar". Lucifer les apunta muy sabiamente que si no "hacen preguntas impertinentes a Dios", lo cual les hace aún peores que los desdeñables hombres a sus ojos (me encanta el punto provocador del primer arcángel, para qué engañarnos), no están ejerciendo el libre albedrío con el que Él les ha dotado, lo cual es un insulto al Creador. Les pregunta, muy razonablemente que, si él mismo no hubiera caído, ¿quién lo habría hecho? Puesto que al otorgar el libre albedrío a su Creación sin ofrecerles una tentación, no hay libre albedrío, Dios necesitaba el Mal, y por tanto, necesitaba que Lucifer cayera y que, por tanto, él era un Títere de Dios.Hiciera lo que hiciera. Tanto si se arrepentía y volvía al Cielo apara idolatrarlo, como si decidía exterminarnos y morar por siempre en el Infierno.
¿Aún tengo que explicarles por qué Lucifer me atrae?
Venga, vale, lo haré.
Lucifer no se presenta como un ser cándido y sumiso, sino como alguien independiente y extraordinariamente inteligente que, a mi juicio, destroza de un plumazo los mandatos de la Iglesia, ésos que proclaman que para salvarse hay que dejarse flagelar, que hay que tolerar todo lo que se nos cuenta, que no se puede tener opinión propia, sino ser borregos a los que arrear.
Se presenta como un ser que piensa por sí mismo y enfrenta las consecuencias de sus actos aún sabiendo que no va a ser bonito lo que va a venir.
Se presenta como un ser fuerte.
Y no hablo de fortaleza física, sino moral.
Uhm...
No sé, pero estos rasgos los desearía en mi propio hombre ideal.
Como he dicho líneas atrás, tal vez yo fuera increíblemente feliz en el Infierno.
Llámenme hereje.
¡Ojo! No estoy proclamando el mal como satanista histérica o el don de Dios cual mormón piadoso, sólo digo que... Duden, queridos. Los mitos, como todo lo escrito, fue puesto en letras por un motivo y, más aún, con un fin.
Yo les hago una pregunta: ¿Ese Lucifer que leen en las Sagrada Escrituras, y en ese libro mismo que les recomiendo para que reflexionen y que, en unos capítulos que yo misma desprecio, denigra a las mujeres que trabajan, es el Mal? ¿Que entienden por el Mal?
En otra entrada les hablaré sobre otros mitos tremendamente interesantes sobre la Estrella de la Mañana que nada tienen que ver con lo que las Escrituras dicen. Ésas que dicen que la Estrella de a Mañana es quien nos exhorta a ser la mejor versión de nosotros mismos, a diferenciarnos de nuestro vecino, a ser mejores, y no en una versión malévola.
Curioso que, siglos atrás, según yo creo que la Iglesia fue un poder opresor, se considerase a Lucifer. representante de todo esto, el Adversario y la Bestia... Y que se valorase a las virtudes sumisas y obedientes de los demás arcángeles como virtuosas... Me pregunto... ¿Casualidad?
Llámenme Lucifer...
O su novia.
Ciertamente, un hombre así debe ser excitante.
Llámenme Lucifer...
O su novia.
Ciertamente, un hombre así debe ser excitante.
Fear of the dark?
Ha pasado mucho, muchísimo tiempo desde que he escrito.
Y mi vida ha dado muchos giros, unos agradables, otros francamente desagradables.
Bueno, han pasado dos años desde mi último post, al menos desde el último que he dejado 'vivo', así que es de esperar, supongo.
En este año y medio, o dos, he aprendido muchas cosas.
Sería de necios no aprender de lo que la vida te pone por delante.
No ha sido agradable, he de ser sincera.
Mis últimos años no lo han sido.
En absoluto.
Ser mujer y con una fuerte carga de formación a la espalda en estos días que corren son lo peor que le puede pasar a alguien que busca empleo. Exponencialmente peor, si en la casilla de sexo han de marcar 'Femenino'.
Sí, qué ironía, da igual qué formación política haya en el poder, ser mujer y lista no parece ser algo que la sociedad empresarial desee tener entre sus activos. Y perdonen mi arrogancia a la hora de calificarme como 'lista', pero es la deducción lógica cuando en todas, absolutamente todas las entrevistas de trabajo a las que asistes, da igual el puesto, te indican que estás... SOBRECUALIFICADA.!!!???
Oh, por dios, maldita sociedad machista, donde los "altos cargos" empresariales (que en el mundo económico es algo tan insignificante como ser jefe de facturación... Déjenme poner los ojos en blanco, por favor) ven a una mujer con un máster más que ellos y echan a temblar.
No sería la primera vez que, tras recibir la más absoluta bendición por parte del jefe de recursos humanos, recibo un mail "dándome las gracias por participar" y, casualmente ese familiar que te ha recomendado y que es íntimo amigo de tu "potencial futuro jefe", te informa de que el CV lo ha acojonado tanto que ha visto peligrar su puesto y por eso te han dado la patada... ¿Y qué coño ha tenido que hacer ese "jefe hombre" para estar ahí?
¿Lo habría hecho el jefe de recursos humanos si mi nombre hubiera sido Alberto?
Ya se lo digo yo: Nein.
Comprenderán, en este contexto, que acabase hasta los mismísimos ovarios, ¿no?
Por eso me metí en otro mítico DeneBerenjenal.
No voy a entrar en detalles, pero elegí un berenjenal donde, al menos, mi formación fuese valorada.
Bien, pues me encontré con otra serie de hijos de su bendita madre, de jetas, de cabrones... Y he seguido haciendo mala sangre. MUY mala sangre... Sólo que esta vía tiene implicaciones más profundas en las que no voy a entrar.
Mi indignación ha alcanzado cotas... No estratosféricas, sino astrales. Igual que mis ganas de estrangular... Y de llorar de impotencia.
Llegué a preguntarme si no habría metido la pata hasta la más infinita arena movediza...
Pero entonces, los conocí.
Ella me enseñó el poder de la palabra, de la compasión, de la presencia, de la empatía... De una mísera sonrisa.
Él me enseñó muchas, muchísimas cosas más...
Él me dio una bofetada.
O varias.
Y yo a él.
Y sobre todo, me enseñó a sobrevivir en medio de un nido de víboras como nunca había presenciado, a pesar de mi edad. De mi formación. De mi sexo.
Y lo odié.
Ya no.
"Y espérate."
No, realmente fui una ingenua al pensar que lo había visto todo.
Y no, gracias a ellos... No tengo a miedo a la oscuridad.
Y mi vida ha dado muchos giros, unos agradables, otros francamente desagradables.
Bueno, han pasado dos años desde mi último post, al menos desde el último que he dejado 'vivo', así que es de esperar, supongo.
En este año y medio, o dos, he aprendido muchas cosas.
Sería de necios no aprender de lo que la vida te pone por delante.
No ha sido agradable, he de ser sincera.
Mis últimos años no lo han sido.
En absoluto.
Ser mujer y con una fuerte carga de formación a la espalda en estos días que corren son lo peor que le puede pasar a alguien que busca empleo. Exponencialmente peor, si en la casilla de sexo han de marcar 'Femenino'.
Sí, qué ironía, da igual qué formación política haya en el poder, ser mujer y lista no parece ser algo que la sociedad empresarial desee tener entre sus activos. Y perdonen mi arrogancia a la hora de calificarme como 'lista', pero es la deducción lógica cuando en todas, absolutamente todas las entrevistas de trabajo a las que asistes, da igual el puesto, te indican que estás... SOBRECUALIFICADA.!!!???
Oh, por dios, maldita sociedad machista, donde los "altos cargos" empresariales (que en el mundo económico es algo tan insignificante como ser jefe de facturación... Déjenme poner los ojos en blanco, por favor) ven a una mujer con un máster más que ellos y echan a temblar.
No sería la primera vez que, tras recibir la más absoluta bendición por parte del jefe de recursos humanos, recibo un mail "dándome las gracias por participar" y, casualmente ese familiar que te ha recomendado y que es íntimo amigo de tu "potencial futuro jefe", te informa de que el CV lo ha acojonado tanto que ha visto peligrar su puesto y por eso te han dado la patada... ¿Y qué coño ha tenido que hacer ese "jefe hombre" para estar ahí?
¿Lo habría hecho el jefe de recursos humanos si mi nombre hubiera sido Alberto?
Ya se lo digo yo: Nein.
Comprenderán, en este contexto, que acabase hasta los mismísimos ovarios, ¿no?
Por eso me metí en otro mítico DeneBerenjenal.
No voy a entrar en detalles, pero elegí un berenjenal donde, al menos, mi formación fuese valorada.
Bien, pues me encontré con otra serie de hijos de su bendita madre, de jetas, de cabrones... Y he seguido haciendo mala sangre. MUY mala sangre... Sólo que esta vía tiene implicaciones más profundas en las que no voy a entrar.
Mi indignación ha alcanzado cotas... No estratosféricas, sino astrales. Igual que mis ganas de estrangular... Y de llorar de impotencia.
Llegué a preguntarme si no habría metido la pata hasta la más infinita arena movediza...
Pero entonces, los conocí.
Ella me enseñó el poder de la palabra, de la compasión, de la presencia, de la empatía... De una mísera sonrisa.
Él me enseñó muchas, muchísimas cosas más...
Él me dio una bofetada.
O varias.
Y yo a él.
Y sobre todo, me enseñó a sobrevivir en medio de un nido de víboras como nunca había presenciado, a pesar de mi edad. De mi formación. De mi sexo.
Y lo odié.
Ya no.
"Y espérate."
No, realmente fui una ingenua al pensar que lo había visto todo.
Y no, gracias a ellos... No tengo a miedo a la oscuridad.
Egocentrismo y supervivencia
Es curioso.
A estas alturas de mi vida en las que he perdido tantas cosas, muchas fundamentales, no esperaba encontrarme con esto.
Expectativas.
Esperanza.
Planes.
Qué cosa tan extraña en esta vida, ¿verdad?
Prueben a opositar y verán que lo extraño de la vida es que esos planes no se caiga a pedazos. Que no den vueltas de 180º. Que no le desbaraten los planes de forma cruel e inesperada.
Opositar es sobrevivir.
Como un jodido naufrago sin nada a lo que aferrarse.
¿Expectativas?
¿Esperanza?
No se puede contar con ellas.
Es supervivencia pura y dura.
Cruel.
Y de repente...
Zas.
Tu mundo cambia.
¿Y qué haces?
Sobrevivir.
Porque es lo único que sabes hacer.
O al menos lo único que recuerdas.
A estas alturas de mi vida en las que he perdido tantas cosas, muchas fundamentales, no esperaba encontrarme con esto.
Expectativas.
Esperanza.
Planes.
Qué cosa tan extraña en esta vida, ¿verdad?
Prueben a opositar y verán que lo extraño de la vida es que esos planes no se caiga a pedazos. Que no den vueltas de 180º. Que no le desbaraten los planes de forma cruel e inesperada.
Opositar es sobrevivir.
Como un jodido naufrago sin nada a lo que aferrarse.
¿Expectativas?
¿Esperanza?
No se puede contar con ellas.
Es supervivencia pura y dura.
Cruel.
Y de repente...
Zas.
Tu mundo cambia.
¿Y qué haces?
Sobrevivir.
Porque es lo único que sabes hacer.
O al menos lo único que recuerdas.
Sombra aquí y sombra allá
La gente que se cruza conmigo, me encasilla como a alguien que no ha cruzado apenas la treintena.
Déjenme decirles que...
Me descojono ante esa reacción.
Internamente.
No hay NADA como el factor sorpresa.
Francamente, a los dieciocho o los veinte tenía su punto puñetero. Lo de ir a todas partes con el jodido DNI para que te dejaran entrar donde tus amigas entraban de calle incluso con dieciséis... Bueno, supongo que el Karma tiene su modo de compensar sus putadas.
Aunque, todo sea dicho, a mí no me ha importado mucho nunca quedarme fuera de las discotecas/pubs/lo que fuera, porque, a pesar de todo, tenía amigas que se apiadaban de mí y, a pesar de no poder entrar, me sacaban el litro de la guarrada de turno con alcohol y de hecho, era yo la que expandía sus horizontes sociales.
Hoy por hoy, con mis treinta y cinco años... Me importa muy poco la edad que los demás piensen que tengo. Aún menos que a os dieciséis.
Francamente, nunca he sido alguien que esconda su edad.
Pero no deja de ser gracioso como te juzgan los demás por tu apariencia. O por tu edad.
De hecho, mi "queridísimo amigo/vecino", el heavy que es un super guay y por el cual lloro, no por sus bóxers de los pitufos, sino porque escucha heavy, heavy de verdad, pero luego se cruza contigo en el ascensor y te dice 'chao' con un deje inconfundiblemente guay de gimnasio... Y me lo encuentro saliendo a las diez de la noche, saliendo con una niña lacoste y tommy hilfigher, de tacones infinitos...
Si esa mema supiera que probabemente mi ropa y mis tacones podrían pasarle por encima en cuanto a factura, si quisiera, pero que no me da la gana...
Si supiera que no soy la niña que ella cree que soy, a pesar de sus cremas y maquillajes de Dior....
Ay, las apariencias.
¿Qué coño le pasa al mundo?
Quiero decir... Sí, siempre habrá memos y memas (a pesar de que escuchen Iron Maiden o Scorpions). Pero, en serio, incluso mi vecina del segundo piensa que soy una estúpida veinteañera, algo que disto muchísimo de ser.
Si ella supiera que no, no lo soy, y que además escucho todas y cada una de las discusiones que tiene con su marido...
Lo que sí tengo claro es que, si yo estuviera casada y me vieran con mi flamante pareja, nadie, absolutamente nadie, ni el heavy memo, ni la nena lacoste, ni la vecina estúpida... Pensarían que podrían pasarme por encima.
Una lástima que las apariencias engañen.
O que piensen que necesito a un hombre a mi lado para protegerme de la gente mala.
Nunca me ha gustado que toquen los cojones.
Ni siquiera si no tengo de eso.
Así me va con mis vecinos, que se encuentran con lo que no se esperan...
Déjenme decirles que...
Me descojono ante esa reacción.
Internamente.
No hay NADA como el factor sorpresa.
Francamente, a los dieciocho o los veinte tenía su punto puñetero. Lo de ir a todas partes con el jodido DNI para que te dejaran entrar donde tus amigas entraban de calle incluso con dieciséis... Bueno, supongo que el Karma tiene su modo de compensar sus putadas.
Aunque, todo sea dicho, a mí no me ha importado mucho nunca quedarme fuera de las discotecas/pubs/lo que fuera, porque, a pesar de todo, tenía amigas que se apiadaban de mí y, a pesar de no poder entrar, me sacaban el litro de la guarrada de turno con alcohol y de hecho, era yo la que expandía sus horizontes sociales.
Hoy por hoy, con mis treinta y cinco años... Me importa muy poco la edad que los demás piensen que tengo. Aún menos que a os dieciséis.
Francamente, nunca he sido alguien que esconda su edad.
Pero no deja de ser gracioso como te juzgan los demás por tu apariencia. O por tu edad.
De hecho, mi "queridísimo amigo/vecino", el heavy que es un super guay y por el cual lloro, no por sus bóxers de los pitufos, sino porque escucha heavy, heavy de verdad, pero luego se cruza contigo en el ascensor y te dice 'chao' con un deje inconfundiblemente guay de gimnasio... Y me lo encuentro saliendo a las diez de la noche, saliendo con una niña lacoste y tommy hilfigher, de tacones infinitos...
Si esa mema supiera que probabemente mi ropa y mis tacones podrían pasarle por encima en cuanto a factura, si quisiera, pero que no me da la gana...
Si supiera que no soy la niña que ella cree que soy, a pesar de sus cremas y maquillajes de Dior....
Ay, las apariencias.
¿Qué coño le pasa al mundo?
Quiero decir... Sí, siempre habrá memos y memas (a pesar de que escuchen Iron Maiden o Scorpions). Pero, en serio, incluso mi vecina del segundo piensa que soy una estúpida veinteañera, algo que disto muchísimo de ser.
Si ella supiera que no, no lo soy, y que además escucho todas y cada una de las discusiones que tiene con su marido...
Lo que sí tengo claro es que, si yo estuviera casada y me vieran con mi flamante pareja, nadie, absolutamente nadie, ni el heavy memo, ni la nena lacoste, ni la vecina estúpida... Pensarían que podrían pasarme por encima.
Una lástima que las apariencias engañen.
O que piensen que necesito a un hombre a mi lado para protegerme de la gente mala.
Nunca me ha gustado que toquen los cojones.
Ni siquiera si no tengo de eso.
Así me va con mis vecinos, que se encuentran con lo que no se esperan...
De tal palo, tal astilla
Dicen que con la edad los defectos se acentúan... Y que la nariz y las orejas siguen creciendo.
Doy gracias a Dios por tener una nariz pequeña, porque lo de los defectos lo estoy viviendo en mis propias carnes. Y, joder, una vez llegados a la edad adulta, ¡qué puñeteramente difícil es corregir esos aspectos de uno mismo que no nos gustan!
Siendo sincera, yo a veces sólo puedo tirar la toalla.
Mi yo testarudo es más perseverante que mi fuerza de voluntad.
Muchísimo más.
Si además eso es exactamente lo que quieres cambiar... Se convierte en una cuestión de orgullo.
Y eso es una combinación explosiva.
Ego, orgullo, carácter, fuerza de voluntad... ¿Cómo saber cuándo, dónde parar, si alguna de esas tres potentes características va a salir herida? ¿Cómo ver la línea que separa el orgullo o la testarudez de un error, un error estúpido, además, para evitar el desastre?
Supongo que debería haberme licenciado en psicología y filosofía en lugar de economía, pero, oigan, sé bien que eso no da de comer. La economía, por otro lado... No es que sea sinónimo de dinero, menos aún en estos días de depresión (curioso como la economía y la psicología comparten al menos palabras, ¿eh?), pero algo sí pone de mi parte.
La adolescencia, sin embargo, es otro cantar. Esa testarudez nace de la rebelión, del ansia de libertad, de querer hacerse oír y contar como uno más en nuestro entorno. Aunque eso no es necesariamente sinónimo de tomar las decisiones adecuadas. Lo cual tampoco es necesariamente malo, porque si de algo aprende el ser humano, es de los errores... Aunque a veces tampoco es el caso.
Lo que vengo a decir con esto es que hace poco estuve con mis primos.
Los mayores ya están en una edad en la que han afianzado su opinión y, en plena edad adulta, ni siquiera se cuestionan si sus palabras u opiniones puedan ser las correctas o, peor aún, puedan coexistir con las de los demás, un error muy común cuando pensamos que nuestro punto de vista es el correcto y no pensamos que la forma de ver las cosas de la persona de al lado pueda ser igual de válida o incluso complementaria a la nuestra.
La relatividad no es algo que se acepte fácilmente; cuestión de ego, supongo.
Una lástima.
Y que eso lo diga yo, una extremista patológica, tiene su mérito. Para que vean; se pueden hacer avances incluso entre los más radicales de nosotros ;)
Sin embargo, mis primos pequeños, en una edad adolescente o incluso ya entrando en la edad adulta... Ay, Dios. Me compadezco de ellos.
Con semejante caldo de cultivo del que alimentarse... ¿Cómo va a terminar el asunto? Si la generación anterior somos tan testarudos, tan intransigentes, tan... [Autoanalícense y escriban aquí sus peores rasgos... Duele, ¿eh?], ¿cómo no van a intensificarse esas mismas cualidades en la siguiente, si somos el espejo en el que se miran y ésos son los rasgos que están mamando?
Joder, me echo a temblar.
Tal vez sea algo bueno no tener en el horizonte cercano ser madre, al menos en el aspecto que estoy tratando.
Lo que quiero decir es que... Sí, nos quejamos todos de que las nuevas generaciones vienen siendo narcisistas, radicales y mil cosas más. Y no niego que soy la primera en hacerlo ni niego que sea cierto, pero... ¿Se han parado a pensar que tal vez, sólo tal vez, nosotros les hemos dado las herramientas y los genes? ¿Que también tenemos nuestra parte de culpa?
Como bien he dicho, menos mal que no tengo hijos que supongan el botón a mostrar como ejemplo en lo que acabo de escribir. De este modo se queda sólo en palabras hipotéticas y a las que nadie hará mucho caso.
*Escalofríos*
Edito: En Fin, me voy a ver The Flash, para que vean lo profunda que soy las 24 horas del día, non stop.
Y sí, me empapo tanto Arrow, como Flash, como otras series del mismo calibre. De hecho, tengo pendiente hasta una miniserie de Nightwing que me da escalofríos sólo de pensar en ella (esta reseña sólo la captarán los más frikis... Y yo me enorgulleceré de ellos). De los de anticipación y risitas nerviosas adolescentes.
Mientras tanto, aquí tienen mi última rallada mental. Por si se les hace muy larga la espera del último capítulo de Gotham o The Vampire Diaries y necesitan distracción.
Encantada de dársela.
Doy gracias a Dios por tener una nariz pequeña, porque lo de los defectos lo estoy viviendo en mis propias carnes. Y, joder, una vez llegados a la edad adulta, ¡qué puñeteramente difícil es corregir esos aspectos de uno mismo que no nos gustan!
Siendo sincera, yo a veces sólo puedo tirar la toalla.
Mi yo testarudo es más perseverante que mi fuerza de voluntad.
Muchísimo más.
Si además eso es exactamente lo que quieres cambiar... Se convierte en una cuestión de orgullo.
Y eso es una combinación explosiva.
Ego, orgullo, carácter, fuerza de voluntad... ¿Cómo saber cuándo, dónde parar, si alguna de esas tres potentes características va a salir herida? ¿Cómo ver la línea que separa el orgullo o la testarudez de un error, un error estúpido, además, para evitar el desastre?
Supongo que debería haberme licenciado en psicología y filosofía en lugar de economía, pero, oigan, sé bien que eso no da de comer. La economía, por otro lado... No es que sea sinónimo de dinero, menos aún en estos días de depresión (curioso como la economía y la psicología comparten al menos palabras, ¿eh?), pero algo sí pone de mi parte.
La adolescencia, sin embargo, es otro cantar. Esa testarudez nace de la rebelión, del ansia de libertad, de querer hacerse oír y contar como uno más en nuestro entorno. Aunque eso no es necesariamente sinónimo de tomar las decisiones adecuadas. Lo cual tampoco es necesariamente malo, porque si de algo aprende el ser humano, es de los errores... Aunque a veces tampoco es el caso.
Lo que vengo a decir con esto es que hace poco estuve con mis primos.
Los mayores ya están en una edad en la que han afianzado su opinión y, en plena edad adulta, ni siquiera se cuestionan si sus palabras u opiniones puedan ser las correctas o, peor aún, puedan coexistir con las de los demás, un error muy común cuando pensamos que nuestro punto de vista es el correcto y no pensamos que la forma de ver las cosas de la persona de al lado pueda ser igual de válida o incluso complementaria a la nuestra.
La relatividad no es algo que se acepte fácilmente; cuestión de ego, supongo.
Una lástima.
Y que eso lo diga yo, una extremista patológica, tiene su mérito. Para que vean; se pueden hacer avances incluso entre los más radicales de nosotros ;)
Sin embargo, mis primos pequeños, en una edad adolescente o incluso ya entrando en la edad adulta... Ay, Dios. Me compadezco de ellos.
Con semejante caldo de cultivo del que alimentarse... ¿Cómo va a terminar el asunto? Si la generación anterior somos tan testarudos, tan intransigentes, tan... [Autoanalícense y escriban aquí sus peores rasgos... Duele, ¿eh?], ¿cómo no van a intensificarse esas mismas cualidades en la siguiente, si somos el espejo en el que se miran y ésos son los rasgos que están mamando?
Joder, me echo a temblar.
Tal vez sea algo bueno no tener en el horizonte cercano ser madre, al menos en el aspecto que estoy tratando.
Lo que quiero decir es que... Sí, nos quejamos todos de que las nuevas generaciones vienen siendo narcisistas, radicales y mil cosas más. Y no niego que soy la primera en hacerlo ni niego que sea cierto, pero... ¿Se han parado a pensar que tal vez, sólo tal vez, nosotros les hemos dado las herramientas y los genes? ¿Que también tenemos nuestra parte de culpa?
Como bien he dicho, menos mal que no tengo hijos que supongan el botón a mostrar como ejemplo en lo que acabo de escribir. De este modo se queda sólo en palabras hipotéticas y a las que nadie hará mucho caso.
*Escalofríos*
Edito: En Fin, me voy a ver The Flash, para que vean lo profunda que soy las 24 horas del día, non stop.
Y sí, me empapo tanto Arrow, como Flash, como otras series del mismo calibre. De hecho, tengo pendiente hasta una miniserie de Nightwing que me da escalofríos sólo de pensar en ella (esta reseña sólo la captarán los más frikis... Y yo me enorgulleceré de ellos). De los de anticipación y risitas nerviosas adolescentes.
Mientras tanto, aquí tienen mi última rallada mental. Por si se les hace muy larga la espera del último capítulo de Gotham o The Vampire Diaries y necesitan distracción.
Encantada de dársela.
Dije, digo, Diego.
Oh, sí, la vida es jodidamente corta.
Y yo me la paso hablando por el fijo, moliendo café... El Playmobil es muy consciente de cuánto me implico en mis tareas (y, muy probablemente, el único que se ría el chiste; no es para menos, se lo he dedicado).
La verdad es que no me considero una persona muy constante.
Yo soy de ese tipo de personas que vive en continuos ciclos (lunares, para más señas, algo poco sano para la salud mental de los que me rodean, porque también mi genio y mi humor son una jodida veleta; digamos que no soy apta para cardíacos y/o pusilánimes), así que vivo en un constante ir y venir de etapas en las que no entro en casa ni por el forro o no salgo ni para comprar el pan... Tampoco como mucho pan, todo sea dicho, por no decir prácticamente nada, así que pueden hacerse una idea de mi extremismo.
Extremista es la palabra que probablemente mejor me define. No tengo muchos grises para prácticamente nada, y mi vida diaria no escapa al adjetivo.
En una de mis etapas de vida contemplativa y cartuja, forzada por propia voluntad, todo sea dicho, no dejo de preguntarme cómo otras personas se vuelven medio locas cuando pasan encerradas en casa uno o dos días seguidos sin salir (y no hablo de mi amiga Raquel, que es un jodido huracán que apenas duerme cinco horas y no para en todo el día fuera ni dentro de casa, sino de una persona normal y corriente y, si me apuran, incluso del oso en hibernación de mi padre, que ahora jubilado sin otro pito que hacer que tocarse las narices a placer, sale como mínimo tres veces al día de casa), cuando yo fácilmente me paso siete y sigo tan fresca e incluso refunfuño cuando tengo que salir por causas de fuerza mayor. Véase: comprar tabaco, comida, cervezas o chocolate.
En pocas palabras, no me encuentro incómoda con la soledad, ni mucho menos con largos periodos de aislamiento.
Sin embargo, soy muy consciente de que el tiempo más allá de las cristaleras del salón sigue pasando... Vale, soy consciente vagamente. O en algún momento de reflexión y horror cuando me doy cuenta del día que es.
Más de una persona se echa las manos a la cabeza y me tacha de loca, 'que estoy perdiendo el tiempo', dicen.
¿Perdón? El tiempo lo perderás tú, porque yo, taxativamente NO.
Puedo no pisar la calle, de acuerdo, pero... ¿Perder el tiempo?
Por el amor de Dios, ¿saben ustedes cuántas cosas se pueden hacer desde casa sin moverse? Me apuesto el sueldo que no tengo a que no tienen ni idea. Es más, me apuesto la paga extra que tampoco tengo a que, si se quedasen encerrados en casa por causas de fuerza mayor, les daría un ataque de histeria o se quedarían en el sofá fabricando concienzudamente un hueco inamovible con la forma de su culo como Homer Simpson.
Queridos...
Qué. Poca. Imaginación.
Francamente, mi mundo interior es lo suficientemente rico como para permanecer en casa y no echar de menos el salir por un sencillo motivo: no me aburro. Siempre encuentro algo que hacer, siempre encuentro la forma de divertirme, siempre encuentro la forma de reírme, siempre tengo alguien con quién hablar, siempre encuentro la forma de reflexionar sobre algo importante o de solucionar mil entuertos sin necesidad de salir de casa (créanme, cuando tienen que convivir con un cierzo de la leche y una lluvia del copón, es francamente útil), aunque esté sola.
Perdonen mi soberbia, pero los que no tienen ni idea son ustedes. Sí, sí, ustedes, los que me tachan de loca que no sale a la calle.
¿Se han planteado que tal vez, sólo tal vez, no salga porque no quiero?
Estoy hasta los mismísimos cojones, que, para variar, tampoco tengo, físicamente hablando.
Aquellos que piensan que no tengo vida social, que no estoy bien de la cabeza, que estoy enferma... ¿Se habrán planteado alguna vez que a mí no me falta de nada a pesar de todo? ¿Que tal vez, sólo tal vez, los faltos de imaginación y recursos son ellos?
Oh, por Dios, váyanse a la mierda, queridos. Tal vez así se den cuenta de cómo huele todo lo que se cuece en sus cerebros... Se llaman prejuicios. Y más cosas nada agradables.
¿Juzgo yo a aquellos que no entran en casa ni cuando graniza? Por supuesto que no, porque yo a veces también lo hago.
Francamente, pienso que son un poco cortos de miras.
Entiendo que hay personas que sencillamente son demasiado activas para hacer algo así. ¿Se han planteado que hay personas que SÍ pueden hacerlo?
Odio los jodidos juicios de valor cuando la gente no tiene ni puta idea.
He dicho.
Ah.
Y estoy hasta los cojones, también.
He dicho.
Si no me apetece salir y no tengo ninguna necesidad de hacerlo, díganme, ¿POR QUÉ COÑO DEBERÍA HACERLO?
Desde luego, lo que más pena me da es la gente que es incapaz de empatizar, de comprender o de aceptar que pueda haber una opinión aparte de la propia que también es válida y que eso de las verdades universales no siempre funciona con el puñetero y heterogéneo ser humano.
Virgen Santa, cuánto lerdo y soberbio hay por el mundo.
Y qué ganas de darles alguna que otra guantada en la boca...
Como si yo no supiera qué quiero en esta jodida vida y viviera en la inopia sin saber lo que hay en este mundo a mis treinta y cuatro años. Hay que joderse...
Lo que me lleva a pensar... Que son ellos los que no saben en absoluto quiénes son, qué quieren y qué pueden esperarse de este mundo.
Y de eso, SÍ que tengo.
Y yo me la paso hablando por el fijo, moliendo café... El Playmobil es muy consciente de cuánto me implico en mis tareas (y, muy probablemente, el único que se ría el chiste; no es para menos, se lo he dedicado).
La verdad es que no me considero una persona muy constante.
Yo soy de ese tipo de personas que vive en continuos ciclos (lunares, para más señas, algo poco sano para la salud mental de los que me rodean, porque también mi genio y mi humor son una jodida veleta; digamos que no soy apta para cardíacos y/o pusilánimes), así que vivo en un constante ir y venir de etapas en las que no entro en casa ni por el forro o no salgo ni para comprar el pan... Tampoco como mucho pan, todo sea dicho, por no decir prácticamente nada, así que pueden hacerse una idea de mi extremismo.
Extremista es la palabra que probablemente mejor me define. No tengo muchos grises para prácticamente nada, y mi vida diaria no escapa al adjetivo.
En una de mis etapas de vida contemplativa y cartuja, forzada por propia voluntad, todo sea dicho, no dejo de preguntarme cómo otras personas se vuelven medio locas cuando pasan encerradas en casa uno o dos días seguidos sin salir (y no hablo de mi amiga Raquel, que es un jodido huracán que apenas duerme cinco horas y no para en todo el día fuera ni dentro de casa, sino de una persona normal y corriente y, si me apuran, incluso del oso en hibernación de mi padre, que ahora jubilado sin otro pito que hacer que tocarse las narices a placer, sale como mínimo tres veces al día de casa), cuando yo fácilmente me paso siete y sigo tan fresca e incluso refunfuño cuando tengo que salir por causas de fuerza mayor. Véase: comprar tabaco, comida, cervezas o chocolate.
En pocas palabras, no me encuentro incómoda con la soledad, ni mucho menos con largos periodos de aislamiento.
Sin embargo, soy muy consciente de que el tiempo más allá de las cristaleras del salón sigue pasando... Vale, soy consciente vagamente. O en algún momento de reflexión y horror cuando me doy cuenta del día que es.
Más de una persona se echa las manos a la cabeza y me tacha de loca, 'que estoy perdiendo el tiempo', dicen.
¿Perdón? El tiempo lo perderás tú, porque yo, taxativamente NO.
Puedo no pisar la calle, de acuerdo, pero... ¿Perder el tiempo?
Por el amor de Dios, ¿saben ustedes cuántas cosas se pueden hacer desde casa sin moverse? Me apuesto el sueldo que no tengo a que no tienen ni idea. Es más, me apuesto la paga extra que tampoco tengo a que, si se quedasen encerrados en casa por causas de fuerza mayor, les daría un ataque de histeria o se quedarían en el sofá fabricando concienzudamente un hueco inamovible con la forma de su culo como Homer Simpson.
Queridos...
Qué. Poca. Imaginación.
| Uno de los placeres de vivir solo y tener sentido del humor suficiente como para divertirse solo: el karaoke sin vergüenza a lo Risky Business. Aprendan, coño... |
Perdonen mi soberbia, pero los que no tienen ni idea son ustedes. Sí, sí, ustedes, los que me tachan de loca que no sale a la calle.
¿Se han planteado que tal vez, sólo tal vez, no salga porque no quiero?
Estoy hasta los mismísimos cojones, que, para variar, tampoco tengo, físicamente hablando.
Aquellos que piensan que no tengo vida social, que no estoy bien de la cabeza, que estoy enferma... ¿Se habrán planteado alguna vez que a mí no me falta de nada a pesar de todo? ¿Que tal vez, sólo tal vez, los faltos de imaginación y recursos son ellos?
Oh, por Dios, váyanse a la mierda, queridos. Tal vez así se den cuenta de cómo huele todo lo que se cuece en sus cerebros... Se llaman prejuicios. Y más cosas nada agradables.
¿Juzgo yo a aquellos que no entran en casa ni cuando graniza? Por supuesto que no, porque yo a veces también lo hago.
Francamente, pienso que son un poco cortos de miras.
Entiendo que hay personas que sencillamente son demasiado activas para hacer algo así. ¿Se han planteado que hay personas que SÍ pueden hacerlo?
Odio los jodidos juicios de valor cuando la gente no tiene ni puta idea.
He dicho.
Ah.
Y estoy hasta los cojones, también.
He dicho.
Si no me apetece salir y no tengo ninguna necesidad de hacerlo, díganme, ¿POR QUÉ COÑO DEBERÍA HACERLO?
Desde luego, lo que más pena me da es la gente que es incapaz de empatizar, de comprender o de aceptar que pueda haber una opinión aparte de la propia que también es válida y que eso de las verdades universales no siempre funciona con el puñetero y heterogéneo ser humano.
Virgen Santa, cuánto lerdo y soberbio hay por el mundo.
Y qué ganas de darles alguna que otra guantada en la boca...
Como si yo no supiera qué quiero en esta jodida vida y viviera en la inopia sin saber lo que hay en este mundo a mis treinta y cuatro años. Hay que joderse...
Lo que me lleva a pensar... Que son ellos los que no saben en absoluto quiénes son, qué quieren y qué pueden esperarse de este mundo.
Y de eso, SÍ que tengo.
La voz. Principio y fin.
Dicen que, en los recuerdos, lo primero que se pierde es el sonido de la voz de la persona que has dejado de ver, por el motivo que sea.
Es el primer paso para que ese recuerdo empiece a deteriorarse.
A descomponerse.
A destruirse.
A borrarse.
Hay muchas personas que he perdido a lo largo de mi vida y, sorprendentemente, puedo decir que eso es cierto, porque, ya sea porque soy un culo de mal asiento, porque tengo la tendencia de desaparecer o intovertirme de un modo enfermizo cuando sé que soy insoportable y no quiero que nadie más que yo lidie con mis demonios, o porque sencillamente hay personas con las que me siento tan decepcionada que sencillamente no les doy opción a volver a mí, puedo decir que hay muchas personas a las que no he vuelto a ver a lo largo de mi vida.
Sin embargo, también soy increíblemente emocional y, cuando alguien me toca el corazoncito, no lo olvido. Y cuando digo que no lo olvido, es que ni siquiera olvido su voz.
Lo gracioso del asunto es que hay personas cuya existencia había olvidado, literalmente, y sin embargo, aunque ni siquiera recuerdo sus nombres, ver una foto, recuperar un mínimo recuerdo... Y ahí está, su voz.
Odio, amor, amistad...
Todos esos sentimientos me hacen recordar detalles que... Sí, ahí está, su voz.
Y sin embargo, hay personas cuya presencia nunca ha llegado a arraigar en mí y que... Su voz no existe dentro de mí.
No puedo.
Soy incapaz.
Es como si no pudieran hablar en mis recuerdos.
Mudos.
Supongo que dice mucho de mí que la persona que ahora mismo me venga a la cabeza sea mi último ex.
Sí, me hizo mucho daño, pero no más que otros, con lo cual me planteo si realmente tuve sentimientos por él.
La respuesta es clara.
No.
Creí tenerlos.
Pero no los tuve.
Es gracioso, porque recuerdo la risa siempre divertida de Patricia, recuerdo perfectamente los gruñidos de mi abuelo cuando perdía el Zaragoza o los lamentos de mi abuela cuando veía a un torero que lo pillaba el toro (jamás me pregunten por qué le gustaba ver los toros mientras hacía punto, porque ella decía que no le gustaban...). Recuerdo incluso los comentarios sarcásticos en extremo de Jordi o el tono airado de Pili cuando perdía una recepción en voleybol (lo malo de ser receptora en voley es que siempre, la otra receptora, es un camionero... Al menos, todas mis compañeras lo fueron). Y recuerdo los dardos envenenados de Andrea. O los lamentos de Eva.
Y todas las personas que he nombrado no las veo desde hace quince o dieciocho años.
¿Por qué soy incapaz de recordar a mi ex, si lo vi en el 2010? Estuve con él y su nuevo ligue en uno de los garitos de Zaragoza, lo recuerdo a la perfección y, sin embargo... No su voz.
Se ha desvanecido.
Fácil respuesta, porque dejó de importarme su recuerdo.
Dejó de importarme él.
Dicen que los cáncer tendemos a vivir en el pasado. Yo no estoy de acuerdo, no es que vivamos en el pasado, es que el pasado nos está muy presente. Nos pesa.
Eso es bueno.
Y malo.
En este tema, para mí, es bueno.
Pone de relieve sentimientos y sensaciones que, de otro modo, no sería consciente de tener. Porque, por si no lo saben, nado en emociones. Como todos los cáncer.
Sin embargo, hay un recuerdo que no me deja.
Y yo no quiero que lo haga, todo hay que decirlo.
Él.
Siempre él.
Todo él.
No es sólo que recuerde su voz, sino que lo recuerdo todo, TODO, como si lo estuviese sintiendo en ese preciso instante.
Su voz siempre con ese puntito de diversión, su media sonrisa entre traviesa y soñadora, su mirada verde perdida, como si estuviera en otro lugar al que me gustaría ir con él. Y su forma de tocarme cuando me cogía por la cintura... Ni siquiera puedo describirlo... Sigo sintiendo escalofríos al recordarlo, porque es como si volviese a sentirlo.
Miento.
Lo siento.
Pero no es él, falta algo.
Él.
Él va más allá de todos mis recuerdos.
Él siempre será...
Él.
No importa lo que haga. No importa lo lejos que esté. No importa nada. Porque siempre será importante para mí. Siempre lo reviviré en mis recuerdos de una forma especialmente vívida, porque para mí siempre será la persona más importante, aunque no esté ahí para mí... Nunca va a haber nadie como él para mí. Y supongo que lo supe incluso antes de conocerlo, aunque fuera de una forma extraña y en ese momento no fuese consciente...
Es duro. Es jodidamente duro no tenerlo cuando es todo lo que deseas, todo lo que buscas, todo lo que...
Él es todo.
Y lo echo de menos de una forma dolorosa.
Y sin embargo, siempre está ahí.
Es... Tan jodidamente frustrante...
Y sí.
Ya lo sabían.
Estoy un poco loca, pero quédense con el mensaje de post: ¿recuerdan o no recuerdan la voz de esa persona que dicen ser importante para ustedes?
Es el primer paso para que ese recuerdo empiece a deteriorarse.
A descomponerse.
A destruirse.
A borrarse.
Hay muchas personas que he perdido a lo largo de mi vida y, sorprendentemente, puedo decir que eso es cierto, porque, ya sea porque soy un culo de mal asiento, porque tengo la tendencia de desaparecer o intovertirme de un modo enfermizo cuando sé que soy insoportable y no quiero que nadie más que yo lidie con mis demonios, o porque sencillamente hay personas con las que me siento tan decepcionada que sencillamente no les doy opción a volver a mí, puedo decir que hay muchas personas a las que no he vuelto a ver a lo largo de mi vida.
Sin embargo, también soy increíblemente emocional y, cuando alguien me toca el corazoncito, no lo olvido. Y cuando digo que no lo olvido, es que ni siquiera olvido su voz.
Lo gracioso del asunto es que hay personas cuya existencia había olvidado, literalmente, y sin embargo, aunque ni siquiera recuerdo sus nombres, ver una foto, recuperar un mínimo recuerdo... Y ahí está, su voz.
Odio, amor, amistad...
Todos esos sentimientos me hacen recordar detalles que... Sí, ahí está, su voz.
No puedo.
Soy incapaz.
Es como si no pudieran hablar en mis recuerdos.
Mudos.
Supongo que dice mucho de mí que la persona que ahora mismo me venga a la cabeza sea mi último ex.
Sí, me hizo mucho daño, pero no más que otros, con lo cual me planteo si realmente tuve sentimientos por él.
La respuesta es clara.
No.
Creí tenerlos.
Pero no los tuve.
Es gracioso, porque recuerdo la risa siempre divertida de Patricia, recuerdo perfectamente los gruñidos de mi abuelo cuando perdía el Zaragoza o los lamentos de mi abuela cuando veía a un torero que lo pillaba el toro (jamás me pregunten por qué le gustaba ver los toros mientras hacía punto, porque ella decía que no le gustaban...). Recuerdo incluso los comentarios sarcásticos en extremo de Jordi o el tono airado de Pili cuando perdía una recepción en voleybol (lo malo de ser receptora en voley es que siempre, la otra receptora, es un camionero... Al menos, todas mis compañeras lo fueron). Y recuerdo los dardos envenenados de Andrea. O los lamentos de Eva.
Y todas las personas que he nombrado no las veo desde hace quince o dieciocho años.
¿Por qué soy incapaz de recordar a mi ex, si lo vi en el 2010? Estuve con él y su nuevo ligue en uno de los garitos de Zaragoza, lo recuerdo a la perfección y, sin embargo... No su voz.
Se ha desvanecido.
Fácil respuesta, porque dejó de importarme su recuerdo.
Dejó de importarme él.
Dicen que los cáncer tendemos a vivir en el pasado. Yo no estoy de acuerdo, no es que vivamos en el pasado, es que el pasado nos está muy presente. Nos pesa.
Eso es bueno.
Y malo.
En este tema, para mí, es bueno.
Pone de relieve sentimientos y sensaciones que, de otro modo, no sería consciente de tener. Porque, por si no lo saben, nado en emociones. Como todos los cáncer.
Sin embargo, hay un recuerdo que no me deja.
Y yo no quiero que lo haga, todo hay que decirlo.
Él.
Siempre él.
Todo él.
No es sólo que recuerde su voz, sino que lo recuerdo todo, TODO, como si lo estuviese sintiendo en ese preciso instante.
Su voz siempre con ese puntito de diversión, su media sonrisa entre traviesa y soñadora, su mirada verde perdida, como si estuviera en otro lugar al que me gustaría ir con él. Y su forma de tocarme cuando me cogía por la cintura... Ni siquiera puedo describirlo... Sigo sintiendo escalofríos al recordarlo, porque es como si volviese a sentirlo.
Miento.
Lo siento.
Pero no es él, falta algo.
Él.
Él va más allá de todos mis recuerdos.
Él siempre será...
Él.
No importa lo que haga. No importa lo lejos que esté. No importa nada. Porque siempre será importante para mí. Siempre lo reviviré en mis recuerdos de una forma especialmente vívida, porque para mí siempre será la persona más importante, aunque no esté ahí para mí... Nunca va a haber nadie como él para mí. Y supongo que lo supe incluso antes de conocerlo, aunque fuera de una forma extraña y en ese momento no fuese consciente...
Es duro. Es jodidamente duro no tenerlo cuando es todo lo que deseas, todo lo que buscas, todo lo que...
Él es todo.
Y lo echo de menos de una forma dolorosa.
Y sin embargo, siempre está ahí.
Es... Tan jodidamente frustrante...
Y sí.
Ya lo sabían.
Estoy un poco loca, pero quédense con el mensaje de post: ¿recuerdan o no recuerdan la voz de esa persona que dicen ser importante para ustedes?
Dormir o perder el juicio, he ahí la cuestión (Shakespeare... ¿no?)
Es curioso cómo altera nuestro ánimo el simple hecho de dormir.
Y no me refiero simplemente a descansar, que ya tiene lo suyo (no sé si han probado a pasar una noche en blanco y largarse a trabajar; simplemente les diré que no se lo aconsejo), sino al hecho de soñar.
Los sueños...
Unos dicen que son las proyecciones de nuestros deseos y anhelos, y de nuestros miedos y temores. Otros dicen que el cerebro reúne las piezas sueltas de todos los recuerdos del día, aquellas cosas que nuestra mente consciente ha pasado por alto, y nos las muestra, las expulsa de algún modo.
Yo, personalmente, opino que es una mezcla de las dos cosas.
Porque, ¿qué motivo iba yo a tener para haber soñado precisamente con eso esta misma noche? Ninguno. Algo debí pensar, algo debí ver o escuchar que relacioné con ese tema y mi cerebro me ha recordado lo que más deseo en forma de sueño. Y, si he de ser perfectamente sincera, sé que es así, sólo que no soy capaz de recordar qué desencadenó mis sueños...
Y lo he intentado intensamente a lo largo del día, porque me gustaría recordarlo, me gustaría revivir ciertas cosas y encontrar de verdad esa ilusión que he experimentado en forma de sueño...
Pero, a lo que iba.
Ese mismo sueño, algo que no esperaba ni por asomo y recuerdo intensa y vívidamente, me ha hecho despertar con un humor... Peculiar, por llamarlo de algún modo.
Para empezar, una patada en el culo necesaria desde hace muchísimo tiempo que me ha hecho reaccionar de modos que no había reaccionado en... Años. Llamémosle despertar.
Para seguir, inquietud. Un no poder parar quieta. Porque, aunque no ha sido una pesadilla, ni mucho menos (tampoco sería la primera vez, he soñado desde que me apuñalaban en el pecho, me ahogaban en una piscina, hasta que me fusilaban delante de casa de mi abuela... Sí, lo sé, material morboso para los Freudianos y loqueros varios... Aunque cierta amiga psicóloga me dijo que hasta que no soñase con que sodomizaba a mi padre, no debía preocuparme. No sé por qué...), me ha perturbado a niveles fundamentales. En realidad estaba contenta y feliz porque el sueño había sido explícito, vivo, más de lo que llevo estando yo desde hace tiempo, podía sentir dentro del sueño. Pero también era una sensación agridulce que me ha hecho gruñir, literalmente, porque era sólo eso: un jodido y puñetero sueño.
Estaba de un humor tan extraño, cabreada y a la vez anestesiada por las sensaciones de felicidad, que me he ido de compras.
¡Yo! ¡De compras!
Sí, vale, no suelo ir de compras si no estoy realmente cabreada (es simple lógica: odio tanto ir de compras, sobre todo acompañada y más si es mi madre o peor aún, mi hermana, que, cuando estoy que muerdo, el esperar en los vestidores, el machacarme los pies deambulando por ahí, el SUPERLATIVO cabreo que viene cuando lo que te gusta no te queda bien o lo que te queda bien no te gusta nada... No pueden cabrearte más y sencillamente suspiras y continuas), pero lo más extraño es que me apetecía.
Y aún más raro ha sido volver con un par de botas roqueras que me han enamorado y que, oh, Dios, esto sí que es un milagro, le han encantado a mi madre, unos jeggins (sí, ahora hay que saber idiomas para comprar ropa... Simplemente unas mallas que simulan ser vaqueros) y, al loro, maquillaje.
¡Maquillaje!
Definitivamente, me he vuelto loca. Más aún si consideramos el hecho de que pienso volver a salir de compras mañana.
¿Y todo esto lo ha hecho un sueño?
Nah, en realidad estoy perdiendo la chaveta, eso lo sabemos todos.
PD.- Al final ayer bajé a por tabaco. Y de paso chocolate para combatir la depresión de las horas sin luz solar... Qué coño, por vicio, igual que el tabaco.
Y no me refiero simplemente a descansar, que ya tiene lo suyo (no sé si han probado a pasar una noche en blanco y largarse a trabajar; simplemente les diré que no se lo aconsejo), sino al hecho de soñar.
Los sueños...
Yo, personalmente, opino que es una mezcla de las dos cosas.
Porque, ¿qué motivo iba yo a tener para haber soñado precisamente con eso esta misma noche? Ninguno. Algo debí pensar, algo debí ver o escuchar que relacioné con ese tema y mi cerebro me ha recordado lo que más deseo en forma de sueño. Y, si he de ser perfectamente sincera, sé que es así, sólo que no soy capaz de recordar qué desencadenó mis sueños...
Y lo he intentado intensamente a lo largo del día, porque me gustaría recordarlo, me gustaría revivir ciertas cosas y encontrar de verdad esa ilusión que he experimentado en forma de sueño...
Pero, a lo que iba.
Ese mismo sueño, algo que no esperaba ni por asomo y recuerdo intensa y vívidamente, me ha hecho despertar con un humor... Peculiar, por llamarlo de algún modo.
Para empezar, una patada en el culo necesaria desde hace muchísimo tiempo que me ha hecho reaccionar de modos que no había reaccionado en... Años. Llamémosle despertar.
Para seguir, inquietud. Un no poder parar quieta. Porque, aunque no ha sido una pesadilla, ni mucho menos (tampoco sería la primera vez, he soñado desde que me apuñalaban en el pecho, me ahogaban en una piscina, hasta que me fusilaban delante de casa de mi abuela... Sí, lo sé, material morboso para los Freudianos y loqueros varios... Aunque cierta amiga psicóloga me dijo que hasta que no soñase con que sodomizaba a mi padre, no debía preocuparme. No sé por qué...), me ha perturbado a niveles fundamentales. En realidad estaba contenta y feliz porque el sueño había sido explícito, vivo, más de lo que llevo estando yo desde hace tiempo, podía sentir dentro del sueño. Pero también era una sensación agridulce que me ha hecho gruñir, literalmente, porque era sólo eso: un jodido y puñetero sueño.
Estaba de un humor tan extraño, cabreada y a la vez anestesiada por las sensaciones de felicidad, que me he ido de compras.
¡Yo! ¡De compras!
Sí, vale, no suelo ir de compras si no estoy realmente cabreada (es simple lógica: odio tanto ir de compras, sobre todo acompañada y más si es mi madre o peor aún, mi hermana, que, cuando estoy que muerdo, el esperar en los vestidores, el machacarme los pies deambulando por ahí, el SUPERLATIVO cabreo que viene cuando lo que te gusta no te queda bien o lo que te queda bien no te gusta nada... No pueden cabrearte más y sencillamente suspiras y continuas), pero lo más extraño es que me apetecía.
Y aún más raro ha sido volver con un par de botas roqueras que me han enamorado y que, oh, Dios, esto sí que es un milagro, le han encantado a mi madre, unos jeggins (sí, ahora hay que saber idiomas para comprar ropa... Simplemente unas mallas que simulan ser vaqueros) y, al loro, maquillaje.
¡Maquillaje!
Definitivamente, me he vuelto loca. Más aún si consideramos el hecho de que pienso volver a salir de compras mañana.
¿Y todo esto lo ha hecho un sueño?
Nah, en realidad estoy perdiendo la chaveta, eso lo sabemos todos.
PD.- Al final ayer bajé a por tabaco. Y de paso chocolate para combatir la depresión de las horas sin luz solar... Qué coño, por vicio, igual que el tabaco.
Pereza, sol y nieblas. Mala combinación.
La luz del sol.
Nunca me había percatado de la importancia en mi vida de la luz del astro rey hasta que mi vida se transformó lenta e inexorablemente en la de un monje cartujo.
Hasta mis pautas de comportamiento y ánimo se corresponden a las horas de luz que tengo alrededor.
Es curioso, porque antes no me importaba en absoluto y no entendía por qué a mis compañeras de trabajo les parecía tan desesperante salir a las siete de la tarde de trabajar siendo de noche cuando se acercaba el invierno. Ni siquiera cuando estuve en Dublín lo noté, que amanecía a las cuatro de la mañana y el sol, si es que las nubes lo habían dejado salir, desaparecía pocas horas después de mediodía en mayo. ¡Mayo! ¿Cómo sería en invierno?
Ni siquiera en Ámsterdam, que la lluvia nos acompañó todas las vacaciones, lo noté.
Y sin embrago, ahora puedo entender a todos esos guiris que llegan aquí y se plantan embadurnados de crema solar durante horas en la playa a ver si pillan un buen melanoma... No es que yo vaya a hacerlo, no es que mi melanina sea muy amiga de los rayos UVA, pero sí puedo entender su fascinación al ver que tenemos una ingente cantidad de luz a lo largo del día.
El sol.
¿Quién me lo iba a decir? Yo, que soy más bien de lunas. Lunática, mejor dicho.
Tal vez simplemente me hago mayor.
Aunque aún no noto la artrititis, no se preocupen.
Sin embargo, ahora que estaba haciendo un descanso en mi monótona existencia, contemplando mi paquete de tabaco a punto de perecer, al pensar en bajar al estanco y comprar más, la sola idea me ha hecho gemir de frustración.
Bajar a la calle. De noche. Horror. No me apetece en lo más mínimo.
No por la oscuridad, apenas hay tres minutos escasos de caminata en una calle perfectamente iluminada, sino pereza, simplemente es que mi mente asocia oscuridad a hora tardía. Y son sólo las siete de la tarde.
Realmente me da exactamente igual bajar ahora que mañana por la mañana. O, si lo pienso bien detenidamente, sería muchísimo mejor ahora que por la mañana, porque amanecer con una niebla digna de Silent Hill hasta casi las dos del mediodía está empezando a convertirse en el pan nuestro de cada día aquí en Zaragoza.
Niebla horrenda y espesa como el cemento armado, de ésa que no te deja ver ni tus propios dedos cuando extiendes la mano al frente.
Y sin embargo, no me molesta lo más mínimo porque a pesar de todo hay claridad. Es de día.
¿Incoherencia? ¿Tal vez me estoy volviendo loca?
No, más bien necesito tabaco. Debe ser el síndrome de abstinencia y que sólo estoy escribiendo para encontrar una excusa para no bajar.
O que empiezo a notar la astenia primaveral antes de que llegue la primavera y todo.
El caso es no bajar a por tabaco aún a sabiendas de que no voy a aguantar el mono.
Vale, sí.
Me estoy volviendo un poquito más loca con la edad.
Nunca me había percatado de la importancia en mi vida de la luz del astro rey hasta que mi vida se transformó lenta e inexorablemente en la de un monje cartujo.
Hasta mis pautas de comportamiento y ánimo se corresponden a las horas de luz que tengo alrededor.
Es curioso, porque antes no me importaba en absoluto y no entendía por qué a mis compañeras de trabajo les parecía tan desesperante salir a las siete de la tarde de trabajar siendo de noche cuando se acercaba el invierno. Ni siquiera cuando estuve en Dublín lo noté, que amanecía a las cuatro de la mañana y el sol, si es que las nubes lo habían dejado salir, desaparecía pocas horas después de mediodía en mayo. ¡Mayo! ¿Cómo sería en invierno?
Ni siquiera en Ámsterdam, que la lluvia nos acompañó todas las vacaciones, lo noté.
Y sin embrago, ahora puedo entender a todos esos guiris que llegan aquí y se plantan embadurnados de crema solar durante horas en la playa a ver si pillan un buen melanoma... No es que yo vaya a hacerlo, no es que mi melanina sea muy amiga de los rayos UVA, pero sí puedo entender su fascinación al ver que tenemos una ingente cantidad de luz a lo largo del día.
El sol.
¿Quién me lo iba a decir? Yo, que soy más bien de lunas. Lunática, mejor dicho.
Tal vez simplemente me hago mayor.
Aunque aún no noto la artrititis, no se preocupen.
Sin embargo, ahora que estaba haciendo un descanso en mi monótona existencia, contemplando mi paquete de tabaco a punto de perecer, al pensar en bajar al estanco y comprar más, la sola idea me ha hecho gemir de frustración.
Bajar a la calle. De noche. Horror. No me apetece en lo más mínimo.
No por la oscuridad, apenas hay tres minutos escasos de caminata en una calle perfectamente iluminada, sino pereza, simplemente es que mi mente asocia oscuridad a hora tardía. Y son sólo las siete de la tarde.
Niebla horrenda y espesa como el cemento armado, de ésa que no te deja ver ni tus propios dedos cuando extiendes la mano al frente.
Y sin embargo, no me molesta lo más mínimo porque a pesar de todo hay claridad. Es de día.
¿Incoherencia? ¿Tal vez me estoy volviendo loca?
No, más bien necesito tabaco. Debe ser el síndrome de abstinencia y que sólo estoy escribiendo para encontrar una excusa para no bajar.
O que empiezo a notar la astenia primaveral antes de que llegue la primavera y todo.
El caso es no bajar a por tabaco aún a sabiendas de que no voy a aguantar el mono.
Vale, sí.
Me estoy volviendo un poquito más loca con la edad.
De la velocidad a la confianza
Bueno, podríamos decir que me he tomado unas vacaciones de medio año con el blog.
Me avergüenza decir que ni siquiera había visto el post de felicitación del Playmobil (cabrón de plástico... jejeje, cómo le quiero) hasta hace poco más de un mes.
¿Vacaciones anticipadas? Tal vez. Sencillamente mi vida online sufrió un declive espectacular. ¿Por qué? No lo sé muy bien. Tal vez aburrimiento, tal vez entré en uno de mis muy conocidos periodos de 'no existo para el resto del universo'. Pero déjenme decirles que ha sido una etapa para mí muy... Productiva. No por haber estado desconectada del mundo 1.0 (¿O es 2.0? Me da igual), más bien no ha tenido nada que ver. Simplemente ha sucedido así.
Ya pueden decir que soy un peligro con L por las calles de Zaragoza. Aunque, si me permiten decirles algo, mi profesor de la autoescuela se sentiría altamente indignado, porque, a decir verdad, yo era su apuesta segura... Vamos, que soy aplicada.
Yo diría que sencillamente me gusta conducir.
Sí, tuve un accidente a los 12 años que, por qué no decirlo, me marcó, pero no como todo Dios a mi alrededor se obsesiona por pensar, es decir, el pánico al coche, sino de un modo mucho más sano: precaución. O como dice mi tío andaluz, "prudencia", la primera de las virtudes cardinales (no saben ustedes la de cosas sin sustancia con las que puede salirles un andaluz en un momento insulso... Cosas sin sustancia que suelen animar el cotarro).
No voy a ser modesta, pero para ser una mujer de 34 años que se saca el carnet de conducir, conduzco de puta madre. Y eso no lo digo yo, lo dice mi profesor y lo dijo mi examinadora... Aunque más elegantemente (algo así como "has dejado el pabellón femenino muy alto").
¿Orgullosa? Por supuesto.
¿Por qué no me saqué el carnet de conducir antes si no fue por miedo? Sencillo: no iba a tener un jodido coche ni tampoco lo necesitaba, ¿para qué sacarme el puñetero carnet? Es decir, deducción lógica y práctica.
En fin, que estos días fuera de Zaragoza, esperando mi examen práctico y pensando en las clases de conducir (y sí, me lo saqué a la segunda, la primera vez que me presenté, por evitar un puto accidente me fui a meter por donde no debía), me di cuenta de una cosa: voy a echar de menos esas clases. Esa compañía.
Ahora es un hecho.
Igual que ya tengo un permiso que asegura que no soy un peligro al volante (de lo cual, yo no estaría tan segura) y ya no es una mera posibilidad.
El caso es que me he dado cuenta de que soy una conductora... Parlanchina. Me centro mejor en la carretera cuando tengo un copiloto que me da conversación. ¿Extraño? No lo sé. Sólo sé que me ayuda a templar los nervios hablar.
Y me di cuenta de que... Mi profesor me escuchaba a pesar de estar 100% atento a mi forma de conducir.
Y estas vacaciones, me di cuenta de algo también cuando quedé con mis amigas. A pesar de no interesarme el tema de conversación (lo siento, pero en estos momentos, puedo tener un interés general en los tratamientos de fertilidad, pero no demasiado específico), atiendo.
¿Me hace eso una persona extraña? Eso parece. Porque la mayoría de la gente, no escucha cuando no le interesa.
Ni siquiera las que dicen ser tus amigas.
O amigos.
Cuando a alguien no le interesa de lo que hablas, sencillamente desconecta y no atiende, aunque sea amigo tuyo.
¿Tus amigos lo hacen? De puta madre, atesóralos. Yo, hoy por hoy, sólo puedo decir que tenga... Dos y medio.
Uno de ellos es la persona con la que comparto este blog.
Y no, él no es ese medio. Aunque no sea muy alto.
Pensando en ello, me he dado cuanta de cuánta gente no se interesa por lo que tengas que decir, incluso si son amigos tuyos, incluso si es en su beneficio. Unos te dicen "sí, sí" y te dejan contento, y otros sencillamente te ignoran.Otros sencillamente te hacen saber que tu opinión es una mierda porque no sabes de lo que están hablando. Aunque tal vez deberían prestarte unos segundos de atención y darse cuenta de que SÍ sabes de lo que hablas.
De cualquier forma, esas personas, todas ellas, parecen no entender que el interés y la atención son una calle de doble sentido (sí, me estoy decantando por los símiles automovilísticos, no sé por qué) y que prestarles atención y escucharles A ELLOS, es una obligación. Se sienten insultados cuando cambias de marcha, dejas de interesarte por lo que puedan decir y les adelantas sin inmutarte aunque te toquen el claxon.
¿Que me pitan? ¿Quieren llamar mi atención? Pues muy bien. Ya no lo hacen, tal vez si fura la poli...
El interés es como la amistad y la confianza: hay que nutrirlos. De hecho, yo personalmente creo que van unidos.
Una pena, oigan, que me importe más bien nada contar mis amistades con los dedos de las manos o tenerlos a millones. Sé que mis amigos de verdad, aunque pocos, me escuchan y comparten mis penas y mis alegrías. Como por ejemplo, que ahora seré capaz de ir a buscar yo solita a Raquel al culo del mundo en Tarragona con un coche sin dirección asistida.
O más bien con un puto GPS.
Esperemos que los HERmossos d'esquadra no den muchas vueltas por allí.
Odiaría que me vieran conducir con un móvil al oído.
PD.- Gracias por la felicitación, Play. Yo también le odio ;)
PDD.- En cuanto a amistades... Bueno, a todos nos han clavado un puñal en la espalda, ¿no? Solo que es un tanto perturbador que siga habiendo hijos de puta capaces de clavarme un puñal por la espalda a mis 34 años... Supongo que eso no dejará de pasar nunca. Y sí, el genero da igual: hijos o hijas de puta. Los hay a patadas.
Pero en fin, ¿qué puedo decir?
No soy Colombo.
Ni Sherlock Holmes.
Me avergüenza decir que ni siquiera había visto el post de felicitación del Playmobil (cabrón de plástico... jejeje, cómo le quiero) hasta hace poco más de un mes.
¿Vacaciones anticipadas? Tal vez. Sencillamente mi vida online sufrió un declive espectacular. ¿Por qué? No lo sé muy bien. Tal vez aburrimiento, tal vez entré en uno de mis muy conocidos periodos de 'no existo para el resto del universo'. Pero déjenme decirles que ha sido una etapa para mí muy... Productiva. No por haber estado desconectada del mundo 1.0 (¿O es 2.0? Me da igual), más bien no ha tenido nada que ver. Simplemente ha sucedido así.
Ya pueden decir que soy un peligro con L por las calles de Zaragoza. Aunque, si me permiten decirles algo, mi profesor de la autoescuela se sentiría altamente indignado, porque, a decir verdad, yo era su apuesta segura... Vamos, que soy aplicada.
Yo diría que sencillamente me gusta conducir.
Sí, tuve un accidente a los 12 años que, por qué no decirlo, me marcó, pero no como todo Dios a mi alrededor se obsesiona por pensar, es decir, el pánico al coche, sino de un modo mucho más sano: precaución. O como dice mi tío andaluz, "prudencia", la primera de las virtudes cardinales (no saben ustedes la de cosas sin sustancia con las que puede salirles un andaluz en un momento insulso... Cosas sin sustancia que suelen animar el cotarro).
| Bueno, cuando termine de destrozar mi coche de segunda mano, éste es el coche que quiero. Les doy tiempo para que vayan ahorrando. Gracias :)))) |
¿Orgullosa? Por supuesto.
¿Por qué no me saqué el carnet de conducir antes si no fue por miedo? Sencillo: no iba a tener un jodido coche ni tampoco lo necesitaba, ¿para qué sacarme el puñetero carnet? Es decir, deducción lógica y práctica.
En fin, que estos días fuera de Zaragoza, esperando mi examen práctico y pensando en las clases de conducir (y sí, me lo saqué a la segunda, la primera vez que me presenté, por evitar un puto accidente me fui a meter por donde no debía), me di cuenta de una cosa: voy a echar de menos esas clases. Esa compañía.
Ahora es un hecho.
Igual que ya tengo un permiso que asegura que no soy un peligro al volante (de lo cual, yo no estaría tan segura) y ya no es una mera posibilidad.
El caso es que me he dado cuenta de que soy una conductora... Parlanchina. Me centro mejor en la carretera cuando tengo un copiloto que me da conversación. ¿Extraño? No lo sé. Sólo sé que me ayuda a templar los nervios hablar.
Y me di cuenta de que... Mi profesor me escuchaba a pesar de estar 100% atento a mi forma de conducir.
Y estas vacaciones, me di cuenta de algo también cuando quedé con mis amigas. A pesar de no interesarme el tema de conversación (lo siento, pero en estos momentos, puedo tener un interés general en los tratamientos de fertilidad, pero no demasiado específico), atiendo.
¿Me hace eso una persona extraña? Eso parece. Porque la mayoría de la gente, no escucha cuando no le interesa.
Ni siquiera las que dicen ser tus amigas.
O amigos.
Cuando a alguien no le interesa de lo que hablas, sencillamente desconecta y no atiende, aunque sea amigo tuyo.
¿Tus amigos lo hacen? De puta madre, atesóralos. Yo, hoy por hoy, sólo puedo decir que tenga... Dos y medio.
Uno de ellos es la persona con la que comparto este blog.
Y no, él no es ese medio. Aunque no sea muy alto.
Pensando en ello, me he dado cuanta de cuánta gente no se interesa por lo que tengas que decir, incluso si son amigos tuyos, incluso si es en su beneficio. Unos te dicen "sí, sí" y te dejan contento, y otros sencillamente te ignoran.Otros sencillamente te hacen saber que tu opinión es una mierda porque no sabes de lo que están hablando. Aunque tal vez deberían prestarte unos segundos de atención y darse cuenta de que SÍ sabes de lo que hablas.
De cualquier forma, esas personas, todas ellas, parecen no entender que el interés y la atención son una calle de doble sentido (sí, me estoy decantando por los símiles automovilísticos, no sé por qué) y que prestarles atención y escucharles A ELLOS, es una obligación. Se sienten insultados cuando cambias de marcha, dejas de interesarte por lo que puedan decir y les adelantas sin inmutarte aunque te toquen el claxon.
¿Que me pitan? ¿Quieren llamar mi atención? Pues muy bien. Ya no lo hacen, tal vez si fura la poli...
El interés es como la amistad y la confianza: hay que nutrirlos. De hecho, yo personalmente creo que van unidos.
Una pena, oigan, que me importe más bien nada contar mis amistades con los dedos de las manos o tenerlos a millones. Sé que mis amigos de verdad, aunque pocos, me escuchan y comparten mis penas y mis alegrías. Como por ejemplo, que ahora seré capaz de ir a buscar yo solita a Raquel al culo del mundo en Tarragona con un coche sin dirección asistida.
O más bien con un puto GPS.
Esperemos que los HERmossos d'esquadra no den muchas vueltas por allí.
Odiaría que me vieran conducir con un móvil al oído.
PD.- Gracias por la felicitación, Play. Yo también le odio ;)
PDD.- En cuanto a amistades... Bueno, a todos nos han clavado un puñal en la espalda, ¿no? Solo que es un tanto perturbador que siga habiendo hijos de puta capaces de clavarme un puñal por la espalda a mis 34 años... Supongo que eso no dejará de pasar nunca. Y sí, el genero da igual: hijos o hijas de puta. Los hay a patadas.
Pero en fin, ¿qué puedo decir?
No soy Colombo.
Ni Sherlock Holmes.
Riot
Dicen que de todo se aprende.
Bueno, tal vez para eso haya que tener neuronas funcionales, hay gente que no aprende. O tal vez viva en una comunidad autónoma donde lo suyo es darse de cabezazos contra un muro, por eso de que somos 'cabezoncicos'. Pero no nos engañemos, ciegos que no quieren ver hay en todas partes.
Personalmente, no puedo negar que yo sea una una de ellas. No me caracterizo por ser la persona más racional del mundo, sino más bien por todo lo contrario.
Soy visceral y muy emocional.
De hecho, no hace mucho me acusaron de temperamento 'ignífugo'.
Bien, tampoco puedo negarlo. Tan solo matizarlo.
Pero hay una cosa que se llama instinto.
Cuando te das demasiadas veces contra un muro, terminas por buscar un sitio por donde rodear ese muro. O al menos un lugar por donde el muro sea más fino, por eso de que los cabezazos duelan menos.
Empiezo a pensar que ese instinto a veces se ve cegado por la puñetera y jodida esperanza.
Es decir, si ves una grieta, esperas que al jodido y puñetero muro no le quede demasiado por romperse. Y esa esperanza te lleva a seguir y seguir dándote de cabezazos. El tema es: ¿qué se romperá antes? ¿El muro o tú?
El muro no piensa, así que cuando te duele ya demasiado, esperanza incluida, empiezas a cuestionarte por qué te dabas de cabezazos desde el principio. ¿Merece la pena lo que estoy haciendo?
En fin, hay cosas de las que no puedes escapar. Quieras o no, sólo hay una salida. El puto y jodido muro. Cuando ya te sangra la sien de tanto arremeter, tienes la gran pregunta: ¿lo dejas o sigues hasta el final? Sabes cómo vas a acabar, así que, ¿te sientas, observas con cara desafiante el muro, buscas el punto débil y sigues, o sencillamente le enseñas el dedo corazón y te rindes?
No sé ustedes, pero yo no soy de las que se rinden.
Y como eso de 'riot' (amotinarse/revuelta) va más conmigo y mi temperamento 'ignífugo', les dejo este vídeo de los Bullet for my Valentine:
A mí tampoco me gusta el corta de pelo que se ha marcado el amigo, pero su música no tiene nada que ver con su cara, y eso SÍ que me gusta.
Ya saben, amotínense. Enseñar el dedo corazón es bueno a veces para el orgullo. Y, personalmente, el jodido muro puede hacerlo flaquear, tal vez alguna grieta, pero no romperlo. La esperanza no es lo último que se pierde, va de la mano con el orgullo, así que ese dicho no dice toda la verdad.
Bueno, tal vez para eso haya que tener neuronas funcionales, hay gente que no aprende. O tal vez viva en una comunidad autónoma donde lo suyo es darse de cabezazos contra un muro, por eso de que somos 'cabezoncicos'. Pero no nos engañemos, ciegos que no quieren ver hay en todas partes.
Personalmente, no puedo negar que yo sea una una de ellas. No me caracterizo por ser la persona más racional del mundo, sino más bien por todo lo contrario.
Soy visceral y muy emocional.
De hecho, no hace mucho me acusaron de temperamento 'ignífugo'.
Bien, tampoco puedo negarlo. Tan solo matizarlo.
Pero hay una cosa que se llama instinto.
Cuando te das demasiadas veces contra un muro, terminas por buscar un sitio por donde rodear ese muro. O al menos un lugar por donde el muro sea más fino, por eso de que los cabezazos duelan menos.
Empiezo a pensar que ese instinto a veces se ve cegado por la puñetera y jodida esperanza.
Es decir, si ves una grieta, esperas que al jodido y puñetero muro no le quede demasiado por romperse. Y esa esperanza te lleva a seguir y seguir dándote de cabezazos. El tema es: ¿qué se romperá antes? ¿El muro o tú?
El muro no piensa, así que cuando te duele ya demasiado, esperanza incluida, empiezas a cuestionarte por qué te dabas de cabezazos desde el principio. ¿Merece la pena lo que estoy haciendo?
En fin, hay cosas de las que no puedes escapar. Quieras o no, sólo hay una salida. El puto y jodido muro. Cuando ya te sangra la sien de tanto arremeter, tienes la gran pregunta: ¿lo dejas o sigues hasta el final? Sabes cómo vas a acabar, así que, ¿te sientas, observas con cara desafiante el muro, buscas el punto débil y sigues, o sencillamente le enseñas el dedo corazón y te rindes?
No sé ustedes, pero yo no soy de las que se rinden.
Y como eso de 'riot' (amotinarse/revuelta) va más conmigo y mi temperamento 'ignífugo', les dejo este vídeo de los Bullet for my Valentine:
A mí tampoco me gusta el corta de pelo que se ha marcado el amigo, pero su música no tiene nada que ver con su cara, y eso SÍ que me gusta.
Ya saben, amotínense. Enseñar el dedo corazón es bueno a veces para el orgullo. Y, personalmente, el jodido muro puede hacerlo flaquear, tal vez alguna grieta, pero no romperlo. La esperanza no es lo último que se pierde, va de la mano con el orgullo, así que ese dicho no dice toda la verdad.
¿Astenia primaveral? ¡JA!
Llevo un día de mierda. De ésos en los que piensas que alguna gitana de la plaza del Pilar te ha echado un mal de ojo por no cogerle el ramillete de romero a cambio de unos cuantos leuros.
Se me ha caído una bebida rosa sobre el mantel, mancha asegurada.
He quemado la comida. Humo, olor a chamuscado, vuelta a cocinar, limpiar, rascar y comer a las mil y una.
Se me ha caído un vaso lleno de coca cola en la cocina. Cristales y pegotes marrones por baldosas y muebles.
He aguantado una perorata durante hora y media en la que no he podido decir ni esta boca es mía.
He estornudado sobre el cenicero. Navidades con retraso.
Y aún no se ha terminado el día.
Pero aquí estoy, con la música a toda leche y dando botes en el salón y haciendo el indio por el pasillo a lo Risky Business como si fuera el día el día más feliz de mi vida. ¿Por qué? Ni puñetera idea, pero estoy muy contenta.
Quizás no haya encontrado el vestido que necesito, vale. Pero porque lo que veo no me gusta, no porque no me quede bien, porque en realidad estoy muy buena.
Quizás no haya salido aún la convocatoria de las plazas. Pero yo sigo dándole. I rock.
Quizás no tenga trabajo. Pero es que tengo un CV que asusta.
Sí, tengo la moral alta. Y aquí les dejo una de las canciones que me están haciendo sacar la guitarra imaginaria por el pasillo.
Háganme un favor y sean felices. Me río yo de la astenia primaveral.
Se me ha caído una bebida rosa sobre el mantel, mancha asegurada.
He quemado la comida. Humo, olor a chamuscado, vuelta a cocinar, limpiar, rascar y comer a las mil y una.
Se me ha caído un vaso lleno de coca cola en la cocina. Cristales y pegotes marrones por baldosas y muebles.
He aguantado una perorata durante hora y media en la que no he podido decir ni esta boca es mía.
He estornudado sobre el cenicero. Navidades con retraso.
Y aún no se ha terminado el día.
Pero aquí estoy, con la música a toda leche y dando botes en el salón y haciendo el indio por el pasillo a lo Risky Business como si fuera el día el día más feliz de mi vida. ¿Por qué? Ni puñetera idea, pero estoy muy contenta.
Quizás no haya encontrado el vestido que necesito, vale. Pero porque lo que veo no me gusta, no porque no me quede bien, porque en realidad estoy muy buena.
Quizás no haya salido aún la convocatoria de las plazas. Pero yo sigo dándole. I rock.
Quizás no tenga trabajo. Pero es que tengo un CV que asusta.
Sí, tengo la moral alta. Y aquí les dejo una de las canciones que me están haciendo sacar la guitarra imaginaria por el pasillo.
Háganme un favor y sean felices. Me río yo de la astenia primaveral.
San Valentín Reloaded
Hoy es San Valentín y hay que escribir. A pesar de que me canso de decir todos los años lo mismo.
Siempre me ha parecido una fecha consumista, ¿qué le voy a hacer? Ni siquiera antes de salir con mi primer novio suspiraba por que un chico me regalase una maldita rosa este día. ¿Para qué? ¿No es lo importante que se acuerden de ti el resto del año? Por la misma regla de tres, debería haber un día de las cañas con los amigos, por ejemplo. Aunque mejor no doy ideas a las empresas cerveceras para promocionar sus productos, que en mi caso el consumo está asegurado.
¿Qué quieren que les diga? Tengo las cosas muy claras. Cuando te han regalado por Reyes una infidelidad envuelta en papel brillante y colorido, con lazo y todo, y sonrisa profident, si ya no esperabas mucho de un día como hoy, lo que valoras es un amor real, de los de todos los días, y eso no se compra con una flor un día determinado, ni con brillantes o diamantes. Yo prefiero un "¡que te calles, coño!" y un "te voy a quitar esa tontería, pero ya" (o algo así), poder escuchar su risa y sonreír como una idiota al hacerlo, sea el día que sea, sentir la necesidad y el alivio de tenerle cerca de algún modo.
Llámenme insensible o poco romántica, pero lo que menos espero de un día como hoy es un regalo. Sí, sé lo que está usted pensando: ¿entonces para qué coño me dijo que qué le regalaría hoy? Ya se lo dije: era broma.
En realidad, mi supuesto regalo de San Valentín ya lo he recibido. Ayer y antes de ayer.
No puedo pedir más. No duermo bien, voy con una sonrisa estúpida a todas partes y me da un poco igual todo. Por su culpa. ¿Qué más puedo pedir? Si eso no es amor, yo no lo quiero Me quedo con lo que tengo.
Siempre me ha parecido una fecha consumista, ¿qué le voy a hacer? Ni siquiera antes de salir con mi primer novio suspiraba por que un chico me regalase una maldita rosa este día. ¿Para qué? ¿No es lo importante que se acuerden de ti el resto del año? Por la misma regla de tres, debería haber un día de las cañas con los amigos, por ejemplo. Aunque mejor no doy ideas a las empresas cerveceras para promocionar sus productos, que en mi caso el consumo está asegurado.
Llámenme insensible o poco romántica, pero lo que menos espero de un día como hoy es un regalo. Sí, sé lo que está usted pensando: ¿entonces para qué coño me dijo que qué le regalaría hoy? Ya se lo dije: era broma.
En realidad, mi supuesto regalo de San Valentín ya lo he recibido. Ayer y antes de ayer.
No puedo pedir más. No duermo bien, voy con una sonrisa estúpida a todas partes y me da un poco igual todo. Por su culpa. ¿Qué más puedo pedir? Si eso no es amor, yo no lo quiero Me quedo con lo que tengo.
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